El Apocalipticismo de los Primeros Cristianos

La creencia que Dios estaba a punto de intervenir decisivamente a favor de su pueblo era una esperanza extremadamente común en el judaísmo de los tiempos de Jesús. Esta convicción frecuentemente se articulaba a través de expectativas mesiánicas y apocalípticas, las cuales a su vez tuvieron un efecto palpable en la formación cristianismo primitivo. En esta entrada voy a analizar la influencia que el apocalipticismo judío tuvo en el pensamiento de los primeros cristianos.

Second Coming
Luego vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco. Su jinete se llama Fiel y Verdadero. Con justicia dicta sentencia y hace la guerra. Sus ojos resplandecen como llamas de fuego, y muchas diademas ciñen su cabeza. Lleva escrito un nombre que nadie conoce sino solo él. Está vestido de un manto teñido en sangre, y su nombre es «el Verbo de Dios». (Apocalipsis 19:11-13)

¿Qué es el apocalipticismo judío?

Anteriormente, le dediqué una entrada completa a analizar el mesianismo y apocalipticismo judío, entrada que recomiendo sea leída antes de proseguir con esta ya que aquí, por motivos de espacio, me limitaré a presentar solo sus aspectos esenciales.

Alrededor de los tiempos de Jesús emergieron varios movimientos judíos, tanto militares como religiosos, que compartían la fe que pronto Dios le devolvería a Israel su autonomía. Por el lado militar podemos encontrar movimientos como los Zelotes, la rebelión de Judas de Galilea y los seguidores del “Mesías” Simón bar Kojba, todos los cuales iniciaron revueltas en contra de Roma convencidos que Dios les daría la victoria. Del lado religioso, grupos como los Esenios, los Fariseos, y los seguidores de los auto-proclamado profetas Teudas y “El Egipcio” también estaban convencidos que Dios estaba a punto de restaurar a Israel, aunque lo haría mediante un milagro en vez del poder de las armas. Aquellos que predicaban una inminente intervención liberadora frecuentemente estaban empapados de la ideología apocalíptica, ideología popular en ese tiempo que figura en textos contemporáneos como el libro de Daniel, cuarto libro de Esdras, el segundo libro de Baruc, el Testamento de los Doce Patriarcas, el libro de Enoc, el libro de Jubileos, así como los famosos Rollos del Mar Muerto.

Para los judíos apocalípticos, el mundo material estaba dominado por poderes demoniacos que se manifestaban a través de enfermedad, muerte, y, ante todo, en la opresión de Israel. El poderío de las fuerzas de las tinieblas, sin embargo, estaba a punto de llegar a su final. Después de un periodo de intensa tribulación, Dios revelaría su poder en el mundo humano para violentamente derrocar a estos poderes, trayendo un juicio cósmico donde sus santos elegidos serían recompensados mientras que los perversos opresores castigados. Iniciaría una era de paz sobrenatural, con la soberanía de Israel restaurada y el pueblo judío purificado. La propia muerte sería derrotada, por lo que los elegidos de Dios gozarían de vida eterna y los mártires se levantarían físicamente de sus tumbas para participar en el Nuevo Israel. El mundo material, ahora liberado de la influencia de los poderes de la oscuridad, se transformaría en un paraíso para el disfrute de los santos de Dios. Así, para los judíos apocalípticos, la redención de Israel sería mucho más que el restablecimiento de una nación soberana, sino que marcaría la destrucción del orden presente y el inicio de una Nueva Era. El momento de la redención estaba cerca. El fin de los tiempos había llegado.

War Scroll
El “Rollo de la Guerra”, parte de los Rollos del Mar Muerto donde se describe la inminente batalla final entre “los Hijos de la Luz” contra “los Hijos de las Tinieblas”

Los judíos mantenían vivo el recuerdo la promesa hecha por Dios al rey David que siempre habría un descendiente suyo gobernando Israel (ver, por ejemplo, 2 Sam. 7:16, Sal. 110: 11-12, Sal. 89: 3-4, 1 Cro. 17:14), promesa que quedaría incumplida mientras los israelitas vivan bajo el yugo de la opresión extranjera. Es por eso que los judíos, tanto los apocalípticos como no-apocalípticos, albergaban la esperanza que uno de sus descendientes, llamado el Mesías o el Cristo, emergería como el legítimo soberano de Israel para llevarlo hacia su independencia. Para algunos, el Cristo sería un líder militar que derrotaría las legiones imperiales mediante espadas y escudos. Para otros, sería un líder religioso similar a Moisés que liberaría a los judíos exclusivamente mediante la intervención sobrenatural de Dios. Dentro de la imaginación apocalíptica, la aparición del Mesías o el Cristo frecuentemente se convertía en parte íntegra de la batalla final entre las fuerzas de la luz y las tinieblas. Solo cuando el Mesías esté finalmente sentado en el trono la redención de Israel y del mundo estarían completas. 

La influencia de este cóctel de ideas mesiánico-apocalípticas es palpable dentro del cristianismo primitivo. El cristianismo inició en una época de intensas expectativas mesiánicas por Jesús de Nazaret, un judío cuyos seguidores lo proclamaron Mesías e hijo de David, cuyo mensaje principal fue la llegada del Reino de Dios, que practicaba exorcismos para expulsar poderes demoníacos, y que enseñó habría una resurrección corporal donde los justos serían recompensados mientras los malvados castigados. Este predicador entraría en conflicto con las autoridades, las cuales lo crucificarían por llamarse “Rey de los Judíos”. Sin embargo, sus seguidores proclamarán que resucitó físicamente y que ascendió al Cielo desde donde bajará para traer juicio a la humanidad. Así, incluso un análisis superficial indica que el cristianismo primitivo está verdaderamente empapado, saturado, de la ideología mesiánico-apocalíptica. En efecto, la perspectiva dominante entre investigadores bíblicos modernos es que el cristianismo tuvo sus orígenes precisamente como uno de los movimientos mesiánicos que emergieron en el siglo I. Bajo esta óptica, las primeras comunidades cristianas habrían sido comunidades apocalípticas, comunidades que estaban a la espera del inminente Final de los Tiempos y cuya teología original giraba alrededor de prepararse para el pronto regreso de su líder, el Mesías Jesús de Nazaret, quién traería consigo un juicio cósmico que resucitaría a los muertos y daría inicio a una Nueva Era.

Last Judgement
La Segunda Venida de Cristo

El Apocalipticismo en la Iglesia Primitiva

El Apocalipticismo en las Cartas de Pablo

Las cartas del apóstol Pablo fueron redactadas alrededor del año 55 d.C., décadas antes que los evangelios, convirtiéndolas en los textos cristianos más antiguos que tenemos a nuestra disposición. A través de su análisis, podemos aprender que Pablo y sus seguidores creían que el regreso de Jesús estaba cerca. Extremadamente cerca. Uno de los ejemplos más impactantes es en la Primera Carta a los Tesalonicenses, probablemente la carta más antigua de Pablo (lo que lo convertiría en el texto cristiano más antiguo de todos). Algunos miembros de la comunidad de Tesalónica han fallecido, cosa que ha causado gran angustia entre sus miembros y Pablo escribe a consolarlos. Lo que resulta sorprendente, sin embargo, es como decide hacerlo:

“Hermanos, no queremos que ignoren lo que va a pasar con los que ya han muerto, para que no se entristezcan como esos otros que no tienen esperanza. ¿Acaso no creemos que Jesús murió y resucitó? Así también Dios resucitará con Jesús a los que han muerto en unión con él. Conforme a lo dicho por el Señor, afirmamos que nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera nos adelantaremos a los que hayan muerto. El Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire.” (1 Tes. 4:13-17)

Pablo en ningún momento consuela a sus oyentes hablando del “alma” yendo al “Cielo”. Al contrario, el consuelo de Pablo es característicamente judío y apocalíptico: habrá una resurrección física en un futuro tan cercano que algunos miembros de la congregación todavía estarían vivos para presenciarla. En efecto, para Pablo, el retorno de Jesús y la resurrección universal ocurrirían en su propia generación. La inminencia de la llegada de Jesús es reforzada en los versículos posteriores:

Ahora bien, hermanos, ustedes no necesitan que se les escriba acerca de tiempos y fechas, porque ya saben que el día del Señor llegará como ladrón en la noche. Cuando estén diciendo: «Paz y seguridad», vendrá de improviso sobre ellos la destrucción, como le llegan a la mujer encinta los dolores de parto. De ninguna manera podrán escapar. Ustedes, en cambio, hermanos, no están en la oscuridad para que ese día los sorprenda como un ladrón. Todos ustedes son hijos de la luz y del día. No somos de la noche ni de la oscuridad. No debemos, pues, dormirnos como los demás, sino mantenernos alerta y en nuestro sano juicio. Los que duermen, de noche duermen, y los que se emborrachan, de noche se emborrachan. Nosotros que somos del día, por el contrario, estemos siempre en nuestro sano juicio, protegidos por la coraza de la fe y del amor, y por el casco de la esperanza de salvación; pues Dios no nos destinó a sufrir el castigo, sino a recibir la salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tes. 5:1-9)

El regreso de Jesús está cerca y llegará súbitamente, “como un ladrón en la noche”, motivo por el cual se debe estar en vigilancia constante. Aquellos que no estén preparados “no podrán escapar” del castigo divino. La “salvación” de Pablo, por lo tanto, es una salvación de carácter judío y apocalíptico: pronto el poder de Dios se revelará dentro del mundo humano y solo un grupo de elegidos podrá “salvarse” de la destrucción para poder formar parte del Mundo Nuevo que vendrá después.

Paul the Apostle Was a (Possibly) Gay, Elite Radical Who Believed ...
Pablo escribiendo sus cartas

Durante siglos, los exegetas cristianos han buscado interpretaciones de este tipo de pasajes que eviten la implicación que Pablo pensaba que el final estaba cerca, frecuentemente insistiendo que el “nosotros” del que habla Pablo hace referencia a la Iglesia cristiana en general, la cual todavía existiría cuando finalmente Jesús baje del Cielo (presumiblemente siglos después). Esta interpretación, sin embargo, además de violentar el significado gramatical simple del texto y no tomar en cuenta su contexto histórico, ignora la propia naturaleza de las cartas paulinas. Las cartas de Pablo siempre tuvieron como propósito resolver problemas concretos en las primeras comunidades cristianas (en este caso, calmar a la congregación después de la muerte de algunos de sus integrantes). Es correspondencia privada, correspondencia que Pablo jamás imaginó sería leída siglos después de su muerte. Consecuentemente, cuando Pablo indica que “nosotros” estaremos vivos cuando regrese Jesús y que por lo tanto “nosotros” debemos estar siempre vigilantes, no tiene sentido interpretar ese “nosotros” como una referencia a una hipotética comunidad viviendo siglos o milenios en el futuro. Sobre este punto, Bart Ehrman comenta:

“(R)esulta claro que Pablo esperaba que él y algunos de los Tesalonicenses estarían vivos cuando se consume este drama apocalíptico. Él contrasta a “los que ya han muerto” con “nosotros, los que estemos vivos y hayamos quedado hasta la venida del Señor”. El tampoco parece tener idea alguna que sus palabras serían discutidas después de su muerte, mucho menos leídas y estudiadas más de diecinueve siglos después. Para él, el final de los tiempos era inminente.” (The New Testament: A Historical Introduction, pp. 336)

La teología apocalíptica de la Primera Carta a los Tesalonicenses tiene eco en cartas posteriores de Pablo. En la Primera Carta a los Corintios, por ejemplo, escribe:

“Fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados. Porque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria».” (1 Cor. 15:51-54)

Para Pablo, el regreso de Jesús marcará la resurrección de los muertos y la glorificación del cuerpo de los elegidos que estén con vida. No está hablando de un “más allá” inmaterial, sino que, como buen judío apocalíptico, está hablando de una transformación material este mundo. Esa transformación ocurriría en tan poco tiempo que presumiblemente algunos miembros de la comunidad de Corinto, así como quizá el propio Pablo, no morirían, sino que sus cuerpos serían transformados aún en vida. En las propias palabras de Pablo, “a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos” (1 Cor. 10:11).

Dare to Discipline: Lessons from Saint Paul – Catholic World Report
Pablo predicando

La perspectiva apocalíptica de Pablo es igualmente palpable en sus enseñanzas personales. Por ejemplo, al argumentar que permanecer soltero es preferible al matrimonio, este escribe:

“En cuanto a las personas solteras, no tengo ningún mandato del Señor, pero doy mi opinión como quien por la misericordia del Señor es digno de confianza. Pienso que, a causa de la crisis actual, es bueno que cada persona se quede como está. ¿Estás casado? No procures divorciarte. ¿Estás soltero? No busques esposa. Pero, si te casas, no pecas; y, si una joven se casa, tampoco comete pecado. Sin embargo, los que se casan tendrán que pasar por muchos aprietos, y yo quiero evitárselos. Lo que quiero decir, hermanos, es que nos queda poco tiempo. De aquí en adelante los que tienen esposa deben vivir como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que se alegran, como si no se alegraran; los que compran algo, como si no lo poseyeran; los que disfrutan de las cosas de este mundo, como si no disfrutaran de ellas; porque este mundo, en su forma actual, está por desaparecer. (1 Cor. 7:25-31)

Pablo aconseja permanecer soltero no por una exaltación moral a la castidad, sino porque creía estar viviendo en las tribulaciones del Final de los Tiempos (“la crisis actual”). En ese contexto, el matrimonio podía ser en una peligrosa e innecesaria distracción. ¿Cual es el punto de formar una familia si el mundo está por acabarse? Toda la energía debía estar enfocada en prepararse para el juicio inminente, pues “queda poco tiempo” y “este mundo, en su forma actual, está por desaparecer”. El momento del juicio se acerca, motivo por el cual las comunidades cristianas debían estar en vigilancia y preparación constante, listas para presentarse ante Jesús cuando baje del Cielo (ej.: Fil. 1:6, 10, 2:16). Las numerosas exhortaciones morales de Pablo en sus cartas responden, por lo tanto, a su perspectiva apocalíptica: 

Hagan todo esto estando conscientes del tiempo en que vivimos. Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos. La noche está muy avanzada y ya se acerca el día. Por eso, dejemos a un lado las obras de la oscuridad y pongámonos la armadura de la luz. (Rom. 13:11-12)

Los ejemplos textuales podrían multiplicarse, pero el punto ya debe de haber quedado claro. El apóstol Pablo, así como las comunidades a las que escribió, creían estar viviendo en el Final de los Tiempos. La fe de Pablo por lo tanto encuentra continuidad dentro del imaginario judío apocalíptico de su tiempo: Dios estaba a punto de inaugurar una era libre de sufrimiento, injusticia, muerte, y el verdadero Mesías finalmente se sentaría en el trono. Lo que distinguió a Pablo (y los primeros cristianos) de otros judíos apocalípticos fue la creencia que el Mesías de Dios era Jesús de Nazaret, quién ya había venido una vez y estaba a punto de manifestarse por segunda ocasión, momento en el que finalmente cumpliría con sus expectativas mesiánicas y apocalípticas (la restauración de Israel, la resurrección de los muertos, etc.). Para Pablo y los primeros cristianos, el proceso mediante el cual Dios traería la redención definitiva a este mundo ya había iniciado y su consumación estaba cerca en el horizonte. Para ellos, el fin de los tiempos les había llegado.

El Apocalipticismo en otras epístolas del Nuevo Testamento

Aunque la tradición eclesiástica atribuyó la autoría de las demás epístolas del Nuevo Testamento a la mano de los primeros apóstoles, hoy en día la investigación moderna ha puesto en duda dicha atribución. En efecto, existe un consenso sustancial que estos textos son o bien documentos anónimos cuya autoría fue erróneamente atribuida a los primeros apóstoles, o, alternativamente, escritos por cristianos posteriores en nombre de ellos. Para nuestros propósitos, sin embargo, es innecesario resolver aquí esa cuestión. Independientemente de si estas epístolas fueron realmente redactadas por los primeros apóstoles o por cristianos posteriores, lo cierto es que en todo caso son documentos de gran antigüedad, escritos dentro de los primeros cien años de la muerte de Jesús, por lo que son extremadamente útiles para investigar cuáles eran las creencias y expectativas de las primeras comunidades cristianas. En efecto, al igual que con las cartas de Pablo, a través de estas epístolas tenemos otra fuente que confirma el carácter apocalíptico de la Iglesia Primitiva.

La Epístola de Santiago nos provee un sólido ejemplo. El autor de este documento emplea lenguaje apocalíptico para condenar a los ricos opresores y darle ánimos a los pobres oprimidos, ya que la justicia divina está a la vuelta de la esquina:

“Ahora escuchen, ustedes los ricos: ¡lloren a gritos por las calamidades que se les vienen encima! Se ha podrido su riqueza, y sus ropas están comidas por la polilla. Se han oxidado su oro y su plata. Ese óxido dará testimonio contra ustedes y consumirá como fuego sus cuerpos. Han amontonado riquezas, ¡y eso que estamos en los últimos tiempos!  (…) Ustedes han llevado en este mundo una vida de lujo y de placer desenfrenado. Lo que han hecho es engordar para el día de la matanza.  (…) Por tanto, hermanos, tengan paciencia hasta la venida del Señor. Miren cómo espera el agricultor a que la tierra dé su precioso fruto y con qué paciencia aguarda las temporadas de lluvia. Así también ustedes, manténganse firmes y aguarden con paciencia la venida del Señor, que ya se acerca. No se quejen unos de otros, hermanos, para que no sean juzgados. ¡El juez ya está a la puerta! (San. 5:1-9)

El autor de la Epístola de Santiago comparte la creencia de otros judíos apocalípticos que cuando Dios finalmente se manifieste habrá un revés de fortunas: los opresores serán castigados mientras que los oprimidos serán reivindicados. El momento de este revés está casi aquí. El juez ya está en la puerta

How Hell Has Been Depicted in Art History - Artsy
Tormento de los ricos opresores

Por otro lado, otras epístolas usan la ideología apocalíptica para explicar los problemas que surgían en las primeras comunidades cristianas. Este es el caso de la Primera Epístola de Juan, la cual atribuye una reciente ruptura ideológica dentro de su iglesia a un síntoma de las tribulaciones del Final de los Tiempos:

“Queridos hijos, esta es la hora final, y así como ustedes oyeron que el anticristo vendría, muchos son los anticristos que han surgido ya. Por eso nos damos cuenta de que esta es la hora final. Aunque salieron de entre nosotros, en realidad no eran de los nuestros; si lo hubieran sido, se habrían quedado con nosotros. Su salida sirvió para comprobar que ninguno de ellos era de los nuestros.” (1 Juan 2:18-19)

Perspectiva similar es compartida por el autor de la Epístola de Judas, quién explica la “infiltración” de individuos inmorales como el cumplimiento de aquello que debía ocurrir al acercarse la Última Hora:

“Ustedes, queridos hermanos, recuerden el mensaje anunciado anteriormente por los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo. Ellos les decían: «En los últimos tiempos habrá burladores que vivirán según sus propias pasiones impías». Estos son los que causan divisiones y se dejan llevar por sus propios instintos, pues no tienen el Espíritu.” (Judas 1:17-19)

Por otro lado, el autor de la Primera Epístola de Pedro también utiliza lenguaje apocalíptico, pero esta vez para explicar el rechazo y persecución sufrida por la comunidad cristiana en manos de los paganos. En efecto, poco después de indicar que “ya se acerca el fin de todas las cosas(4:7), el autor anuncia que “no se extrañen del fuego de la prueba que están soportando, como si fuera algo insólito” (4:12) ya que “es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios!” (4:17). 

Al acercarse el Fin del Mundo, los judíos apocalípticos creían habría un periodo de intensa adversidad y tribulación donde los santos elegidos de Dios serían puestos a prueba. Todos estos autores, por lo tanto, interpretan los problemas de sus comunidades en clave apocalíptica. Para ellos, las injusticias, disputas y divisiones que vivían en su día a día tenían un origen y explicación sobrenatural: eran los dolores del parto, síntomas de la intensa batalla entre las fuerzas de la luz y la oscuridad cuya culminación se acercaba a paso acelerado. Para los primeros cristianos, el drama apocalíptico del Final de los Tiempos no eran algo distante que se consumaría siglos después, sino que era precisamente aquello que explicaba sus tribulaciones presentes. La hora final había llegado.

El Apocalipticismo en el Libro del Apocalipsis 

Sin embargo, el texto que más revela en carácter apocalíptico del cristianismo primitivo es aquél que lo lleva en su nombre: el libro del Apocalipsis, también llamado el libro de Revelaciones o las Revelaciones de Juan.

Este es sin duda el texto menos comprendido de todo el Nuevo Testamento. Muchas de las confusiones que rodean a este texto nacen del hecho que la mayoría de personas ignora que no era único, sino que se compusieron varias obras similares en la antigüedad. En efecto, libro del apocalipsis forma parte de un género literario, concretamente, el género apocalíptico, por lo que podemos aprender mucho de este texto en particular al estudiar la función y características de su género literario en general.

Beasts
“Entonces vi que del mar subía una bestia, la cual tenía diez cuernos y siete cabezas. En cada cuerno tenía una diadema, y en cada cabeza un nombre blasfemo contra Dios. (…) El dragón le confirió a la bestia su poder, su trono y gran autoridad.” (Apoc. 13:1-3)

La literatura apocalíptica emergió en círculos judíos alrededor del siglo II a.C., aunque ya existían precedentes importantes en la literatura profética del Antiguo Testamento (notablemente, el libro de Ezequiel). Los textos de este género siempre giran en torno a una revelación divina hecha al autor (la palabra “apocalipsis” significa en griego “revelación”). Esta revelación, sin embargo, nunca era directa, sino que se hacía mediante bizarras visiones simbólicas, o extrañas visitas guiada al Cielo. Ahora bien, las misteriosas visiones que venían de lo alto siempre tenían relevancia dentro del contexto social y político terrenal del autor. En efecto, a través de su intrincado simbolismo, los textos apocalípticos buscaban demostrar que los eventos que ocurrían dentro del mundo humano “aquí abajo” estaban conectados con eventos que ocurrían en el plano divino “allá arriba”. El sufrimiento humano no carecía de sentido, sino que cosas como la opresión de Israel, la prosperidad de los apóstatas y el sufrimiento de los justos eran manifestaciones materiales de la lucha sobrenatural entre las fuerzas del bien y del mal. Ahora bien, el autor siempre traía consigo buenas noticias. A través de sus visiones celestiales, el futuro le era revelado: la batalla estaba por terminar y Dios saldría triunfante. Así, la literatura apocalíptica se caracteriza asegurarle a los oprimidos que al final del día, dentro de poco, la justicia sería victoriosa. Raymond Brown describe al género de este modo:

“Las visiones del mundo sobrenatural o del futuro ayudaban a interpretar las presentes circunstancias en la tierra, las cuales eran casi siempre trágicas. (…) Los apocalipsis son generalmente dirigidos a aquellos que viven en tiempos de sufrimiento y persecución tan desesperada que son vistos como la manifestación del mal supremo. (…) La esperanza de una solución histórica ha desaparecido en favor de una intervención divina directa que le pondrá fin a todo. Usado muy frecuentemente un acercamiento dualista, el apocalipticista visualiza aquello que ocurre en la tierra como parte de una titánica lucha en el otro mundo entre Dios o los ángeles de Dios y Satán y sus ángeles.” (An Introduction to the New Testament, loc. 15318)

Es precisamente por esto que todo intento de interpretar al libro del Apocalipsis como predicciones de eventos que ocurrirían en un futuro lejano al autor (ej.: en el siglo XXI) son absurdos y necesariamente condenados al fracaso. Como correctamente indica Arthur Bellinzoni:

“Existe una tendencia por parte de muchos cristianos de leer las Revelaciones de Juan como un pronóstico del futuro, como si el autor estuviese hablando de nuestro tiempo o de un futuro inmediato o distante a nosotros. Consecuentemente, en el pensamiento de muchos fundamentalistas cristianos, toda inundación, terremoto, o desastre natural contemporáneo es interpretado como parte del drama apocalíptico de Juan. Las personas han identificado el número de la bestia (666) con papas católicos, con individuos como Adolfo Hitler, Josef Stalin, e incluso presidentes estadounidenses. Desde la perspectiva del análisis histórico moderno, todos estos esfuerzos por leer la historia moderna dentro de las Revelaciones de Juan están errados, mal informados y confundidos.” (The New Testament: An Introduction to Biblical Scholarship, pp. 404)

El libro del Apocalipsis, al igual que los libros de su género, fue redactado para darle sentido a los eventos que ocurrirían en el presente inmediato de su audiencia original y sabemos exactamente quién era esa audiencia, pues el propio libro nos lo indica: “escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete iglesias: a Éfeso, a Esmirna, a Pérgamo, a Tiatira, a Sardis, a Filadelfia y a Laodicea” (1:11). El texto nunca tuvo como destinatario a personas viviendo milenios en el futuro, sino que estuvo dirigido a siete comunidades cristianas en el siglo I. En efecto, una vez uno lee el libro dentro de su contexto original, mucho de su extraño simbolismo se vuelve sencillo de descifrar, incluso transparente. El libro del Apocalipsis trata sobre el acoso sufrido por las primeras comunidades cristianas en manos del Imperio Romano, el cual es presentado como la manifestación suprema del poder de Satán. Por ejemplo, la Bestia cuyo número es 666 es con toda probabilidad el emperador Nerón (la suma de las letras hebreas de “César Nerón” suman 666), la “Ramera de Babilonia” es sin duda una referencia a la ciudad de Roma (la Ramera está sentada en una bestia con siete cabezas que simbolizan “siete colinas”, Roma fue fundada entre siete colinas), etc. El libro del Apocalipsis, por lo tanto, retrata la persecución sufrida por los primeros cristianos en la sociedad greco-romana como la materialización de la batalla entre las fuerzas de la luz y las tinieblas: Dios contra Satán, Cristo contra César. 

Comparison Rome Whore
La “Ramera de Babilonia” y una moneda romana donde Roma es representada como una mujer sentada en siete colinas

Sin embargo, el sufrimiento de los cristianos no será en vano. El poderío de Roma pronto será reemplazado por un Nuevo Israel y Nueva Jerusalén, la cual el autor ve bajar del Cielo (21:10), los mártires serán resucitados y recompensados (20:12), mientras que Satán y sus sirvientes (humanos e inhumanos) serán arrojados a un lago de fuego junto con la Muerte misma (20:10, 14-15). Así, la mismísima Creación será restaurada, con un nuevo cielo y una nueva tierra, donde los elegidos vivirán libres de sufrimiento pues Dios les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir” (21:4). El Mesías de Dios por fin estará sentado en el trono (22:3). Toda la constelación ideológica del apocalipticismo judío está presente en este texto: la restauración de Israel, la resurrección de los muertos, la inminente derrota de las fuerzas del mal, el entronamiento del Mesías y la llegada de una era libre de sufrimiento. La línea divisoria entre el judaísmo y cristianismo se hace aquí borrosa. Aquello que hace que este libro sea “cristiano” en vez de “judío” radica en que el futuro Mesías no es una misteriosa figura anónima, sino que es claramente identificado como el resucitado Jesús de Nazaret. Será él y nadie otro quien restaurará Israel y liderará las huestes celestiales hacia a la victoria.

Teaching on the Book of Revelation and End Times Prophecy (Session ...
 “Lo siguen los ejércitos del cielo, montados en caballos blancos y vestidos de lino fino, blanco y limpio.” (Apoc. 19:14)

¿Cuándo sucederá todo eso? Los oprimidos solo deben de resistir solo un poco más, pues la llegada del desenlace final está muy cerca:

  • “Esta es la revelación de Jesucristo, que Dios le dio para mostrar a sus siervos lo que sin demora tiene que suceder.” (1:1)
  • “Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de este mensaje profético y hacen caso de lo que aquí está escrito, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca. (1:3)
  • “El ángel me dijo: «Estas palabras son verdaderas y dignas de confianza. El Señor, el Dios que inspira a los profetas, ha enviado a su ángel para mostrar a sus siervos lo que tiene que suceder sin demora»”.(22:6)
  • (Jesús dice) «¡Miren que vengo pronto! Dichoso el que cumple las palabras del mensaje profético de este libro». (22:7)
  • También me dijo: «No guardes en secreto las palabras del mensaje profético de este libro, porque el tiempo de su cumplimiento está cerca. (22:10)
  • (Jesús dice) «¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa, y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho». (22:12)
  • “El que da testimonio de estas cosas, dice: «Sí, vengo pronto»”. (22:20)

Una vez más Arthur Bellinzoni está en lo correcto al escribir:

“La aserción en Apoc 1:3 «porque el tiempo está cerca» (ὁ γὰρ καιρὸς ἐγγύς, ho gar kairos engus) debía ser tomada literalmente por esas comunidades (las siete iglesias). Juan obviamente esperaba que el final de la historia llegase dentro de poco, quizá en su vida o en la vida de sus oyentes o lectores. En consecuencia, el tuvo como intención que sus visiones sirvan de advertencia a esas iglesias de no amoldarse a la sociedad Greco-Romana contemporánea la cuál Juan “desenmascara” como bestial, demoníaca, y sujeta a juicio divino.” (The New Testament: An Introduction to Biblical Scholarship, pp. 404-405) 

El Apocalipticismo fuera del Nuevo Testamento

La evidencia de que las primeras generaciones cristianas estaban empapadas de la ideología mesiánico-apocalíptica también puede encontrarse en los textos cristianos más antiguos que no forman parte del Nuevo Testamento. Este es el caso de lo escrito por Papías de Hierápolis, uno de los primeros Padres de la Iglesia, quién escribió a principios del siglo II cuando todavía estaban vivos algunos de los oyentes de los apóstoles. Papías redactó cinco volúmenes titulados “Exposición de las Enseñanzas del Señor” donde, interrogando a estos oyentes, puso por escrito algunas de las tradiciones orales que circulaban en la Iglesia primitiva, incluyendo enseñanzas de Jesús que no figuran en los evangelios. Lamentablemente, estos volúmenes no fueron preservados y lo único que sobrevive de ellos son algunos fragmentos citados por otros Padres de la Iglesia. Uno de estos, citado por Ireneo de Lyons, preserva una supuesta enseñanza de Jesús recordada por el apóstol Juan sobre cómo sería el mundo al llegar el Reino de Dios:  

Los ancianos, que vieron a Juan el discípulo del Señor, refieren que oyeron de él que el Señor acostumbraba enseñar respecto a aquellos tiempos y decir: “Vendrán días en que crecerán vides, cada una de las cuales tendrá diez mil brotes, y cada brote diez mil ramas, y cada rama diez mil ramitas, y en cada ramita diez mil racimos, y en cada racimo diez mil granos, y cada racimo, una vez prensado, producirá veinticinco medidas de vino. Y cuando alguno de los santos habrá tomado en la mano uno de estos racimos, otro gritará: Yo soy un racimo mejor; tómame, bendice al Señor a través de mí. Del mismo modo, un grano de trigo producirá diez mil espigas, y cada espiga tendrá diez mil granos, y cada grano diez libras de harina fina, brillante y limpia, y los otros frutos, semillas y hierbas producirán proporciones similares, y todos los animales, usando estos frutos que son productos del suelo, se volverán pacíficos y armoniosos, obedientes al hombre en toda sujeción. (…) Pero estas cosas son creíbles a los que creen. Y cuando Judas el traidor no creyó, y preguntó: “¿Cómo van a ser realizadas estas cosas por el Señor?” Refiere que el Señor le dijo: “Lo verán los que lleguen a esos tiempos. Esos son los tiempos de los que habló el profeta Isaías «el lobo se recostará con el cordero»”.  (Adversus Haereses 33. 3, 4)

No es necesario resolver aquí la pregunta de si el fragmento realmente preserva una enseñanza histórica de Jesús (aunque hay buenas razones para creerlo). Lo importante es que este fragmento nos indica el tipo de expectativas que tenía la primera generación cristiana respecto a la llegada del Reino de Dios. No estaban esperando un mundo espiritual, sino un mundo físico, donde todavía comerían, beberían y existirían animales silvestres. Un mundo bendecido por una superabundancia agricultural de tal magnitud que incluso los animales carnívoros se volverían pacíficos. Un mundo transformado no por cambios sociales o políticos, sino por la intervención sobrenatural de Dios.

Papias, Ehrman and the Gospels | faithful philosophy and the past
Papías de Hierapolis //  Ireneo de Lyons

No es sorpresa entonces que ideas e imágenes apocalípticas sean recurrentes en la literatura cristiana del siglo II. En la Epístola de Bernabé, redactada probablemente en Alejandría alrededor del año 130 d.C, el autor repetidas veces advierte a sus lectores que están viviendo en “los últimos días” y que deben prepararse para el asalto final de “el Negro” y el “Príncipe Malvado” (4.9-13). La Didaché, manual catequético de principios del siglo II, concluye con un epílogo escatológico que advierte estar en guardia para la venida de Jesús (Did. 16). La Primera Carta de Clemente, probablemente escrita a finales del siglo I, le dedica buena parte de su contenido a enfatizar la resurrección física de los muertos y la llegada del juicio divino (23-28). Del mismo modo, el Apocalipsis de Pedro, escrito a mediados del siglo II y considerado como autoritativo por algunos Padres de la Iglesia como Clemente de Alejandría y Metodio de Olimpia, ofrece detalles sobre la resurrección universal, el tormento que sufrirán los condenados y las recompensas de los justos. En definitiva, incluso fuera del Nuevo Testamento, la imaginación cristiana  estaba empapada de expectativas de un juicio y restauración inminentes, no muy distintas a las que podemos hallar en el judaísmo apocalíptico de ese tiempo.

Making A Difference | with Pastor Phil Erickson | Page 20

El problema de las expectativas incumplidas

Sin embargo, uno de los signos más claros que las primeras generaciones cristianas pensaba que el Final era inminente fue la necesidad de crear explicaciones cuando ello no sucedió. Esto ocurre con bastante claridad en dos de los textos menos antiguos del Nuevo Testamento: el epílogo del Evangelio de Juan y la Segunda Epístola de Pedro. 

Pese a que tradicionalmente se atribuyó la Segunda Epístola de Pedro a la mano autora de Pedro, discípulo de Jesús, la investigación moderna es esencialmente unánime en que dicho texto fue escrito décadas después de su muerte en la primera mitad del siglo II. Además de citar textos que habrían sido redactados después de la muerte de Pedro, la epístola describe una Iglesia mucho más madura, con una estructura interna y canon de Escrituras mucho más desarrolladas que las que existieron durante la vida del apóstol (ver, por ejemplo, 3:16). Igualmente, en esta carta aparece una preocupación bastante curiosa: tratar de explicar porque el Fin del Mundo no ha llegado aún:

“Ante todo, deben saber que en los últimos días vendrá gente burlona que, siguiendo sus malos deseos, se mofará: «¿Qué hubo de esa promesa de su venida? Nuestros padres murieron, y nada ha cambiado desde el principio de la creación». (…) Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan. Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas. Pero, según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia.” (2 Ped. 3: 3-13)

La primera generación cristiana ha perecido y el Fin de los Tiempos no ha llegado. Paganos y judíos empiezan a mofarse. Pero el autor tiene una explicación: la aparente tardanza se debe a que “para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día”. El hecho que el autor vea necesario explicar porqué el Fin del Mundo no ha llegado aún sólo puede explicarse si existía una expectativa anterior que este llegaría de inmediato. En otras palabras, si la primera generación cristiana no esperaba un final inminente, poco sentido tendría tener que dar explicaciones respecto de su aparente tardanza. Curiosamente, el autor de la epístola no parece diferir el final hacia un futuro indeterminado, sino que todavía escribe bajo la perspectiva de que el regreso de Jesús está en el horizonte (la mofa sufrida es síntoma de estar viviendo “en los últimos días”), motivo por el cuál las comunidades cristianas deben continuar “siguiendo una conducta intachable y esperando ansiosamente la venida del día de Dios”.

ALL SAINTS: ⛪ Saint John the Apostle
Juan apóstol, tradicionalmente identificado con “el discípulo a quién Jesús amaba”

Una táctica defensiva similar aparece en el epílogo del Evangelio de Juan, el último de los evangelios en ser escrito. Este epílogo relata una aparición del Jesús resucitado donde habla con Pedro y “el discípulo a quién Jesús amaba”, discípulo que la tradición identificó con Juan, hijo de Zebedeo: 

Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre Jesús y le había dicho: «Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?» Al verlo, Pedro preguntó: «Señor, ¿y este, qué?» «Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más.» Por este motivo corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino solamente: «Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?» (Jn. 21:20-24)

En este epílogo Jesús le dice a Pedro que, de ser su voluntad, “el discípulo a quién Jesús amaba”, quedaría vivo hasta su Segunda Venida. El evangelista indica que fue ese el motivo por el cual “corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría.” Sin embargo, el autor se apresura en clarificar que la promesa de Jesús sólo era condicional: el discípulo quedaría vivo hasta la Segunda Venida únicamente si era la voluntad de Jesús. La realidad histórica subyacente es clara. Existía una creencia que Jesús regresaría tan pronto que uno de sus discípulos todavía estaría vivo para su llegada. Sin embargo, cuando murió este, fue necesario encontrar una explicación que resuelva la desconfirmación de sus expectativas, explicación que se añadió al epílogo de este evangelio.

¿Cuál fue el origen del apocalipticismo cristiano?

Existe una correlación entre la fecha de composición de los textos y el tiempo a esperar antes del fin. Las cartas de Pablo, los textos más antiguos del Nuevo Testamento, sitúan el regreso de Jesús en un futuro casi inmediato y los evangelios sinópticos indican que la primera generación cristiana “no pasará” sin que haya regresado Jesús (Mc. 13:30 // Mt.24:34 // Lc. 21:32). Como vimos, mucho del material epistolario así como el Libro del Apocalipsis también colocan el regreso de Jesús en el horizonte cercano. Sin embargo, ya para el momento composición del Evangelio de Juan y la Segunda Epístola de Pedro es necesario implementar un “control de daños”, explicando porqué el fin no ha llegado aún. Entre más antigua nuestra fuente, más pronto se esperaba el regreso. Este patrón parece indicar que la expectativa de un final inminente tuvo sus orígenes el la propia prédica de Jesús de Nazaret. E.P. Sanders ofrece esta reconstrucción de los hechos:

La historia de estos ajustes a la creencia que Dios haría algo dramático cuando los contemporáneos de Jesús todavía estarían con vida es fácil de reconstruir. Jesús originalmente dijo que el Hijo del Hombre vendría en el futuro inmediato, cuando sus oyentes todavía estarían con vida. Después de su muerte y resurrección, sus seguidores predicaron que este vendría inmediatamente – es decir, simplemente interpretaron al “Hijo del Hombre” como una referencia a Jesús mismo. Luego, cuando las personas empezaron a morir, dijeron que algunos todavía estarían vivos. Cuando casi toda la primera generación había muerto, mantuvieron que un discípulo quedaría con vida. Entonces murió, y se hizo necesario sostener que Jesús ni siquiera le había realmente prometido a ese discípulo que viviría para ver el gran día. Para el momento que llegamos a uno de los últimos libros del Nuevo Testamento, 2 Pedro, el retorno del Señor ha sido pospuesto aún más: algunas personas se mofan y dicen ‘¿Que hay de la promesa de su llegada?’ Pero recuerden, ‘con el Señor un día es como mil años y mil años son como un día’ (2 Pedro 3.3-8). El Señor no es realmente lento, pero más bien utiliza otro calendario. En las décadas después de la muerte de Jesús, entonces, los cristianos tuvieron que revisar sus expectativas una y otra vez. (The Historical Figure of Jesus, pp. 180)

Este patrón también es visible en la teología de los textos en sí. Los textos más antiguos que tenemos (ej.: las cartas de Pablo) presentan una teología orientada al futuro, una que coloca su énfasis en el futuro retorno de Jesús. Sin embargo, textos posteriores empiezan poco a poco a colocar su énfasis en el presente. El Evangelio de Lucas, por ejemplo, enfatiza los aspectos comunitarios de la Iglesia mientras que el Evangelio de Juan empieza a retratar la salvación de Jesús como una realidad espiritual que puede ya disfrutarse en el presente. Grupos cristianos posteriores como los gnósticos que redactaron el Evangelio de Tomás llevarán esta perspectiva a su extremo radical, negando totalmente que el mundo material vaya a ser redimido y presentando una salvación exclusivamente de carácter espiritual, accesible al creyente en el aquí y el ahora (ej.: Tom. 3). Una vez más, el patrón se repite: entre más antigua la fuente más es su énfasis apocalíptico, sugiriendo que ese énfasis tuvo su origen en la prédica del Jesús Histórico. Sobre este punto, Bart Ehrman comenta: 

Las fuentes más antiguas que tenemos consistentemente le adscriben un mensaje apocalíptico a Jesús. Este mensaje empieza a ser silenciado a finales del primer siglo (ej.: en Lucas), hasta que virtualmente desaparece (ej.: en Juan), y empieza, entonces, a ser explícitamente rechazado y despreciado (ej.: en Tomás). Parece ser que cuando el final nunca llegó, los cristianos tuvieron que lidiar con el hecho que Jesús dijo que lo haría y cambiaron su mensaje acordemente. Difícilmente puedes culparlos. (Jesus, Apocalyptic Prophet of the New Millennium, pp. 134)

En efecto, para la mayoría de investigadores, la explicación más sencilla que explicaría el carácter apocalíptico del cristianismo primitivo sería que el propio Jesús Histórico haya sido un predicador apocalíptico. Es posible, claro está, que Jesús no haya compartido esa perspectiva y que hayan sido sus seguidores quienes, influenciados por su entorno judío, torcieron o malinterpretaron sus palabras. Académicos como John Dominic Crossan, quién niega que Jesús haya sido un apocalipticista, han intentado defender precisamente esa tesis. Pero, ¿es realmente posible que en tan poco tiempo los seguidores de Jesús hayan alterado el mensaje de su maestro? ¿Qué tan probable puede ser que las primeras generaciones cristianas hayan sido apocalípticas si su maestro no lo fue?

Sermon on the Mount: King Jesus

Lamentablemente, la pregunta de si el Jesús Histórico fue un predicador apocalíptico es una que rebasa el alcance y espacio de este artículo. Ello será material para una serie de entradas futuras.

BIBLIOGRAFÍA

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  • Bellinzoni, Arthur J. The New Testament: an Introduction to Biblical Scholarship. Wipf And Stock Pub, 2016.
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  • Collins, John J. The Oxford Handbook of Apocalyptic Literature. Oxford University Press, 2014.
  • Crossan, John Dominic. The Historical Jesus. HarperCollins Publishers, 1992.
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  • Ehrman, Bart D. Jesus: Apocalyptic Prophet of the New Millenium. Oxford University Press, 1999.
  • Ehrman, Bart D. The Apostolic Fathers. 2003.
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  • Malina, Bruce J., and John J. Pilch. Social-Science Commentary on the Letters of Paul. Fortress Press, 2006.
  • Piñero Antonio, and Segura Eugenio Gómez. El Juicio Final: En El Cristianismo Primitivo y Las Religiones De Su Entorno. Edaf, 2010.
  • Piñero, Antonio. Aproximación Al Jesús Histórico. Trotta, 2018.
  • Sanders, E. P. Paul, the Law, and the Jewish People. Fortress Press, 1996.
  • Sanders, E. P. The Historical Figure of Jesus. Penguin Books, 1996.
  • Sanders, E. P., and Mark A. Chancey. Paul and Palestinian Judaism: A Comparison of Patterns of Religion. Fortress Press, 2017.

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Esta entrada es parte de un grupo dedicado a explorar el carácter apocalíptico de Jesús y el cristianismo primitivo. Otras entradas dentro de esta categoría son:

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Un comentario en “El Apocalipticismo de los Primeros Cristianos

  1. Estupendo artículo. Me ha aportado muchísimo. Muchas gracias por compartir y divulgar de manera clara, concisa, sencilla y precisa estos temas. No es fácil tratar estos temas tan poco difundidos con orden, rigor, esencialidad y claridad. Incluso las ilustraciones son oportunas y dan un toque de calidad estética. Que Dios lo bendiga y lo guíe siempre. Agradecido de todo corazón.

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