¿Tuvo Jesús hermanos?

En entradas anteriores empecé el análisis histórico de la vida de Jesús de Nazaret desde una perspectiva histórica, iniciando por discutir las preguntas relativas a su existencia y las circunstancias relativas a su nacimiento. En esta entrada, siguiendo un orden cronológico, abordaré una cuestión sumamente debatida entre denominaciones cristianas: la espinosa pregunta de si Jesús tuvo o no hermanos.

La pregunta de si Jesús tuvo hermanos es una pregunta con una larga historia de debate. Para los católicos, Jesús no pudo tener hermanos ya que María y José fueron perpetuamente vírgenes. Para los de línea ortodoxa, José tenía hijos de un matrimonio anterior, por lo que Jesús tuvo medio-hermanos mayores. Finalmente, para la tradición protestante, José y María tuvieron relaciones conyugales después del nacimiento de Jesús, por lo que Jesús tuvo varios hermanos menores.

En vista, por lo tanto, que esta pregunta aborda un debate entre denominaciones y que está inextricablemente conectado con el dogma de la Perpetua Virginidad de María, vale hacer una clarificación respecto a la naturaleza de este blog. Este blog es aconfesional y su perspectiva estrictamente académica. Eso significa que, al abordar esta complicada cuestión, no se va a apelar a ningún argumento basado en la autoridad de ninguna tradición religiosa o basado en presuposiciones teológicas, sino que se empleará exclusivamente el método histórico-crítico, abordando este tema desde una óptica puramente histórica y filológica. Vale la pena también hacer énfasis en que al tocar esta cuestión no busco desprestigiar ni atacar a ninguna Iglesia o denominación, sino hacer un juicio de probabilidad puramente histórica. Teniendo eso en mente, pasamos a analizar la evidencia histórica que rodea este debate.

Los Hermanos de Jesús: Evidencia Histórica

El Nuevo Testamento y Flavio Josefo

Este acalorado debate versa sobre la interpretación de varios pasajes en el Nuevo Testamento que, al menos a primera vista, indican que Jesús tuvo hermanos. El apóstol Pablo, quién escribió sus cartas alrededor del año 50 d.C, menciona a “los hermanos del Señor” (1 Cor. 9:5) e incluso indica haber conocido personalmente a uno de ellos, Santiago “el hermano del Señor” (Gálatas 1:19) quién también figura en otros pasajes de sus cartas (1 Cor. 15:7, Gal. 2:9,12). Décadas después los evangelistas sinópticos incluyeron una serie de pasajes que, a primera vista, parecerían indicar que Jesús tuvo no menos de cuatro hermanos y por lo menos dos hermanas (!), pasajes que reproduzco a continuación:

Los Hermanos de Jesús en los Evangelios Sinópticos

Marcos
(≈70 d.C)

Mateo
(≈85 d.C)

Lucas/Hechos
(≈95 d.C)

Mar. 3:31-32

En eso llegaron la madre y los hermanos de Jesús. Se quedaron afuera y enviaron a alguien a llamarlo, pues había mucha gente sentada alrededor de él. Le dijeron “Mira, tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan”.

Mat. 12:46-50

Mientras Jesús le hablaba a la multitud, se presentaron su madre y sus hermanos. Se quedaron afuera, y deseaban hablar con él. Alguien le dijo “Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren hablar contigo.”

 

Luc. 8:19-21

La madre y los hermanos de Jesús fueron a verlo, pero, como había mucha gente, no lograban acercársele. Le avisaron “Tu madre y tus hermanos están afuera y quieren verte.”

 

Mar. 6:3

¿No es acaso el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros?

Mat. 13:54

¿No es acaso el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María; y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas?

 

Hechos 1: 14

Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María.

 

Hay que enfatizar, por lo tanto, que, como reflejan las expresiones marcadas en rojo,  los tres evangelistas sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) invariablemente mencionan a los hermanos de Jesús conjuntamente con María. Finalmente, el último de los evangelistas, Juan, escribiendo con independencia de los sinópticos alrededor del año 105 d.C, también menciona a los hermanos de Jesús, aunque los presenta como incrédulos, lamentándose que “lo cierto es que ni siquiera sus hermanos creían en él” (7:5). En todos estos casos, la palabra empleada en los texto originales es “adelfos” (ἀδελφός), la cual en griego literalmente significa “del mismo vientre”, y que ordinariamente denota hermanos físicos o reales.

Además de mencionarlos, los evangelios también contienen pasajes que indirectamente invitan a creer que Jesús tuvo hermanos. El evangelio de Mateo, al relatar la concepción de Jesús, indica que José “recibió a María por esposa, pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta que dio a luz un hijo” (Mateo 1:24-25), sugiriendo que la pareja tuvo una vida marital normal después de su nacimiento. Del mismo modo, cuando Lucas relata el nacimiento de Jesús, indica que María “dio a luz a su hijo primogénito” (Lucas 2:7) invitando a la idea de que ella tuvo más hijos.

Evidencia de los Hermanos de Jesús en el Nuevo Testamento

Pablo
(≈50 d.C.)
Marcos
(≈70 d.C)
Mateo
(≈85 d.C)
Lucas/Hechos
(≈95 d.C)

Juan
(≈105 d.C)

1 Corintios 9:5
Gálatas 1:19
Mar. 3:31-32
Mar. 6: 2-3
Mat. 1:24-25
Mat. 12:46-50
Mat. 13:54-56
Luc. 2:7
Luc. 8:19-21
Hechos 1:14
Juan 7:1-10

Sin embargo, la evidencia a favor de la existencia de hermanos de Jesús también se halla fuera del Nuevo Testamento. Alrededor del año 90 d.C el famoso historiador judío Flavio Joséfo relató la ejecución de Santiago, quien es descrito como el “hermano de Jesús”, a manos del saduceo Anán:

Image result for Josephus“Siendo Anán de este carácter, aprovechándose de la oportunidad, pues Festo había fallecido y Albino todavía estaba en camino, reunió el sanedrín. Llamó a juicio al hermano de Jesús que se llamó el mesías; su nombre era Santiago, y con él hizo comparecer a varios otros. Los acusó de ser infractores a la ley y los condenó a ser apedreados.” (“Antigüedades de los Judíos”, Tomo XX, Capítulo IX)

Tenemos ante nosotros por lo tanto una asombrosa lista de fuentes independientes que parecen indicar que Jesús tuvo hermanos. No menos de seis (!) autores distintos, (Pablo, Marcos, Mateo, Lucas, Juan y Flavio Josefo) de manera autónoma mencionaron a hermanos de Jesús, tres de ellos conectándolos con María. La inclusión de Flavio Josefo en esta lista es particularmente relevante, ya que significa que estamos ante una de las pocas tradiciones del Nuevo Testamento que es corroborada por un autor no-cristiano. Finalmente, es necesario enfatizar que no existe ningún pasaje en el Nuevo Testamento ni en Flavio Josefo que indique que estos “hermanos” realmente eran primos, medio-hermanos u otros familiares de Jesús. Consecuentemente, desde un punto de vista puramente histórico, que Jesús haya tenido hermanos pasaría con tremendo éxito el llamado “Criterio de la Múltiple Atestación de Fuentes”.

Esta fuerte primera impresión se ve reforzada cuando uno detecta que la tradición de que Jesús tuvo hermanos reales estuvo viva dentro de los primeros siglos de la Iglesia, como veremos a continuación.

Los Hermanos de Jesús en la Patrística

Quizá para la sorpresa del lector, la idea de que Jesús tuvo hermanos reales fue sostenida por algunos de los primeros Padres de la Iglesia más importantes. Este sería el caso, por ejemplo, de Hegesipo de Jerusalén (110 – 180 d.C) quien menciona a los familiares de Jesús, distinguiendo claramente entre primos y hermanos suyos (incluso mencionando a un tío). Este autor, al referirse a Judas (no el Iscariote), quien como vimos figura en la “lista” de hermanos provista por Marcos y Mateo, indicó que este era “hermano del Salvador según la carne”.

Otro influyente Padre de la Iglesia que probablemente creyó que Jesús tuvo hermanos de verdad no fue otro que Ireneo de Lyon (130 – 202 d.C) quien, al hacer una compleja analogía entre el nacimiento de Jesús y el Génesis, incluyó dos referencias que parecen indicar que María solo fue virgen hasta el momento del nacimiento de Jesús (Adversum Haereses 3.21.10, 3.22.4).

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Tertuliano (160 – 220 d.C)

Sin embargo, quizá el Padre de la Iglesia más importante que sostuvo que Jesús haya tenido hermanos reales no fue otro que Tertuliano, pensador cristiano del Siglo II y el llamado “Padre del Cristianismo Latino”. En efecto, en múltiples obras Tertuliano esgrimió el hecho que Jesús haya tenido hermanos de carne para atacar al Marcionismo, el cual insistía que Jesús no tenía un cuerpo real. En efecto, Tertuliano (directa o indirectamente) afirma que Jesús tuvo hermanos de verdad en Adversum Marcionem (4.19), De Carne Christi (7), De Monogamia (8.1-2) y De Virginus Velandis (6.6). La inclusión de Tertuliano en esta lista es en extremo relevante no solo por su prominencia, sino por el hecho que él personalmente fue un defensor de la castidad y virginidad como modelos cristianos.

De la evidencia patrística, por lo tanto, se deduce que además de gozar de abundante atestación en el Siglo I, la tradición de que Jesús tuvo hermanos reales estuvo viva dentro de los primeros siglos de la Iglesia. En ninguno de estos autores se detecta una actitud defensiva o polémica al respecto, sino que simplemente dan por hecho que Jesús tuvo hermanos reales, hijos también de María. En efecto, los primeros siglos de la Iglesia parecen simplemente no haberse preocupado mucho por el estatus virginal de María después del parto. No solo la idea no aparece en el Nuevo Testamento (el cual, como vimos, parece invitar a la idea contraria), sino que también está ausente de los escritos de pensadores como Clemente de Roma (35 – 99 d.C), Polycarpo de Smyrna (69 – 155 d.C) y Justinio el Mártir (100 – 165 d.C). Incluso Ignacio de Antioquía (35 – 108 d.C), el cuál defendió fervientemente la Concepción Virginal de Jesús, es completamente silencioso al respecto. Con la excepción de Orígenes (184 – 253 d.C), el cuál analizaremos más adelante, los Padres de la Iglesia antes del siglo IV simplemente no mencionan que María haya sido una virgen perpetua.

Esta actitud, sin embargo, no perduró. En efecto, en siglos posteriores las comunidades cristianas empezaron a adoptar actitudes cada vez más ascéticas con respecto a la sexualidad humana, muchos incluso llegando a insistir que la castidad absoluta era una condición necesaria para la salvación. Este era el caso, por ejemplo, de los “encratitas“, secta cristiana que incluso veía al matrimonio como pecaminoso. En efecto, la sexualidad se conectaba cada vez más con el pecado, la muerte y el mundo material, actitud que se detecta tanto en los escritos de Padres de la Iglesia posteriores así como en evangelios apócrifos. Fue en ese contexto histórico de exaltación a la virginidad que se empezó a insistir que los allegados a Jesús, y en especial su madre, fueron vírgenes perpetuos.

Así, pese a haber sido perfectamente aceptable durante las primeras etapas de la Iglesia, la idea de que Jesús tuvo hermanos se hizo cada vez más impopular hasta que en finalmente en el Siglo IV la opinión generalizada fue la contraria: que Jesús no tuvo hermanos y que su madre fue una virgen perpetua. Esta postura, la cual se detecta inicialmente en populares textos apócrifos del Siglo II, se convirtió en la postura dominante alrededor del Siglo IV y su defensa fue articulada en las obras de Jerónimo, Ambrosio, Epifanio, Atanasio entre otros. Para la Iglesia del Siglo IV, los “hermanos” de Jesús eran o bien sus primos (la postura de Jerónimo) o bien medio-hermanos de un matrimonio anterior de José (la postura de Epifanio), posturas que exploraremos a continuación.

¿Eran los “Hermanos” de Jesús sus Primos?: La perspectiva de Jerónimo

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San Jerónimo

Jerónimo, Padre de la Iglesia de finales del Siglo IV, escribió “Liber contra Helvidium de virginitate Mariae” (383 d.C), una defensa de la Perpetua Virginidad de María en contra de Helvidio, quién (al igual que Tertuliano) enseñaba que María tuvo hijos después de Jesús. Lo innovador de la perspectiva de Jerónimo, sin embargo, fue insistir que José también fue perpetuamente virgen y que los “hermanos” de Jesús eran realmente sus primos. En efecto, mientras que (como veremos más adelante) la idea de que Jesús tuvo medio-hermanos se detecta ya en el Siglo II, la idea de que sus “hermanos” eran primos aparece por primera vez en la obra de Jerónimo.

La perspectiva de Jerónimo fue tremendamente influyente, al punto que fue adoptada por la Iglesia Católica, donde hoy en día se ha convertido en una posición casi oficial. Ahora bien, ¿como defienden Jerónimo y sus modernos seguidores la idea de que los “hermanos” de Jesús eran sus primos? Podemos distinguir dos tipos de argumentos: filológicos y materiales.

Argumentos Filológicos

Jerónimo basó su interpretación argumentando que existe un número de lugares en el Antiguo Testamento donde la palabra hebrea para hermano “āḥ no significa “hermano” sino “primo”, “sobrino”, o más genéricamente “pariente” (ej.: Génesis 29:12, 24:48). En efecto, ni el hebreo ni el arameo poseen una palabra que designe “primo”, por lo que la palabra hebrea ‘āḥ o su equivalente arameo ‘aḥā’ se empleaban para sustituirla. En consecuencia, una traducción literal del hebreo o arameo al griego (idioma de los evangelios) emplearía la palabra griega “adelfos” (ἀδελφός), es decir, “hermano”, lo que, para Jerónimo, explicaría su uso por los evangelistas.

Adicionalmente, Jerónimo argumentó que los pasajes de Mateo y Lucas que insinúan que María tuvo más hijos no deben interpretarse de ese modo. Respecto a Mateo 1:24-25, donde se indica que José “recibió a María por esposa, pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta (héōs) que dio a luz un hijo”, Jerónimo indica que la expresión griega empleada, “héōs” (ἕως), de por sí solo significa que una situación (la virginidad de María) perduró hasta antes de un evento (el nacimiento de Jesús), pero no significa necesariamente que esa condición se perdió después. Por otro lado, cuando Lucas indica que María “dio a luz a su hijo primogénito”, Jerónimo indica que la palabra “primogénito” (“prōtótokos”, “πρωτότοκος”) simplemente significa que un hijo es el primero, pero no necesariamente que hayan más después de él.

Los argumentos filológicos de Jerónimo han sido tremendamente populares. Sin embargo, un análisis cuidadoso revela grandes problemas que abordo a continuación.

El Nuevo Testamento no fue escrito en Hebreo o Arameo

Para empezar, el hecho que el hebreo carece de una palabra para “hermano” es un argumento esencialmente irrelevante simplemente porque los evangelios no son traducciones del hebreo o arameo, sino que fueron escritos en griego, lenguaje donde existe una palabra clara para “primo” (“anepsios”, ἀνεψιός”). En efecto, los cuatro evangelios son todas redacciones en griego koiné y no hay evidencia de que ellos o sus fuentes hayan existido en hebreo o arameo. Pero incluso si suponemos que detrás de los evangelios existiesen una o más fuentes en hebreo/arameo, el argumento todavía sería débil por el mero hecho que no habría razón por la cual los evangelistas optarían por una traducción tan literalista. Los evangelistas se sintieron en perfecta libertad de alterar, modificar y editar sus fuentes, tal y como revela una comparación entre Mateo y Lucas por un lado y su fuente Marcos por otro. En efecto, tanto Mateo como Lucas hicieron extensivos cambios a Marcos para clarificar su redacción y flujo narrativo. ¿Es verosímil creer entonces que los evangelistas hubiesen optado por no hacer lo mismo al momento de incorporar una hipotética fuente hebrea/aramea?

Este problema se vuelve aún más serio en el caso de Pablo. En efecto, es evidente que Pablo no está traduciendo ningún tipo de documento, sino que es él mismo quien compone sus cartas en griego para una audiencia compuesta no de judíos que hablan hebreo, sino de gentiles que hablan griego. ¿Por qué emplea entonces la palabra griega para “hermano” (adelphos) en vez de la palabra para primo (anepsios)? ¿Que sentido tendría usar un idiomismo semita que sus lectores no entenderían? El problema se multiplica cuanto notamos que existe una carta atribuida a Pablo donde efectivamente él emplea la palabra “anepsios”. En efecto, en Colosenses 4:10 encontramos el siguiente versículo: Aristarco, mi compañero de cárcel, les manda saludos, como también Marcos, el primo (anepsios) de Bernabé.” Si bien hay debate respecto a si esta carta fue escrita por Pablo o un discípulo posterior, lo cierto es que en todo caso indica que la tradición paulina estaba familiarizada con la palabra “primo” y que no tenía reserva alguna para emplearla.

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Pablo y Bernabé

Por otro lado, la “solución” de Jerónimo es completamente inaplicable a Flavio Josefo. En todas sus obras, Flavio Josefo emplea la palabra griega para “primo” (anepsios) no menos de 12 veces y nunca lo hace para referirse a hermanos. Queda claro, por lo tanto, que este autor judío está perfectamente familiarizado con la distinción entre primos y hermanos y las palabras griegas usadas para designarlos.

En consecuencia, tenemos ante nosotros seis autores que de modo independiente, a pesar conocer y tener a su disposición una palabra perfectamente común y aceptable para “primo” (anepsios) decidieron de forma deliberada y consistente emplear la palabra “hermano” (adelfos) sin que exista una razón discernible por la hubiesen sustituido una expresión por la otra. ¿Es verosímil que Pablo, Marcos, Mateo, Lucas, Juan y Flavio Josefo hayan todos de forma independiente y consistente decidido por hablar de “hermanos” de Jesús cuando realmente quisieron decir “primos”?

El uso de “Hermano” en el Antiguo y Nuevo Testamento

Si bien es verdad existen pasajes en el Antiguo Testamento donde la palabra “hermano”, ‘āḥ, es usada para referirse a sobrinos o familiares, los pasajes donde ‘āḥ hace referencia concretamente a “primo” son pocos, y quizá sea solamente uno (!). En efecto, el único pasaje donde esto ocurre de forma clara ocurre en el Primer Libro de Crónicas (23:22), donde se indica que las hijas de Eleazar se casaron con los hijos de Quis, “sus hermanos”, cuando el versículo anterior indica que Eleazar y Quis eran hijos de Majlí, por lo que el pasaje quiso realmente decir que las hijas de Eleazar se casaron con sus primos.

En todo caso, al margen de la frecuencia de su uso, lo cierto es que cuando el Antiguo Testamento emplea la palabra “hermano” para referirse a otro tipo de pariente regularmente incluye indicaciones en el contexto inmediato que permiten deducir que la palabra “hermano” no está siendo usada para referirse a un hermano literal. Los autores bíblicos evidentemente estaban conscientes que usar la palabra ‘āḥ para referirse a alguien que no era un hermano generaría confusión, por lo que fueron cuidadosos en hacerle saber al lector que la palabra estaba siendo usada de un modo anormal. En el caso que cité en el párrafo de arriba, por ejemplo, pudimos saber que las hijas de Eleazar y los hijos de Quis eran realmente primos precisamente porque en el versículo inmediatamente anterior se dejó en claro que Eleazar y Quis tenían el mismo padre. Esto no ocurre en el Nuevo Testamento. En efecto, no solo que no se detecta ningún esfuerzo por clarificar que los “hermanos” de Jesús eran realmente sus primos, sino que, al contrario, como vimos, Marcos, Mateo y Lucas hablan de ellos siempre conjuntamente a María, invitando la asociación en vez de disuadirla.

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María con los discípulos y hermanos de Jesús en Pentecostés

El uso de la palabra “hermano” en el Nuevo Testamento tampoco favorece la hipótesis de Jerónimo. En efecto, en el Nuevo Testamento la palabra “hermano” solo es claramente usada para referirse a hermanos en el sentido literal (sea hermanos completos o medio-hermanos) o en un sentido metafórico (ej.: hermanos espirituales). En efecto, a pesar que la palabra “hermano” figura 343 veces en el Nuevo Testamento, no hay un solo caso en el que esta claramente se emplee para referirse a primos. Cuando Marcos 1:29-30 nos dice, por ejemplo, que Juan y Santiago eran hermanos y que su padre era Zebedeo, a ningún teólogo o exegeta en la historia se le ha ocurrido pensar que ellos realmente eran primos, o que Zebedeo era realmente su tío o padrastro. ¿Porque aplicar un estándar distinto cuando se habla de los hermanos de Jesús?

Sobre el uso de las expresiones “héōs” y “prōtótokos”

Jerónimo parte de la observación que la expresión “héōs”, al igual que su traducción al español “hasta”, técnicamente no implica que la condición antecedente se pierda después de un evento. Así, cuando Mateo escribe que José “recibió a María por esposa, pero no tuvo relaciones conyugales con ella hasta (héōs) que dio a luz un hijo” no implica necesariamente que ella perdió la virginidad después. Igualmente, Jerónimo está técnicamente en lo correcto cuando afirma que cuando Lucas indica que María “dio a luz a su hijo primogénito (prōtótokos)”, eso no significa necesariamente que haya habido hijos después del primero.

El problema, evidentemente, es que estas expresiones no pueden evaluarse en aislamiento, sino que deben entenderse dentro del contexto de su respectivo evangelio. En efecto, el mismo autor que indicó que María “no tuvo relaciones conyugales hasta que dio a luz” es el mismo que más adelante escribe “mientras Jesús le hablaba a la multitud, se presentaron su madre y sus hermanos” (12:46) y el mismo que coloca en boca de sus vecinos “¿No se llama su madre María; y no son sus hermanos Jacobo, José, Simón y Judas? ¿No están con nosotros todas sus hermanas?” (13:55-56). Así, nos damos cuenta que Mateo no realizó ningún esfuerzo para que la palabra “hasta” se interprete del modo que Jerónimo pretende. Lo mismo puede decirse de Lucas, quien después de referirse a Jesús como el “primogénito” de María luego la retrata a ella junto con sus hermanos tanto en el evangelio como el libro de Hecho.

Ni Lucas ni Mateo han demostrado el más mínimo interés en afirmar la virginidad de María después del parto, o de presentar a los hermanos de Jesús como algo distinto a hermanos literales. Dentro de ese contexto, por lo tanto, las expresiones “héōs” y “prōtótokos” parecen cobrar precisamente el significado que Jerónimo pretende evitar: que María solo fue virgen hasta el parto de Jesús y que después del nacimiento de su primogénito tuvo más hijos.

Argumentos Materiales

Mientras los argumentos filológicos arriba presentados se fundamentan en forma y uso lingüístico, los argumentos materiales apuntan al contenido de algunos pasajes del Nuevo Testamento para dar soporte a la idea de que Jesús no tuvo ni hermanos ni medio-hermanos.

Jesús en el Templo

Defensores de interpretación de Jerónimo apuntan al famoso episodio en Lucas 2:41-51 donde el joven Jesús se queda rezagado en Templo como evidencia de que Jesús era hijo único ya que, según estos comentaristas, el hecho que Lucas no menciona a ningún otro hermano (o medio-hermano) en la narrativa evidencia que ellos no existían.

Related imageEste es un clásico ejemplo de un argumento basado en el silencio, cosa que es por lo general poco convincente. Además, este argumento acepta de modo poco crítico la autenticidad de una narrativa que es cuanto menos sospechosa históricamente. En efecto, el extravío de Jesús aparece únicamente en Lucas, evangelio relativamente tardío, y la historia del joven Jesús debatiendo con los asombrados maestros religiosos tiene “sabor” a al tipo de material legendario que uno esperaría se forme en las fases orales previas al evangelio. Pero incluso si suponemos que Lucas 2:41-51 preserva una memoria histórica, ello en realidad parecería favorecer la existencia de hermanos suyos. ¿No es mucho más verosímil que los padres de Jesús hayan extraviado a su hijo si es que tenían que vigilar a otros además de él?

La Anunciación

Cuando en el ángel Gabriel le anuncia a María que tendrá un hijo, ella replica ¿Cómo podrá suceder esto, puesto que soy virgen? (Lucas 1:34), contestación que para los defensores de la tesis de Jerónimo es señal de que María había tomado un voto de virginidad perpetua.

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Esta perspectiva, sin embargo, es también sumamente problemática. Incluso ignorando los problemas relativos a aceptar eventos milagrosos como históricos, el episodio proviene de una de las narraciones de la Natividad, las cuales están notoriamente plagadas de problemas históricos (como exploré a detalle en una serie dedicada a ellas). Pero incluso si aceptamos palabra por palabra la historicidad del evento, este simplemente no insinúa que María haya tomado un voto de virginidad. En efecto, pocos versículos antes el autor deja en claro que María estaba comprometida a casarse (Lucas 1:27). ¿Tiene sentido que alguien que haya tomado un voto de virginidad se comprometa al matrimonio? Si Lucas quisiera indicarnos que María tomó este hipotético voto (casi desconocido en el judaísmo e inaudito en estas circunstancias) lo hubiese indicado claramente.

Las genealogías de Jesús

Algunos defensores de la tesis de Jerónimo enfatizan que en ninguna de las dos genealogías de Jesús presentadas en el Nuevo Testamento se menciona que Jesús haya tenido hermanos. Obviando los problemas históricos con estas genealogías, el argumento simplemente ignora que ellas tampoco mencionan a los hermanos de absolutamente ninguno de los ancestros de Jesús. En efecto, si uno se tomase en serio este argumento, uno debería concluir que todos ancestros de Jesús, llegando hasta Abraham (Mateo) o incluso Adán (Lucas), fueron hijos únicos.

En efecto, el único propósito de estas genealogías es el de conectar a Jesús en línea directa con David, por lo que no es sorpresa alguna que no se incluyan hermanos de nadie en ellas.

María al pie de la Cruz

El Evangelio de Juan relata un intercambio al pie de la cruz entre Jesús, María y “el discípulo a quien Jesús amaba”, donde Jesús le encomienda a este el cuidado de su madre (Juan 19:26-27). Los defensores de la tesis de Jerónimo insisten que esto evidencia que Jesús no tenía hermanos ni medio-hermanos, ya que de lo contrario ellos serían los que cuidarían de ella.

Image result for mary cross artEsta tesis sufre de un problema que ahora debe ya ser familiar: el intercambio es problemático históricamente. Marcos, Mateo, y Lucas, todos autores anteriores a Juan, no indican que la madre de Jesús haya estado presente en la crucifixión a pesar de nombrar a otras mujeres menos importantes (Mar. 15:40, Mat. 27:56, Luc. 23:49) e insisten que “todos los conocidos de Jesús, incluso las mujeres que lo habían seguido desde Galilea, se quedaron mirando desde lejos” (Lucas 23:49). El pasaje también está evidentemente cargado un altísimo simbolismo teológico. Estudios del evangelio de Juan indican que “el discípulo a quien Jesús amaba” simboliza la comunidad donde se redactó este evangelio. Así, cuando Jesús dice “mujer, ahí tienes a tu hijo” (Juan 19:26) se simboliza la adopción de la comunidad por la madre de Jesús. El pasaje no busca relatar un evento biográfico, sino expresar que la comunidad cristiana es ahora hijo simbólico de María. No es sorpresa, entonces, que este pasaje aún hoy en día se emplee en las liturgias católicas para articular la idea de que María es madre de todos los cristianos.

Pero una vez más, incluso si se acepta la historicidad palabra por palabra del texto, este simplemente no indica la ausencia de hermanos. La sustitución de la familia natural por la espiritual es una temática común en el Nuevo Testamento, por lo que es perfectamente verosímil que Jesús haya encomendado a su madre a un discípulo aún si hubiesen hermanos vivos. Esta impresión se refuerza si uno toma en cuenta que Juan retrata a los hermanos de Jesús como incrédulos al lamentarse que “ni siquiera sus hermanos creían en él” (Juan 7:5) e incluso insinuando de que ellos buscaban su muerte (!).

María, la esposa de Cleofas

Finalmente, los defensores de la teoría de Jerónimo frecuentemente apuntan a otra María como la verdadera madre de los supuestos “hermanos” de Jesús. La identificación se basa en tres datos:

  1. Los “hermanos” de Jesús listados en Marcos y Mateo son: Santiago, José, Judas y Simón (Mar. 6:3 y Mat. 13:55),
  2. Marcos 15:40 indica que en la crucifixión estaba presente una mujer identificada como “María la madre de Santiago el Menor y de José, y Salomé”, pasaje que es reproducido en Mateo 27:56. Noten que dos de los nombres (Santiago y José) coinciden en ambas listas,
  3. El evangelio de Juan indica que en la crucifixión se encontraba presente “María, la esposa de Cleofas” quien es descrita como “la hermana de su madre (María) (Juan 19:25),

El razonamiento, por lo tanto, consistiría en:

  1. Identificar a “Santiago el Menor” y su hermano José con los “hermanos” de Jesús listados en Marcos 6:3 y Mateo 13:55 y;
  2. Identificar a “María, la esposa de Cleofas” con “María la madre de Santiago el Pequeño y de José, y Salomé”

La teoría, por lo tanto, intenta concluir que los hermanos de Jesús eran hijos de una tía materna llamada “María, la esposa de Cleofas”. El problema, evidentemente, es que la teoría depende de una cadena de especulativas identificaciones que son, cuanto menos, dudosas. En particular, identificar a “Santiago el Menor y José” con los hermanos de Jesús del mismo nombre es problemático. No sólo eran nombres extremadamente comunes, sino que la mayoría de investigadores concuerda que el hecho que Marcos se haya referido a solo uno de ellos como “el Menor” es signo de que él intentó precisamente distinguirlo del otro. Igualmente, es poco verosímil que en la segunda lista Marcos solo se haya referido a dos de los hermanos de Jesús y haya excluido a Judas, quien tuvo un rol prominente en la Iglesia primitiva.

La perspectiva de Jerónimo: Conclusiones

La idea de que los hermanos de Jesús eran realmente sus primos tiene muy poco sustento histórico. Los argumentos filológicos basados en el empleo de la palabra “hermano” para referirse a otros familiares en el Antiguo Testamento son esencialmente irrelevantes y no hay razón para creer en la existencia de una convención cristiana de referirse a primos con la palabra “hermano”.

Los argumentos materiales tampoco resultan convincentes. No solo los pasajes citados adolecen de problemas de historicidad, sino que ninguno de ellos realmente indica que Jesús haya sido hijo único. En efecto, para llegar a esa conclusión siempre es necesario leer demasiado entre líneas y aplicar razonamientos poco evidentes. Uno no puede sino sospechar que la razón por la cual estos pasajes se han interpretado de este modo ha sido precisamente por la noción preconcebida de que María y José fueron vírgenes perpetuos. Una lectura libre de esta presuposición difícilmente nos llevaría a esa conclusión. En definitiva, el argumento histórico a favor de la tesis de que Jesús tuvo hermanos reales es muchísimo más sólido que aquél que los identifica con sus primos.

Sin embargo, existe otra posibilidad: que los hermanos de Jesús sean medio-hermanos mayores, provenientes de un matrimonio anterior de José, tesis que abordamos a continuación.

¿Eran los “Hermanos” de Jesús sus Medio-Hermanos?: La perspectiva de Epifanio

La hipótesis de que los hermanos de Jesús realmente eran medio-hermanos es frecuentemente referida como “la perspectiva de Epifanio”, llamada así en nombre de Epifanio de Salamis, influyente pensador cristiano del Siglo IV. Mientras que la perspectiva de Jerónimo fue adoptada por la Iglesia Católica, las iglesias ortodoxas por lo general han preferido esta hipótesis, la cual a la fecha de hoy es parte de su catequesis.

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Epifanio de Salamis

La perspectiva de Epifanio goza de más plausibilidad que la teoría de Jerónimo. En primer lugar, esta teoría encuentra cierto apoyo filológico en el Nuevo Testamento, ya que Marcos 6:17 usa la palabra “hermano” (adelfos) para describir la relación entre Antipas y Filipo a pesar de solo tener a su padre en común. En efecto, en una sociedad patriarcal que dos individuos tengan el mismo padre sería suficiente para considerarlos “hermanos” al margen de que provengan de madres distintas.

En segundo lugar, a pesar que el Panarion de Epifanio, fue sido escrito en el 375 d.C, la hipótesis es muchísimo más antigua que la perspectiva de Jerónimo. En efecto, la idea de que los “hermanos” de Jesús eran medio-hermanos es articulada en los escritos de Orígenes (184 – 253 d.C), y textos apócrifos remontándose hasta el Siglo II. Igualmente, la hipótesis es aparentemente aludida de pasada por Clemente de Alejandría a principios del siglo III.  Así, la teoría de Epifanio sería más antigua que la de Jerónimo por al menos dos siglos.

Sin embargo, pese a que la teoría de Epifanio es comparativamente más antigua y compatible con la evidencia filológica, no está exenta de formidables dificultades históricas, como veremos a continuación.

El Problema de las Fuentes: El Protoevangelio de Santiago

La principal dificultad que encontramos es que el origen de esta perspectiva es con casi toda seguridad un texto apócrifo denominado hoy en día como el “Protoevangelio de Santiago” documento probablemente escrito en Siria a finales del Siglo II.

El Protoevangelio es una narración fantástica atiborrada de elementos legendarios. Para empezar, su autor indica ser “yo, Santiago, que he escrito esta historia (…) cuando sobrevinieron en Jerusalén disturbios con motivo de la muerte de Herodes” (Proto. XXV,1) En efecto, a pesar que no hay duda de que este texto fue escrito a finales del Siglo II, su autor falsamente indica ser nadie otro que Santiago, el hermano (o más bien dicho, medio-hermano) de Jesús, escribiendo en Palestina alrededor del año 4 a.C.

José como un anciano

Sin embargo, la falsa autoría del documento no es su única dificultad como fuente, sino que todo su contenido es poco verosímil. Según este evangelio María nació milagrosamente de dos padres estériles, Joaquín y Ana quienes transformaron su cuarto en un santuario donde solo se permitía la entrada a jóvenes vírgenes. La niña María no tocó ningún objeto manchado y solo tocó el piso una única vez para caminar milagrosamente sin ayuda. A los tres años, una procesión de vírgenes llevó a María al Templo donde vivió alimentada por un ángel hasta los doce años. A esa edad los sacerdotes decidieron encomendarla (¡no casarla!) a un viudo Israelita para asegurar su virginidad perpetua. Así, bajo la dirección de un ángel, los sacerdotes reunieron a grupo de viudos a quienes se les entregó una vara. Cuando José, aquí descrito como un anciano viudo que ya tenía hijos (incluyendo a Santiago, el supuesto autor), tomó la suya de esta brotó una paloma que se posó en su cabeza, señalándolo como el indicado para ser el guardián de María. Cuando finalmente María da a luz a Jesús, este no sale del vientre sino que un una luz resplandeciente ilumina a todos y el niño milagrosamente aparece en su pecho. Tan monumental es su llegada al mundo, que el tiempo literalmente se detiene por unos minutos. Una partera poco precavida duda de la virginidad de María e introduce sus dedos en ella, cosa que le calcina la mano.

No vale la pena elaborar demasiado en el carácter legendario de esta narrativa, el cuál debe ser evidente. El Protoevangelio de Santiago contradice en varios puntos al Nuevo Testamento y claramente no fue escrito con la intención de preservar historia, sino la de articular la ideología de grupos cristianos radicalmente ascetas. Es posible incluso que el documento sea obra de encratitas, miembros de sectas del Siglo II (posteriormente consideradas como herética) que prohibían a sus adherentes casarse, tener relaciones sexuales, beber vino o consumir carne. Sin embargo, pese a su dudosos orígenes, el Protoevangelio se convirtió en una obra extremadamente popular y es con casi toda seguridad el texto que introdujo la idea que los hermanos de Jesús eran realmente medio-hermanos.

El problema es evidente: si efectivamente la fuente de la perspectiva de Epifanio es un documento claramente legendario escrito más de un siglo después de la muerte de Jesús, entonces defender la historicidad de esta perspectiva se complica grandemente. Lamentablemente, un análisis de los escritos de Orígenes y el propio Epifanio parecen demostrar que su perspectiva está conectada con este texto:

Orígenes de Alejandría

Pero algunos dicen, basándose en una tradición hallada en el evangelio según Pedro, como es titulado, o en el Libro de Santiago, que los hermanos de Jesús eran hijos de José con una esposa anterior, con la cual él se casó antes de María. Ahora, aquellos que dicen eso desean preservar el honor de María en su virginidad hasta el final, de modo que su cuerpo (…) no haya conocido relación con un hombre después de que el Espíritu Santo haya entrado en ella y el poder de alto la haya cubierto. Y yo creo que está en armonía con la razón que Jesús haya sido los primeros-frutos entre los hombres de pureza que consiste en la castidad, y María entre las mujeres; pues no sería piadoso adscribirle a nadie más los primeros-frutos de la virginidad. (Comentario sobre el Evangelio de Mateo X,17)

Esta cita nos ofrece abundante material que comentar:

  1. A pesar que Orígenes se incluye entre quienes creen María fue virgen “hasta el final” y que los hermanos de Jesús eran medio-hermanos, él reconoce que en su época dicha opinión no es universal (“algunos dicen”). Esto no es sorprendente si recordamos, por ejemplo, que su contemporáneo Tertuliano creía que Jesús tuvo hermanos reales.
  2. Orígenes explícitamente indica que la raíz de esa creencia se halla en textos apócrifos, y cita en particular al “Libro de Santiago”, el cual sin lugar a dudas es el Protoevangelio de Santiago.
  3. Orígenes admite que quienes creen que Jesús tuvo medio-hermanos no lo hacen por razones de carácter histórico, sino porque “desean preservar el honor de María en su virginidad hasta el final”. En otras palabras, la preocupación teológica por la virginidad de María es primaria, la conclusión histórica que los hermanos de Jesús son medio-hermanos secundaria.
  4. La razón por la que el propio Orígenes admite se adhiere a esta postura no es una razón de carácter histórico sino teológico ya que cree que la Perpetua Virginidad de María “está en armonía con la razón”.

En definitiva, Orígenes nos revela que la creencia que Jesús tuvo medio-hermanos está directamente conectada al Protoevangelio y razonamientos de carácter teológico (no histórico) sobre la virginidad de María. El impacto del Protoevangelio es evidente también en los escritos de Epifanio:

Epifanio de Salamis

Para empezar, cuando fue llegó el momento que la Virgen sea confiada a José, ella no fue dada en matrimonio, ya que él era viudo. El fue llamado su esposo a causa de la Ley, pero la tradición judía es clara en que ella no fue encomendada a él en matrimonio. (…) Pues ¿como pudo un hombre tan anciano quien había perdido su primera mujer tantos años tomar a una virgen como esposa? (Panarion 7.2-5)

En primer lugar, el curso de la naturaleza enteramente los refuta (a quienes dicen que José y María tuvieron hijos). Un anciano de más de ochenta años no tomó una virgen como pareja sexual para empezar; solo la tomó bajo su protección. (…) ¿Como no sería incorrecto que un anciano tenga relaciones una vez más con una pura y honorable virgen? (Panarion 8.4-5)

Él (José) sabía que era una mujer por su apariencia y su feminidad por su género, y sabía que su madre era Ana y su padre Joaquín, y que era pariente de Elisabeth, y que era de la casa y linaje de David. Pero no sabía que nadie en la tierra, especialmente una mujer, sería honrada con tal gloria. (Panarion 17.8)

De estas citas no puede caber duda que la “fuente” de Epifanio no es otra que el Protoevangelio. En efecto, para Epifanio (contradiciendo al Nuevo Testamento), María y José nunca fueron esposos, sino que ella fue simplemente encomendada a él. La virginidad de ella nunca se consumió porque su “pareja” ya era anciana e impotente, y los hermanos de Jesús simplemente eran los hijos naturales de José antes de ser el guardián de María.

La Perspectiva de Epifanio: Conclusiones

Como la postura de Epifanio tiene su raíz en el Protoevangelio de Santiago, defender su historicidad sólo es posible si uno postula que detrás sus evidentes capas de leyenda se hallan ciertas tradiciones históricas que fueron preservadas en Siria, incluyendo que los hermanos de Jesús eran medio-hermanos.

Si bien esto no es imposible, tampoco hay razón alguna para suponerlo. En efecto, si bien no podemos descartar que las Iglesias Sirias hayan preservado durante más de un siglo la tradición de que los hermanos de Jesús eran medio-hermanos (tradición que, vale la pena enfatizar otra vez, no aparece en el Nuevo Testamento) es igual de fácil y quizá más probable proponer que esa tradición emergió a causa de preocupaciones teológicas y ascéticas, las cuales cada vez más conectaban la sexualidad con el pecado y la muerte. El análisis de Orígenes, Epifanio y el Protoevangelio definitivamente apuntan a esa dirección: la preocupación de preservar la virginidad de María por razones teológicas es siempre primaria, la preocupación histórica relativa a los hermanos de Jesús secundaria.

Ni Mateo ni Lucas, incluyeron un solo versículo que sugiera que José tuvo un matrimonio anterior, que no se casó realmente con María, que ya tenía hijos, o que era un anciano. En efecto, la impresión general que causan los evangelios es la opuesta: que José y María se casaron de verdad y que este fue el primer matrimonio de ambos. La solución de Epifanio, pese a no ser tan descabellada como la de Jerónimo, también debe considerarse como menos probable que la más sencilla y natural hipótesis de que Jesús tuvo hermanos reales.

¿Tuvo Jesús hermanos?: Conclusiones

Habiendo analizado las tres hipótesis desde una óptica histórica, concluimos que lo más probable es que los hermanos de Jesús hayan sido hermanos de carne. La posibilidad de hayan sido medio-hermanos, la solución de Epifanio, es posible pero no tiene evidencia a su favor y está basada en tradiciones apócrifas de muy cuestionable origen. Finalmente, la hipótesis de Jerónimo, que los hermanos de Jesús eran sus primos, es la menos plausible al contradecir la filología natural del Nuevo Testamento.

En vista de de estas consideraciones, no es sorpresa que la mayoría de investigadores, exegetas e historiadores modernos cada vez se inclinan más a creer que Jesús tuvo hermanos. Esto también está ocurriendo, sorprendentemente, en círculos de exégesis católica. En efecto, a pesar que la Perpetua Virginidad de María ha sido tradicionalmente entendida como parte del “magisterio infalible” de la Iglesia, la popularización del método histórico-crítico en seminarios y universidades católicas (facilitado por la encíclica de Pío XII, “Divino afflante Spiritu”) abrió la puerta para que sus adeptos puedan explorar antiguas doctrinas a la luz de la metodología moderna.

Nadie otro que el sacerdote John P. Meier, uno de los investigadores contemporáneo más importantes del Jesús Histórico y cuyo trabajo además de gozar del “Imprimatur” fue elogiado por el Papa Benedicto XVI, ha defendido la tesis de que Jesús tuvo hermanos. En efecto, a modo de resumen final, vale la pena leer íntegramente la conclusión que él mismo escribió al respecto:

Related imageEstá de más decir que todos estos argumentos, incluso tomados en conjunto, no pueden producir certeza absoluta en una materia para la cual hay tan poca evidencia. Sin embargo, si – prescindiendo de la fe y enseñanzas posteriores de la Iglesia – se le pide al historiador o exegeta que rinda un juicio basado en el Nuevo Testamento y los textos patrísticos que hemos examinado, vistos simplemente como fuentes históricas, la opinión más probable es que los hermanos y hermanas de Jesús eran hermanos verdaderos.

Este juicio se fundamenta en primer lugar por el criterio de múltiple atestación: Pablo, Marcos, Juan, Josefo y quizá Lucas en Hechos 1:14 hablan independientemente de los “hermanos de Jesús” (o del Señor). La mayoría de sus declaraciones conectan los hermanos (y a veces hermanas) directamente con María la madre de Jesús en frases como “su madre y (sus) hermanos”.

A este hecho inicial de atestación múltiple de fuentes se le debe añadir el sentido natural de “hermano(s)” en todos estos pasajes, juzgados por su uso regular en Josefo y el Nuevo Testamento. El uso del griego en Josefo distingue entre “hermano” y “primo,” notablemente cuando este reemplaza “hermano” con el más exacto “primo” al reescribir historias bíblicas. Es por lo tanto particularmente significativo que Josefo, un escritor judío independiente del Siglo I, llame a Santiago de Jerusalén, sin más, “el hermano de Jesús.”

En el Nuevo Testamento no hay un solo caso donde “hermano” claramente signifique “primo” o siquiera “hermanastro,” mientras que hay abundantes casos en los que significa “hermano físico” (completo o medio). Este es el sentido natural de “adelfos” en Pablo, Marcos, y Juan; Mateo y Lucas aparentemente siguieron y desarrollaron ese sentido. El uso de Pablo es particularmente importante porque, al contrario de Josefo y los evangelistas, él no está simplemente escribiendo sobre eventos pasados transmitidos mediante fuentes orales o escritas. Él habla de los hermanos del Señor como personas que él ha conocido, personas que siguen vivas cuando él escribe. Su uso de “hermano” obviamente no está determinado por una reverenciada tradición evangelística cuyas formulaciones él no quiere alterar. Y Pablo, o un discípulo cercano, nos demuestra que la tradición Paulina conocía perfectamente una palabra para “primo” (“anepsios” en Col 4:10). Consecuentemente, desde un punto de vista puramente filológico e histórico, la opinión más probable es que los hermanos y hermanos de Jesús eran hermanos reales. (Un Judío Marginal, Vol I)

BIBLIOGRAFÍA

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8 comentarios en “¿Tuvo Jesús hermanos?

  1. Muy bueno y detallado tu escrito. Aunque es materia polémica sin duda, sobre todo para los de fe católica. Por favor continúa.
    No se si es tu siguiente entrega, pero creo que queda pendiente porque la Iglesia asumió la postura contraria a la conclusión que expones.

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  2. Debe realizarse un estudio más amplio. Es necesario analizar otros aspectos. Si María no es virgen entonces Jesús no sería Dios. Ezequiel 44:1ss dice q cuando Dios entra por una puerta nadie más puede entrar o abrir esa puerta. Si Jesús era Dios entonces nadie más pudo abrir esa puerta, María. Pero al afirmar que por esa puerta paso alguien más, es equivalente a decir Jesús no es Dios.

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    • Gracias por su comentario. Que Jesús sea Dios o no es una pregunta que no puede contestarse a través de las ciencias históricas. Es una pregunta teológica.

      Respecto de si la perpetuidad de la virginidad de María tiene algo que ver con la deidad de Jesús, históricamente hablando esa idea no aparece entre los primeros cristianos. Ningún autor del Nuevo Testamento se preocupa por establecer su perpetuidad, a pesar que algunos de ellos (especialmente Juan), retratan a Jesús como una divinidad (Juan ni siquiera menciona la virginidad de María antes del parto). Igualmente, como explico en el artículo, hubieron Padres de la Iglesia como Tertuliano que creyeron en la divinidad de Jesús, pero igual pensaban que su madre no fue una virgen perpetua.

      El pasaje que se cita, Ezequiel 44:1-3, simplemente no hace referencia a María. Esa es una interpretación posterior, hecha a la luz precisamente de la idea que ella fue una virgen perpetua. El pasaje en su contexto histórico original no habla de eso. Hay que leer bastante entre líneas para concluir que “Esta puerta permanecerá cerrada. No se abrirá, ni entrará nadie por ella, porque por ella entró el Señor y Dios de Israel” hace referencia a María y que, por lo tanto, si ella tuvo más hijos entonces Jesús no podría ser Dios.

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  3. Parece que la cabra siempre tira al monte…. No os ha dejado sobresalientemente claro el autor de la entrada de que estamos ante estudios basados en razonamientos puramente históricos y tangibles con la metodología crítica literaria y no con ojos teológicos que siguen anclados en las percepciones de hombres del siglo II.
    Por favor a los que persistan en hacer lo negro blanco….podéis hacerlo, es vuestro derecho, pero en el medio adecuado, que seguro que hay cientos de blog puramente teológicos.

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  4. Buen día, sobre el tema de los hermanos de Jesús, según si creemos en Dios, todos somos hijos de él, por consiguiente todos seríamos hermanos, aunque no de sangre, pero si espiritualmente.
    De que si tuvo hermanos o no, aquí le dejo lo que escribió el apóstol Mateo capítulo 10: versículo 1-2.
    “Entonces reunió a sus 12 discípulos y les dio autoridad sobre los espíritus malignos, para expulsarlos y también para curar todo tipo de enfermedades y todo tipo de dolencias. Estos son los nombres de los 12 apóstoles: primero Simón (al que llaman Pedro) c y su hermano Andres; Santiago hijo de Zebedeo y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo el cobrador de impuestos; Santiago hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el Cananita,* y Judas Iscariote (el que más tarde traicionó a Jesús).”
    Ahora bien aquí demuestra que los los Santiago son hijos de Zebedeo y de Alfeo, lo que quiere decir que se descarta la teoría de que eran hermanos de sangre de Jesús sobre Simon, en el texto nos habla que Simon es cananita, lo que tambien lo descarta me queda pendiente Jose, pero mas adelante daré sobre su origen.

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