La Natividad: Historia y Leyenda (1)

Esta serie está dedicada a la reconstrucción del Jesús Histórico y el cristianismo primitivo utilizando el método histórico-crítico moderno. Habiendo dado un breve resumen sobre ese método y habiéndolo usado para establecer la práctica certeza de que Jesús haya existido como un personaje histórico, paso ahora a resolver interrogantes concretas sobre su vida desde un punto de vista histórico, empezando por su nacimiento.

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La clásica escena de la Natividad es un amalgama de los relatos de Mateo y Lucas

El nacimiento de Jesús es uno de los episodios más icónicos y memorables de la tradición cristiana, episodio que anualmente es representado en los pesebres de millones a través del planeta. Ahora bien, ¿qué podemos saber del nacimiento de Jesús desde una óptica puramente histórica? ¿Son históricamente verídicas las tradiciones evangelistas de su llegada al mundo o son piadosas ficciones elaboradas por la Iglesia Primitiva?

Para resolver estos interrogantes, dividiré la tarea en tres entradas distintas. Esta, la primera, está dedicada a identificar los problemas históricos relativos a la Natividad de Jesús. La segunda entrada, por otro lado, estará dedicada analizar como algunos de los elementos históricamente problemáticos de estas narrativas tienen un génesis probable en reflexiones teológicas y expectativas mesiánicas comunes en el Siglo I.  Finalmente, en la tercera entrada de esta serie estableceré qué elementos de las narraciones de la Natividad tienen las probabilidades más altas de ser históricas.

El Problema de los Relatos de Nacimientos en la Antigüedad

Antes de adentrarnos en las dificultades históricas concretas respecto a la Natividad de Jesús de Nazaret, vale la pena tomar una perspectiva amplia para discutir el problema de los relatos de nacimientos en la antigüedad en general. Para la mente antigua la llegada al mundo de un gran personaje siempre estaba ligada a grandes portentos sobrenaturales. La distinción entre lo humano y divino, tan cimentada en la conciencia moderna, simplemente no existía para los antiguos. Para ellos, el nacimiento de un emperador, un gran filósofo, o un importante líder religioso obviamente iría acompañado de grandes eventos místicos.

Solo por poner unos ejemplos. Cuenta la leyenda que Rómulo y Remo, los míticos gemelos fundadores de Roma, habían nacido de la unión entre la mortal Rhea Silva y el dios Marte. Una vez nacidos los niños, su madre, quien debía mantener su virginidad bajo pena de muerte, los abandonó en un bosque temiendo por su vida. Los niños, sin embargo, fueron divinamente protegidos por los dioses que enviaron a una loba cuidarlos hasta ser encontrados y adoptados por pastores.

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Por otro lado, el historiador romano Suetonio, nos indica que César Augusto fue concebido por el dios Apolo una noche en la que su madre Atia quedo dormida en el templo dedicado a esa deidad, la cual habría tomado forma de serpiente para impregnarla. Similar historia nos cuenta Plutarco, quien nos indica que el famoso Alejandro Magno no fue realmente hijo de Filipo de Macedonia, sino que este realmente fue concebido por el dios Amón (Zeus) quien habría copulado con su madre Olympias tomando la forma de un dragón. Ambos nacimientos, nos cuentan estos historiadores, fueron precedidos por presagios y otros eventos sobrenaturales. Los ejemplos podrían multiplicarse, pero creo que el punto debe quedar claro: la cultura greco-romana era propensa a fabricar relatos fantásticos para el nacimiento de grandes personajes.

Nada de eso significa, evidentemente, que los relatos del nacimiento e infancia de Jesús sean solo por eso necesariamente ficticios, pero lo que si significa es que deben de ser analizados de modo crítico y cuidadoso si uno está interesado en establecer que ocurrió históricamente. Con eso en mente, procedemos a analizar cuales son las fuentes disponibles que tenemos para reconstruir su nacimiento.

Las Fuentes sobre la Natividad

Identificación de las Fuentes

Si bien es verdad que existen evangelios apócrifos que relatan el nacimiento e infancia de Jesús como el famoso “Proto-Evangelio de Santiago”, estas narraciones lamentablemente no son de utilidad alguna desde el punto de vista histórico para reconstruir el nacimiento de Jesús. Esto es así porque estas narraciones están alejadas de los eventos que relatan por más de un siglo, están claramente inspiradas en los evangelios canónicos y evidentemente están empapadas de material legendario, por lo que a todas luces son piadosas leyendas que nacieron de la imaginación de la Iglesia Primitiva. El Nuevo Testamento, por lo tanto, es nuestra única y exclusiva fuente de información al respecto, proveyendo solo dos relatos que podemos usar: el Evangelio de Mateo y el Evangelio de Lucas.

Ahora bien, como he explicado con anterioridad, a pesar que a partir de finales del Siglo II la comunidad cristiana atribuyo la autoría de los evangelios de Mateo y Lucas a esos personajes respectivamente, los investigadores modernos afirman de modo virtualmente unánime que estas composiciones realmente son obra de autores anónimos escritas alrededor del año 85 d.C. o incluso tan tarde como el año 100 d.C. (si al lector le interesa el porqué de estas conclusiones, pueden leer las entradas hechas sobre la autoría de Mateo y Lucas respectivamente). Por motivos de simplicidad, sin embargo, me seguiré refiriendo a los autores de estos evangelios como “Mateo” y “Lucas”.

Ahora bien, dos datos importantes saltan a la vista en el momento de analizar estos relatos a la luz del resto del Nuevo Testamento. Primero, estos relatos y sus elementos no son ni mencionados ni aludidos en ningún otro lugar del Nuevo Testamento. En efecto, ni Pablo, ni Marcos, ni ningún otro autor mencionan que Jesús haya nacido en Belén, que haya sido visitado por Sabios, que haya nacido en un pesebre o que su madre haya sido virgen. Segundo, como veremos en detalle más adelante, los dos relatos son completamente diferentes y prácticamente irreconciliables. De estos dos impactantes hechos podemos deducir las siguientes conclusiones probables:

  1. Que estamos ante tradiciones que no eran ampliamente diseminadas entre comunidades cristianas. En efecto, estos dos relatos del nacimiento de Jesús parecen haber sido preservados exclusivamente (o casi exclusivamente) por las comunidades de Mateo y Lucas.
  2. Que estamos ante dos tradiciones independientes. Mateo no parece conocer la versión de la Natividad que aparece en Lucas y viceversa.
  3. Que estos relatos fueron colocados por escrito relativamente tarde. En efecto, los evangelios de Mateo y Lucas serían la primera (y única) vez que las estas tradiciones figuran por escrito en el Nuevo Testamento. Consecuentemente, en el momento de datar estas tradiciones, es imposible asegurar que estas hayan existido con anterioridad a la redacción de estos evangelios (aproximadamente 85 d.C – 100 d.C).

Para quienes estén familiarizados con el lenguaje de la Hipótesis de las Cuatro Fuentes lo arriba dicho puede resumirse de modo más técnico diciendo que las narraciones de la Natividad son netamente material “M” y “L”, puesto que no figuran ni en Marcos ni en el hipotético documento “Q”.

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Los relatos de la Natividad son parte del material “M” y “L”

El Nacimiento de Jesús en Mateo y Lucas comparado

El hecho que Mateo y Lucas no conozcan del relato del otro es, en teoría, una excelente noticia. Del mismo modo que tener dos testigos de un hecho nos permite comparar y contrastar sus versiones para establecer lo que probablemente ocurrió, el tener dos fuentes independientes nos permitiría, en principio, contrastarlas y verificar su contenido compartido. El problema, sin embargo, es que en este caso las dos versiones del nacimiento de Jesús no coinciden en prácticamente nada. En efecto, lo más impactante de estas historias no son sus similitudes sino sus diferencias, las cuales se vuelven evidentes en una comparación lado a lado.

El Nacimiento de Jesús, según Mateo

La narración de Mateo empieza en Belén donde nace Jesús (Mateo 2:1). Poco después, Herodes el Grande, el rey de la región de Judea, se entera del nacimiento del Mesías por boca de un grupo de astrólogos o Sabios, los cuales han venido siguiendo su estrella desde que se alzó en el momento de su nacimiento (Mateo 2:3). Herodes, temiendo que el Mesías sea un rival político, busca matarlo y aprende de los escribas y sacerdotes que el Mesías debe nacer en Belén de Judá, lugar donde estaba profetizado su nacimiento (Mateo 2:5). El tirano luego le pregunta a los Sabios sobre el momento que ellos vieron aparecer la estrella para calcular la edad aproximada del niño. El rey despide a los Sabios pidiéndoles que regresen con la ubicación exacta del Mesías.

Los Sabios reemprenden su viaje y siguen a la estrella hasta una casa (no un establo o pesebre) donde encuentran a Jesús y su familia (Mateo 2:11). Sin embargo, advertidos por un sueño, los Sabios no regresan a Herodes. El rey furioso, al no tener la ubicación exacta del niño, decide matar a todos los infantes de Belén y sus alrededores menores a dos años “de acuerdo con el tiempo que había averiguado de los Sabios” (Mateo 2:16). Sin embargo, José, también advertido por un sueño, toma a su familia y escapa a Egipto donde permanece hasta que Herodes fallece (Mateo 2:15). Muerto el tirano, la familia decide regresar a la tierra de Israel, pero José se entera que la región de Judea ahora está gobernada por Arquelao, hijo de Herodes y, una vez más advertido en sueños, decide no regresar a Belén sino reubicar a su familia en la región de Galilea al norte, en un pueblo llamado Nazaret (Mateo 2:22).

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La Huida a Egipto es única a Mateo

La narración de Mateo indica de forma bastante clara que la residencia original de la familia de Jesús era Belén. No solo el niño nace ahí, sino que vive ahí por varios meses, incluso más de un año, hasta la llegada de los Sabios, dato que se deduce por el hecho que Herodes haya decidido matar a los niños de hasta dos años en vez de solo los recién nacidos a raíz de lo dicho por lo ellos. Esto también se deduce claramente del hecho que después de la huida a Egipto la familia de Jesús haya querido originalmente regresar a Belén, pero que hayan alterado sus planes una vez se enteraron de que Arquelao gobernaba Judea.

En resumen, la narrativa de Mateo nos presenta con la siguiente cronología de eventos:

  1. La familia de Jesús reside en Belén,
  2. Nace Jesús y se levanta su estrella,
  3. Jesús y su familia siguen viviendo en Belén por unos meses o incluso más de un año mientras los Sabios viajan,
  4. Llegan los Sabios y Herodes se entera del nacimiento del Mesías,
  5. La familia de Jesús escapa a Egipto, huyendo de Herodes,
  6. La familia reside en Egipto hasta la muerte de Herodes (¿meses? ¿años?),
  7. La familia decide regresar a Israel, pero por miedo a Arquelao se reubican en Nazaret en vez de regresar a Belén.

La cronología presentada por Mateo nos describe, por lo tanto, este viaje:

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Cronología de Mateo

El Nacimiento de Jesús, según Lucas

Lucas en cambio tiene una cronología completamente distinta. Lucas empieza su narración en Nazaret, lugar donde nos dice explícitamente era la residencia de la familia de Jesús y lugar donde María queda encinta (Lucas 1:26). Es entonces que el emperador César Augusto decreta un censo universal que obliga a todos a registrarse en su lugar de origen ancestral. Siendo que José era descendiente del rey David, este debe de inscribirse en Belén. Es durante ese viaje que María da a luz a Jesús y, debido a que “no había lugar para ellos en la posada” (Lucas 2:7), María y José se ven obligados a recostar al niño en un pesebre.

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El Pesebre es único a Lucas

Ocho días después de su nacimiento Jesús es circuncidado (Lucas 2:21). Poco tiempo después es llevado al Templo de Jerusalén, ciudad cercana a Belén y también en la región de Judea.  El momento que Lucas nos indica ocurrió la visita al Templo fue “cuando se cumplió el tiempo en que, según la ley de Moisés, ellos (José y María) debían purificarse” (Lucas 2:22), tiempo que sería de treinta y tres días después de la circuncisión (Levítico 12:4). Concluida la visita, Lucas nos indica que “regresaron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret” (Lucas 2:39), lo que nos indica que para Lucas la estancia de la familia en la región de Judea fue de alrededor de tan solo 40 días.

Así, la narrativa de Lucas nos presenta con la siguiente cronología de eventos:

  1. La familia reside en Nazaret, lugar donde queda encinta María,
  2. La familia viaja a Belén a causa de un censo,
  3. Nace el niño durante el viaje, y lo recuestan en un pesebre al no haber lugar en la posada,
  4. Después de algunas semanas visitan el Templo de Jerusalén,
  5. Regresan a su hogar en Nazaret.

De este modo, la cronología de Lucas nos describe este viaje:

Mapa Lucas
Cronología de Lucas

¿Pueden los relatos reconciliarse?

Las discrepancias entre ambos relatos son profundas. Mateo nunca menciona ningún censo o viaje a Belén porque su narrativa simplemente presupone que la familia de Jesús era originariamente de ahí. Mateo también nos habla una larga estancia en Judea después del nacimiento de Jesús en vez de los aproximadamente 40 días indicados por Lucas y de otros varios meses (¿años?) de exilio en Egipto a la espera de la muerte de Herodes el Grande. Por otro lado, Lucas explícitamente nos indica que la familia de Jesús era oriunda de Nazaret y no Belén. Lucas igualmente nunca menciona ninguna visita de Sabios, ni ninguna estrella, ni la persecución de Herodes, ni la huida a Egipto, sino que simplemente relata una corta estancia en Judea motivada por un censo antes de regresar directamente a Galilea.

Estamos ante dos narraciones completamente diferentes que se mueven en direcciones opuestas. Para Mateo, la familia de Jesús era originalmente de Judea, pero tuvieron que reubicarse en Galilea para escapar de una persecución. Para Lucas, en cambio, la familia de Jesús era de Galilea y su instancia en Judea fue pasajera a causa de un censo.

Ahora bien, esto no detuvo a la tradición eclesiástica de intentar reconciliar estos relatos. La forma más común de reconciliar estas narrativas es la de ofrecer esta especulativa cronología combinada:

  1. La familia reside en Nazaret, lugar donde queda encinta María, (Lucas)
  2. La familia viaja a Belén para un censo, (Lucas)
  3. Nace el niño durante el viaje, y lo recuestan en un pesebre al no haber lugar en la posada, (Lucas)
  4. Llegan los Sabios y Herodes se entera del nacimiento del Mesías, (Mateo)
  5. La familia de Jesús escapa a Egipto huyendo de Herodes, (Mateo)
  6. La familia vive en Egipto hasta la muerte de Herodes, (Mateo)
  7. Regresan a su hogar en Nazaret, (Lucas)

Esta hipotética cronología mixta se vería así:

Mapa Mixto
Hipotética cronología mixta

Sin embargo, para que esta narrativa funcione es necesario obviar las múltiples indicaciones que Mateo nos da que la familia de Jesús era oriunda de Belén y el hecho que su narrativa presupone que la familia de Jesús vivió en ese lugar durante varios meses hasta la llegada de los Sabios. Igualmente, esta cronología necesariamente debe ignorar el hecho de que Lucas explícitamente indica que José y María regresaron directamente a Nazaret después de presentar al niño en el Templo. No solo eso, sino que en esta narrativa combinada simplemente no queda claro cuando Jesús tuvo tiempo de visitar el Templo, siendo que estaba escapando a Egipto. Además, ¿por qué escaparon a Egipto en vez de simplemente regresar a su hogar en Nazaret?

En definitiva, los dos relatos solo parecen estar de acuerdo en los siguientes puntos:

  1. Jesús fue el primogénito de su familia,
  2. Sus padres se llamaban José y María,
  3. Nació alrededor de la muerte de Herodes el Grande,
  4. Su padre era descendiente de David,
  5. Su madre era virgen y concibió cuando estaba comprometida,
  6. Nació en Belén de Judá,
  7. Creció en Nazaret de Galilea.

Sin embargo, el problema con estas narrativas va más allá de los problemas que existen para reconciliarlas. En efecto, analizadas de modo individual nos percatamos que tiene dificultades históricas propias, las cuales expongo a continuación.

Los Problemas Históricos de la Natividad de Lucas

El relato de la Natividad de Lucas está construido alrededor de un censo que obliga a José y María a visitar Belén. Lucas indica que este censo:

  1. Decretado por César Augusto,
  2. Efectuado a través de todo el Imperio Romano, y;
  3. Uno donde sus participantes tenían que inscribirse en su pueblo de origen.

Sin embargo, un censo descrito como este no simplemente no pudo haber ocurrido por los siguientes motivos.

En primer lugar, no tiene sentido alguno que se les solicite a los participantes de un censo romano regresar a sus pueblos de origen para registrarse. Los censos romanos se hacían para estimar la base tributaria de una región, motivo por el cual sería absurdo pedirles que se registren en un lugar distinto de donde tienen sus bienes. Si José tenía su hogar y posesiones en Nazaret, ¿qué sentido tendría solicitarle que se registre en Belén? ¿Qué ganaría la administración romana con eso? Si hubiese habido un censo en la región, José debió haberse registrado en Séforis enclave romano cerca de Nazaret.

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César Augusto

En segundo lugar, porque absolutamente ningún otro autor de la época menciona la existencia de un censo como este. Los censos en la antigüedad no eran eventos rutinarios y cuando ocurrían siempre eran a nivel local. Consecuentemente, si el emperador César Augusto hubiese ordenado un censo a nivel Imperial este hubiese sido un evento sin precedentes y de gran trascendencia, especialmente si además César Augusto hubiese solicitado a los participantes registrarse en sus residencias ancestrales por lo que es absolutamente inverosímil creer que absolutamente ningún otro autor de la época le haya dedicado ni siquiera una línea. En efecto, estaríamos hablando de un evento donde millones de personas se habrían desplazado simultáneamente a través de todo el Imperio Romano sin que ni un solo otro autor se haya siquiera percatado.

En tercer lugar, porque los censos se conducían únicamente en territorios que estaban directamente controlados por Roma donde ellos mismos tenían que extraer impuestos. En territorios donde existía un rey súbdito era este el encargado pagar los tributos, por lo que un censo en ese lugar no tendría sentido. Este era el caso de la región de Judea, la cual estaba bajo el control de Herodes el Grande cuando nació Jesús. Consecuentemente, incluso si hubiese habido un censo simplemente no tendría sentido que este incluya a los habitantes de aquella región. En efecto, fue solamente cuando Judea entró directamente bajo control romano en el año 6 d.C. que finalmente se realizaría ahí un censo: el Censo de Quirino, censo que parece ser el que realmente está aludiendo Lucas como explicaré a continuación.

Lucas y el Censo de Quirino

El llamado “Censo de Quirino” ocurrió en el año 6 d.C. inmediatamente después que Roma depuso al hijo de Herodes, Arquelao, y tomó control directo de la región de Judea. El censo se le llama así porque fue conducido por Publio Sulpicio Quirinio, el cual fue designado en ese momento como gobernador romano de Siria y al que le encomendó la tarea.

Así, parecería ser que Lucas realmente está pensando en ese evento al escribir su narrativa, siendo que el propio evangelista nos dice que el censo que figura en su evangelio ocurrió cuando Quirino gobernaba Siria y el que fue el primero que se realizó en la región (Lucas 2:2), lo cual describiría perfectamente al Censo de Quirino. Sin embargo, es evidente que Lucas, escribiendo décadas después de los eventos y probablemente con fuentes limitadas, se ha confundido respecto de la naturaleza y fecha de dicho evento. En efecto, el Censo de Quirino no fue un “censo universal” sino un censo puramente local que tampoco exigió a sus participantes registrarse en sus hogares de origen. No solo eso, sino que durante ese censo Galilea, a diferencia de Judea, seguía bajo la jurisdicción de un rey súbdito (Antipas) por lo que no tendría sentido que José haya tenido que ir a registrarse en un censo romano, mucho menos en Belén, (y mucho menos tener que traer consigo a su prometida en avanzado estado de gestación).

Pero el verdadero problema es que simplemente es imposible que Jesús haya nacido durante el Censo de Quirino. Tanto Lucas como Mateo insisten que Herodes el Grande todavía ocupaba el trono de Judea cuando nació Jesús, pero el censo de Quirino ocurrió 10 años después de la muerte del monarca. Si Jesús nació durante el Censo de Quirino entonces toda la cronología de su vida debe de moverse 10 años hacia el futuro, creando una serie de dificultades históricas imposibles de resolver. Jesús nunca hubiese podido ser discípulo de Juan Bautista (quien ya habría sido decapitado), ni haber sido juzgado por Poncio Pilato (quien ya hubiese sido sustituido), ni haber sido crucificado bajo el Imperio de Tiberio (quien ya no era emperador) entre otras dificultades irremediables.

En definitiva, ya que es imposible que Jesús haya nacido durante el Censo de Quirino y no hubo otro censo en la región anterior a ese (y mucho menos uno con las características descritas por Lucas), necesariamente tenemos que concluir que el relato de evangelista, por más icónico que sea, simplemente no puede ser histórico.

Problemas Históricos con el Nacimiento de Mateo

Mateo, por su parte, también contiene elementos que rinden su narrativa problemática históricamente hablando.

La Estrella de Oriente

A través de los tiempos se ha intentado emplear a la famosa “Estrella de Oriente” como referente científico para datar el nacimiento de Jesús. Se ha especulado que esta fue un cometa, una supernova, una conjunción entre Júpiter y Saturno entro otras coloridas teorías. Sin embargo, a pesar de los méritos científicos o astronómicos que estas hipótesis puedan tener, lamentablemente han obviado lo más elemental: leer el texto con cuidado.

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Johannes Kepler promovió la hipótesis que la Estrella fue una supernova

En efecto, una lectura atenta del texto de Mateo nos indica por qué estos ingeniosos intentos son necesariamente infructuosos: la estrella descrita por Mateo no es ningún ente astronómico posible, sino que es una construcción literaria que refleja un entendimiento precientífico de que es una estrella. Si leemos el texto con cuidado este nos indica claramente que los Sabios literalmente siguieron a la estrella hasta la casa de Jesús. Consecuentemente el ente descrito simplemente no puede ser una estrella, cometa, planeta o supernova porque ninguno de estos entes puede guiar a nadie hasta una casa (invito al lector a que esta noche salga y trate de ver cual estrella está encima de su hogar).

En efecto, Mateo ha escrito su relato dando por sentado el entendimiento antiguo de que son las estrella. La ciencia moderna nos indica que las estrellas son entes gigantescos (mucho más grandes que nuestro planeta) que se encuentran a billones de kilómetros a la distancia. Los antiguos, sin embargo, los concebían como entes pequeños que se hallaban mucho más cerca. En efecto, lo que Mateo describe aquí es un ente lo bastante pequeño como para flotar a relativamente cerca de la Tierra y guiar a un grupo de personas literalmente hasta un edificio en concreto. El “Proto-Evangelio de Santiago”, escrito aproximadamente un siglo más tarde, pero bajo la misma cosmovisión antigua, expandirá esta idea y nos dirá que la estrella bajó y se posó directamente sobre la cabeza de Jesús (!).

El problema no es trivial. Si uno lee la narrativa de Mateo esta simplemente se desmorona sin la estrella. Sin estrella, los Sabios nunca llegan. Sin Sabios, Herodes nunca se entera del nacimiento. Si Herodes nunca se entera, no hay persecución ni huida a Egipto. Y sin persecución, no hay motivo para reubicarse en Galilea. Consecuentemente, si la estrella descrita por Mateo realmente es un constructo literario basado en un error precientífico, entonces difícilmente su relato puede ser histórico.

La única alternativa posible para preservar la historicidad del relato sería insistir que en realidad la luz seguida por los Sabios no era una estrella en realidad, sino algún tipo de luz milagrosa (¿un ángel?) y que Mateo, ignorante de las realidades astronómicas, simplemente asumió erróneamente que esa luz era una estrella.

La Masacre de los Inocentes

Un segundo problema con el relato de Mateo consiste en que la masacre conducida por Herodes el Grande de todos los niños de dos año o menores en Belén y sus alrededores simplemente no figura en ningún otro autor de la época. En concreto, la Masacre de los Inocentes nunca es mencionada por Flavio Josefo, el famoso historiador judío, quien documentó con cuidado varias de las atrocidades cometidas por este monarca.

Sin embargo, vale la pena indicar que es posible (aunque improbable) que la Masacre de los Inocentes haya ocurrido históricamente, pero que la noticia de esta simplemente no haya llegado a los oídos de Josefo o que este simplemente no la haya considerado lo bastante importante como para ser relatada.

Ahora bien, los problemas con los relatos de la Natividad no se limitan a las múltiples contradicciones entre ellos y los problemas históricos individuales de cada uno, sino que parecen estar en tensión con una tradición más antigua e históricamente probable que figura en el evangelio de Marcos.

Un Problema Adicional: El Evangelio de Marcos

Además de los problemas en reconciliar los relatos del nacimiento de Jesús, y resolver los problemas internos a cada una de las narrativas, existe una dificultad adicional: si bien es verdad que el evangelio de Marcos no incluye ningún relato sobre el nacimiento de Jesús, este si contiene un pasaje que presupone su familia, incluyendo su madre, no tenían ningún tipo de conocimiento sobre su identidad mesiánica antes de su ministerio público. El pasaje en cuestión es el siguiente:

Después entró Jesús en una casa, y otra vez se juntó tanta gente, que ni siquiera podían comer él y sus discípulos. Cuando lo supieron los parientes de Jesús, fueron a llevárselo, pues decían que se había vuelto loco.

(…)

Entre tanto llegaron la madre y los hermanos de Jesús, pero se quedaron afuera y mandaron llamarlo. La gente que estaba sentada alrededor de Jesús le dijo: “Tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera, y te buscan.” Él les contestó: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?” Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, añadió: Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre. (Marcos 3: 21 -35)

¿Tendría sentido este pasaje si el nacimiento de Jesús hubiese estado cargado de eventos sobrenaturales como nos indica Mateo y Lucas? Si la familia de Jesús sabía que este fue anunciado por ángeles, nació virginalmente, fue adorado por Sabios y pastores al nacer, y fue perseguido por un monarca de niño ¿cómo es posible que cuando Jesús empieza su ministerio público creen que “se había vuelto loco”? ¿No sabían ya que él era el Mesías o por lo menos un individuo especial?

Marcos no tiene ningún relato del nacimiento e infancia de Jesús. Sin embargo, es evidente que su evangelio presupone que él tuvo un nacimiento e infancia ordinaria, motivo por el cual su familia cree que ha enloquecido cuando este inicia su ministerio público. En efecto, tanto Mateo y Lucas están conscientes de la incompatibilidad de este pasaje con sus relatos de la Natividad, motivo por el cual cuando lo reproducen en sus respectivos evangelios estos omitieron los versículos clave donde se indica que la familia de Jesús, incluyendo su madre, pensaron que había enloquecido (comparar Marcos 3 con Mateo 12 y Lucas 8)

Vale la pena notar que el hecho de que la familia de Jesús haya sido inicialmente escéptica con respecto a su identidad mesiánica también figura de modo independiente en el Evangelio de Juan (Juan 7:5) y es una tradición que la Iglesia Primitiva difícilmente hubiese inventado, por lo que es una tradición con altas probabilidades de ser histórica.

Conclusión: Los Problemas Históricos de la Natividad

El análisis de los relatos de Mateo y Lucas sobre el nacimiento de Jesús nos deja con una serie de inquietantes conclusiones:

  1. Son narraciones que aparecen relativamente tarde en el registro histórico del Nuevo Testamento y son imposibles de datar antes de la redacción de los evangelios de Mateo y Lucas (cosa que probablemente ocurrió no antes del 85 d.C, incluso posiblemente tan tarde como el 100 d.C),
  2. Una comparación de ambos relatos revela que se contradicen prácticamente en cada punto y una reconciliación de ambas narrativas es esencialmente imposible,
  3. Presentan serios problemas históricos individualmente (e.j.: es imposible que el censo mencionado por Lucas haya ocurrido de la forma que él describe),
  4. Contradicen una tradición anterior con buenas posibilidades de ser histórica la cual es mencionada por el autor del evangelio de Marcos y aludida por el autor del evangelio de Juan, concretamente, que la familia de Jesús se sorprendió y opuso a él cuando este inició su ministerio no creyendo en él, cosa que no tendría sentido si ellos sabían de su nacimiento sobrenatural,
  5. Su contenido, (incluyendo que Jesús haya sido concebido virginalmente o que haya nacido en Belén), no es mencionado ni aludido en ningún otro lugar del Nuevo Testamento a pesar que serían hechos impactantes,
  6. No existe ninguna fuente confiable fuera del Nuevo Testamento que corrobore las fantásticas ocurrencias que figuran en estos relatos (ej.: ningún autor menciona el censo de Lucas o la masacre de los inocentes de Mateo),
  7. Fueron redactados en un medio cultural donde comúnmente se fabricaban relatos fantásticos de los nacimientos de grandes personajes,

¿Cómo podemos explicar la existencia de estos relatos? ¿Encierran algún tipo de realidad histórica que podamos recuperar o son completamente ficticios? ¿Qué hay de los puntos en los cuales ambos evangelistas si están de acuerdo? ¿Qué podemos afirmar  entonces positivamente sobre el nacimiento de Jesús de Nazaret desde una perspectiva histórica? Abordaré todos estos interrogantes en la segunda y tercera parte de esta serie.

 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Bellinzoni, Arthur J. The New Testament: An Introduction to Biblical Scholarship. Wipf And Stock Pub, 2016.
  • Brown, Raymond E. The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in the Gospels of Matthew and Luke. Doubleday, 1999.
  • Crossan, John Dominic., and Richard G. Watts. Who Is Jesus?: Answers to Your Questions about the Historical Jesus. Westminster John Knox Press, 1999.
  • Ehrman, Bart D. The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings. Oxford University Press, 2016.
  • Meier, John P. A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus. The Roots of the Problem and the Person. I, Doubleday, 1991.
  • Sanders, E. P. The Historical Figure of Jesus. Allen Lane, 1993.
  • Vermès Géza. The Nativity: History and Legend. Doubleday, 2006.

 

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Esta entrada es parte de una serie dedicada a reconstruir el Jesús Histórico. Las entradas que forman parte de esta serie a la fecha son:

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