¿Quién escribió el Evangelio según San Juan?

En entradas anteriores discutí la autoría de los tres evangelios sinópticos, indicando las razones por las cuales los estudiosos modernos rechazan de forma prácticamente unánime que estos hayan sido realmente escritos por Mateo, Marcos y Lucas. En esta entrada discutiré la autoría del último evangelio canónico: el Evangelio según San Juan. Al igual de lo que ocurre con los sinópticos, el consenso moderno es que este documento no fue escrito por Juan, sino que fue redactado décadas después de la muerte del apóstol.

Juan
Juan el Evangelista, simbolizado por un águila

Es conveniente hacer un breve repaso de lo que ya discutí anteriormente respecto a la autoría de los evangelios canónicos. Los cuatro evangelios, incluyendo el de Juan, son formalmente anónimos. En ningún momento ninguno de los autores nos da su nombre. No solamente eso, sino que ningún autor cristiano indicó que estos documentos fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas o Juan sino hasta finales del Siglo II. Antes de eso, los autores cristianos (como por ejemplo Ignacio de Antioquía, Policarpo de Smyrna o Justinio el Mártir) citaban y empleaban estos documentos sin indicar que fueron escritos por apóstoles.

No solamente eso, sino que todos los evangelios canónicos, incluyendo a Juan, fueron escritos originalmente en griego (Juan en concreto está escrito en un griego excelente) y la evidencia lingüística descarta que hayan sido traducidos del hebreo o arameo, la lengua de Jesús y sus primeros seguidores. En el caso de Juan, la cuestión es aún más problemática, ya que Juan el apóstol es descrito en todas nuestras fuentes históricas como un pescador de la Galilea rural, es decir, un campesino que era sin lugar a dudas iliterato (las estimaciones modernas sugieren que solo el 3% de la población de la palestina bajo el Imperio Romano sabía leer y escribir). ¿Que hizo entonces que la Iglesia de finales del Siglo II atribuyese este texto a la autoría de Juan, Hijo de Zebedeo?

Porque se atribuyó este evangelio a Juan

Al igual que en el caso de los otros evangelios, no tenemos ningún documento histórico que nos indique de forma explícita cuales fueron las razones que llevaron a la Iglesia del Siglo II a creer que Juan fue el autor de este documento. Del mismo modo, no tenemos constancia de ninguna tradición o rumor anteriores al Siglo II que indiquen que Juan haya dejado por escrito nada sobre la vida de Jesús (a diferencia de Mateo y Marcos). Sin embargo, a pesar de esto, podemos hacernos una buena idea de cuál fue el raciocinio empleado para concluir que este texto fue escrito por Juan.

Al igual que con el Evangelio de Lucas, las razones que parecen haber llevado a la Iglesia primitiva a concluir que Juan fue el autor de este documento fueron internas al mismo. Concretamente, dos pasajes del evangelio indican que este fue escrito basándose en el testimonio “del discípulo a quien Jesús amaba”. Reproduzco a continuación los pasajes en cuestión:

Pero, cuando se acercaron a Jesús y vieron que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante le brotó sangre y agua. El que lo vio ha dado testimonio de ello, y su testimonio es verídico. Él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. (Juan 16: 33-35)

Al volverse, Pedro vio que los seguía el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre Jesús y le había dicho: “Señor, ¿quién es el que va a traicionarte?” Al verlo, Pedro preguntó: “Señor, ¿y este, qué?” Jesús contestó: “Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú sígueme no más. Por este motivo corrió entre los hermanos el rumor de que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino solamente: “Si quiero que él permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?” Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas, y las escribió. Y estamos convencidos de que su testimonio es verídico. (Juan 21:20-25).

Pedro, Santiago y Juan son los apóstoles estrella de la tradición sinóptica. Son, por ejemplo, los que presencian la Transfiguración

Ahora bien, ¿quién es “el discípulo a quien Jesús amaba”? El Evangelio de Juan no nos da la respuesta. En efecto, el nombre de este discípulo no es dado en ningún lugar del evangelio. No solo eso, sino que Juan hijo de Zebedeo tampoco es mencionado en ningún lugar del evangelio. ¿Por qué entonces se identificó a Juan con “el discípulo a quien Jesús amaba”? El razonamiento más probable es que la iglesia del Siglo II se apoyó en los evangelios sinópticos para hacer esa identificación. En los evangelios sinópticos, existen tres discípulos que tienen un rol muchísimo más prominente que los demás: Pedro, y los dos hijos de Zebedeo Santiago y Juan. Ahora bien, Pedro claramente no puede ser “el discípulo a quien Jesús amaba” ya que en uno de los pasajes donde se menciona al este discípulo también aparece Pedro como una persona distinta. Igualmente, tampoco podía ser Santiago, hijo de Zebedeo, ya que la tradición sostenía que él fue martirizado poco tiempo después de la muerte de Jesús y el segundo pasaje hace referencia a una tradición de que este discípulo permanecería vivo hasta el regreso de Jesús, cosa que indica que el discípulo tuvo larga vida. Consecuentemente, por eliminación, la Iglesia del Siglo II parece haber inferido que este discípulo era Juan, hijo de Zebedeo.

Porqué la atribución es incorrecta

Es necesario conceptualmente separar dos cuestiones distintas. Primero, ¿es razonable asumir que el “discípulo a quien Jesús amaba” era Juan, hijo de Zebedeo? Y segundo, ¿es razonable creer que el “discípulo a quien Jesús amaba”, sea quien sea, es el autor del evangelio? Trataré ambas cuestiones separadamente.

La primera cuestión es una cuestión estrictamente literaria e interna al evangelio: ¿quiso el autor, sea quien sea, que “el discípulo a quien Jesús amaba” sea identificado con Juan, hijo de Zebedeo? Vale una vez más insistir en que Juan en ningún momento es mencionado por nombre en todo el evangelio y que la Iglesia del Siglo II parece haberse apoyado en la tradición sinóptica para asociar al misterioso discípulo amado por Jesús con Juan. Sin embargo, un análisis literario del Evangelio de Juan parece indicarnos que este no tenía conocimiento de los evangelios sinópticos, sino que el autor usó fuentes propias. En efecto, las discrepancias entre Juan y los sinópticos respecto a los eventos narrados, su orden, su tono y teología son claras indicaciones de que estos evangelios se redactaron por separado. Esta impresión es reforzada cuando caemos en cuenta de que incluso las historias que Juan y los sinópticos tienen en común emplean vocabularios y construcciones gramaticales diferentes, lo que indica una redacción independiente.

Consecuentemente, podemos afirmar el evangelio de Juan no es un evangelio “complementario” a la tradición sinóptica (como a veces se ha afirmado) ya el autor no parece haber estado en contacto con ella. Esto a su vez significa que es inadecuado apoyarse en la tradición sinóptica para identificar al misterioso “discípulo a quien Jesús amaba”.

Se ha propuesto que el “discípulo a quien Jesús amaba” se refiere a Lázaro

El evangelio nos da pocas pistas para identificar a este discípulo. Algunos estudiosos han propuesto que el evangelio se refiere a Santiago, hermano de Jesús, debido a que en la cruz Jesús le dice a María su madre que ese discípulo “es su hijo”. Otros proponen que se trata de Lázaro, ya que con anterioridad el evangelio indica que Jesús amaba a esa persona (Juan 11:5). Sin embargo, estas teorías son altamente especulativas. Lo más probable es que la identidad del discípulo haya sido conocida por los integrantes de la comunidad donde se redactó el evangelio originalmente, motivo por el cual el autor no se preocupó en clarificar su identidad.

Ahora bien, ¿es posible que ese discípulo desconocido haya sido el autor del evangelio de Juan? Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que absolutamente ninguno de los pasajes donde se habla de ese discípulo están escritos en primera persona. No solo eso, sino que los dos pasajes “clave” donde se hace referencia al testimonio de este discípulo explícitamente indican que este no es el autor material del evangelio. En efecto, el primer pasaje claramente nos dice que “su testimonio es verídico” mientras que el segundo indica claramente que ese discípulo ya había muerto cuando el evangelio alcanzó su forma final. En efecto, ambos pasajes clave indican que el evangelio está basado en el testimonio de este discípulo, no que el haya sido el autor. Ahora bien, ¿como debemos de entender que el evangelio haya sido “basado” en el testimonio de este discípulo? ¿Es eso verosímil?

Existe un factor crucial a tomar en cuenta para contestar estos interrogantes. Un análisis cuidadoso de la redacción del evangelio revela que este evangelista, al igual que Lucas y Mateo, no escribió el evangelio por su cuenta sino que empleó múltiples fuentes anteriores, editándolas juntas para crear el documento final. En efecto, los especialistas en la materia identifican lo que denominan “costuras literarias”, lugares del documento donde se evidencia que dos o más fuentes fueron “cosidas” juntas para crear un documento mixto. En el Evangelio de Juan, esas costuras se evidencian cuando la narrativa no fluye de modo adecuado, evidenciando que se está pasando de una fuente a otra o donde ha habido una edición del material original. Por ejemplo:

  • En Juan 2:11 Jesús realiza lo que el autor denomina su primer “signo” (i.e.: milagro) al convertir agua en vino, y en Juan 4:54 realiza el segundo al realizar una sanación. Pero en Juan 2:23, es decir, después del primer signo, pero antes del segundo, el evangelio nos indica que “muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía”. Esto es un problema narrativo, ya que hasta ese momento el autor explícitamente os ha dicho que Jesús solo ha hecho únicamente un signo.
  • En Juan 2:23 se nos indica que Jesús se halla en Jerusalén, la capital de Judea donde tiene una discusión con Nicodemo. Sin embargo, una vez concluido el dialogo, el texto dice que “(d)espués de esto Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea”. Esto es extraño ya que evidentemente Jesús y sus discípulos ya están en Judea, en su mismísima capital. (Ojo, algunas traducciones como la Nueva Traducción Viviente, intentan solventar el error del evangelista al traducir “región” como “campo”, diciendo así que Jesús se movió al “campo de Judea”. Esta traducción es incorrecta. Afortunadamente la gran mayoría de traducciones no cometen este error.)
  • En Juan 5:1, el autor nos indica que Jesús viaja nuevamente a Jerusalén y todo el capítulo 5 transcurre en ese lugar. Sin embargo, al empezar el capítulo 6, en Juan 6:1, el autor de modo inexplicable indica que “Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea”. Esto es imposible. ¿Como se puede ir Jesús a la “otra” orilla del mar de Galilea si se encuentra en Jerusalén, ciudad que no queda ni remotamente cerca de dicho mar?.
  • En la narración de la Última Cena, tanto Pedro como Tomás le preguntan a Jesús a donde va (Juan 13:36 y 14:5 respectivamente). Sin embargo, más adelante, Jesús les recrimina a sus discípulos que ninguno la ha preguntado a donde va (Juan 16:5).
  • En esa misma narración de la Última Cena, al final del capítulo 14, Jesús les indica a sus discípulos “¡Levántense, vámonos de aquí” (Juan 14:31). Pero en vez de levantarse e irse, Jesús continúa hablando, dando un largo discurso (el Discurso de la Vid) que no termina sino hasta una oración que concluye el capítulo 17. En efecto, ni Jesús ni sus discípulos se levantan y se van sino hasta Juan 18:1.

La multiplicidad de fuentes empleadas lleva a los estudiosos a la siguiente conclusión: es inapropiado pensar en un autor del evangelio. El Evangelio de Juan es el resultado de una hábil combinación de diversas fuentes, escritas en diversos momentos y por diversos individuos. El autor de este evangelio no es una persona, es una comunidad que a través del tiempo redactó, acumuló y editó textos de diversa índole hasta que al final un editor definitivo le dio la forma presente a este evangelio. Ahora bien, ¿qué podemos saber de esta comunidad? Y, ¿existe evidencia que alguna de las fuentes usadas en la edición final del documento fue el testimonio del misterioso “discípulo a quien Jesús amaba”?

Quién escribió el Evangelio según San Juan

Debe ahora quedar claro porqué la comunidad académica rechaza que Juan, hijo de Zebedeo, haya sido el autor de este evangelio. No solo Juan era sin lugar a dudas un campesino iliterato que hablaba arameo, sino que el propio evangelio indica que el autor no era un discípulo de Jesús. Pero aún más, el análisis del texto revela múltiples capas de edición, y, consecuentemente, múltiples fuentes, editores y autores. En efecto, los estudiosos identifican varias fuentes subyacentes al texto, entre ellas:

  1. Un “Himno a Cristo”. Este habría sido incorporado al evangelio como el famoso prólogo donde se identifica a Jesús con el divino Verbo (“Logos”, “λόγος”).
  2. Un “Libro de Signos”. Un documento que narraba siete milagros (“signos”) hechos por Jesús. Este documento los presentaría de modo cada vez más impresionante, terminando con Jesús levantando a Lázaro. Este documento hubiese concluido con el pasaje que ahora se encuentra en Juan 20:30-31 que nos dice “Jesús hizo muchas otras señales milagrosas en presencia de sus discípulos, las cuales no están registradas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que al creer en su nombre tengan vida.” Este escrito habría probablemente sido originalmente un texto misionero, un documento originalmente diseñado para convencer a posibles conversos del poder de Jesús. Este documento se habría editado posteriormente para conectar cada uno de estos siete signos con siete discursos de Jesús.
  3. Varias fuentes de discursos. El evangelio (en especial la Última Cena) está salpicado de discursos que parecen ser independientes de la narración en su conjunto. La existencia de múltiples fuentes de discursos explicaría la costura literaria encontrada en Juan 14:31.
  4. Una “Narrativa de la Pasión”. Los capítulos 18-20 del evangelio, donde se relata el juicio y crucifixión de Jesús, parecen haber pertenecido originalmente a un documento independiente.
  5. Un relato de una aparición del Jesús resucitado. Al final del evangelio se añade un episodio donde Jesús se le aparece a Simón Pedro y al famoso “discípulo al que Jesús amaba”. Este episodio parece no haber sido parte del documento original, ya que este probablemente concluía originalmente en Juan 20:31.

Estas fuentes (entre otras) habrían sido redactadas, entrelazadas, editadas, y modificadas por una comunidad cristiana durante décadas hasta que finalmente un editor final creó el documento que fue puesto en circulación a través del Imperio Romano, documento que hoy en día conocemos como “El Evangelio según San Juan”.

Ahora bien, ¿es razonable creer que en algún lugar de este complejo entramado de fuentes y ediciones haya existido el testimonio de un discípulo de Jesús, el “discípulo a quien Jesús amaba”? ¿O es este discípulo una figura puramente ficticia? Es difícil dar una respuesta sólida. Sin embargo, vale la pena notar que en varios lugares el evangelio demuestra una excepcional familiaridad con la geografía de Judea, las costumbres judías, a la vez que presenta ciertos eventos de forma más verosímil que los sinópticos. Por ejemplo:

  • El Evangelio de Juan nos da detalles concretos de lugares en Jerusalén como el estanque de Betzatá, el Pozo de Jacob, y el estanque de Siloé. Estos detalles son corroborados por investigación arqueológica.
  • El Evangelio de Juan nos indica que los primeros seguidores de Jesús eran discípulos de Juan el Bautista, algo que es más verosímil que el relato sinóptico donde Jesús llama a sus discípulos sin haberlos conocido antes.
  • El Evangelio de Juan indica que el motivo detrás del arresto de Jesús era evitar un posible conflicto con los romanos, algo que es más verosímil que el relato sinóptico donde el arresto es motivado puramente por diferencias teológicas con los líderes judíos.
  • El Evangelio de Juan indica que los discípulos de Jesús bautizaban. Un detalle verosímil que está ausente de las narrativas sinópticas.
  • El Evangelio de Juan indica que el ministerio de Jesús duró tres años, durante los cuales este respetó los festivales judíos. El evangelio correctamente identifica estos festivales.
El estanque de Betzatá

Esto no quiere decir que el relato de Juan sea verosímil en su conjunto. Existe una enorme cantidad de pasajes y detalles narrativos del evangelio que difícilmente pueden ser históricos (detalles que cubriré en entradas futuras). En efecto, el Evangelio de Juan, por varios motivos, es el evangelio canónico con más problemas históricos. Sin embargo, entre varios relatos inverosímiles encontramos estas “perlas” de verosimilitud. ¿Que puede significar eso? Me permito especular un poco. En mi opinión (y en la de algunos especialistas), estos toques de verosimilitud indican que detrás del complejo entramado de fuentes y ediciones de este evangelio, si existió el testimonio original de un discípulo. Este discípulo, me aventuro a decir, no era uno de los doce grandes apóstoles sino un seguidor de Jesús que residía en Judea y que probablemente se hizo adepto suyo en una de sus visitas esa región. Este discípulo, después de la muerte de Jesús, habría emprendido una misión itinerante (similar a la de Pablo) siendo el fundador de la comunidad donde este evangelio fue escrito. Así, el testimonio dado por este discípulo original constituiría una de las fuentes primitivas de este evangelio, fuente que posteriormente fue editada, complementada y entrelazada con otros documentos durante un considerable periodo de tiempo hasta producir el documento que hoy en día conocemos como “El Evangelio según San Juan”.

En cualquier caso, lo cierto es que varios rasgos del documento como el nivel de conflicto con el judaísmo que presenta, su extremadamente alta cristología, su evidente contacto con el platonismo, y la evidencia de múltiples fuentes y ediciones indican que la versión final del evangelio fue escrita muy tardíamente. El consenso académico indica que la redacción definitiva de este evangelio ocurrió entre el 90 d.C y el 110 d.C, siendo el último de los evangelios canónicos en ser completado.

BIBLIOGRAFÍA

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  • Vermes Géza. Christian Beginnings: from Nazareth to Nicea. Yale University Press, 2013.

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Esta entrada es el parte de una serie dedicada a la autoría de los cuatro evangelios canónicos. Las entradas que forman parte de esta serie son:

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4 comentarios en “¿Quién escribió el Evangelio según San Juan?

  1. Un comentario lleno de contradicciones; procura ser racional, acaso prepara a los lectores de la biblia para mas adelante decir: LA BIBLIA NO ES CREIBLE O QUE NO DEBEMOS CREER MAS EN ELLA.
    Aquien le importa lo que opinen los criticos modernos?
    Por ejemplo: decir que Jesús hablaba la lengua hebrea y aramea o decir que Juan era pescador campesino, esta menera de decir las cosas es engañarse y engañar. En Israel se hablaba varios idiomas: griego koiné, latin, hebreo y arameo.
    Decir que los judios eran casi iletrados es un insulto a la historia.
    Afirmar que el evangelio de Juan sufrio modificaciones, correcciones… adonde quiere llegar el opinologo?

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    • Con todo respeto, no veo en qué lugar de mi ensayo me he contradicho. Si tiene la amabilidad de apuntar donde lo he hecho rectifico el error.

      Sobre a quién le importa lo que dicen los investigadores modernos, creo que a muchos. A mí, por lo menos, me resulta un área de estudio fascinante por lo que le he dedicado años de estudio.

      En efecto, en la región palestina del Siglo I se hablaba varios lenguajes como el arameo, el griego, el latín, y dialectos proto-arabicos. Pero eso no significa que se hablaban de forma común y en todas partes. En latinoamerica, por ejemplo, se puede encontrar gente que habla español e inglés, pero si uno va a una zona rural probablemente no hablen inglés entre ellos. Lo mismo era con el Griego Koiné en la palestina del Siglo I, había gente que lo hablaba (como Flavio Joséfo o Páblo) pero la gente de las zonas rurales hablaba arameo. El griego no se hablaba de forma común en la palestina del Siglo I del mismo modo que el inglés no se hablaba de forma común en latinoamerica.

      Pero no basta con *hablar* griego para escribir este evangelio. Este evangelio es una composición muy compleja llena de metáforas, simbolismos, adaptación de conceptos platónicos, e inteligente uso de dobles sentidos. El dialogo con Nicodemo en Juan 3, por ejemplo, depende completamente del doble sentido que tiene la palabra “ἄνωθεν” (“anothen”) en griego. En otras palabras, el autor de este texto no solo tenía que *hablar* griego, tenía que *dominarlo*. Tenía que saber leer, escribir, componer y editar en griego a la vez que tenía que estar familiarizado con convenciones literarias greco-romanas, el uso de simbolismo y doble sentido.

      ¿Qué probabilidad hay que Juan, un pescador de la empobrecida Galilea, haya tenido la educación necesaria para todo esto? Prácticamente nula. En las mejores regiones y épocas del mundo antiguo, como la Atenas de Platón, se estima solo entre 10% y 15% de la población era literata. Esto no lo digo yo, esto proviene del reconocido estudio realizado por William Harris, profesor de la Universidad de Columbia. En la región de palestina la situación era aún peor. Catherine Hezser, en su estudio “Literacía en la Palestina Romana” estima que solo un 3% de la población era literata. Los que sabían leer y escribir, evidentemente, eran los pertenecientes a las clases más pudientes en las ciudades, no los campesinos y pescadores de las áreas rurales. Si conoce de estudios académicos del mismo calibre que demuestren lo contrario, le suplico me diga cuales son para leerlos yo mismo. Pero no solo eso, sino que el propio libro de Hechos de los Apóstoles, al describir a los apóstoles, indica que ellos eran “ἀγράμματοί”, “agrammatoi” (Hechos 4:13), palabra que literalmente significa “sin-letras” o “iletrados”, gente sin preparación o estudios.

      Respecto a si el evangelio “sufrió” correcciones y modificaciones, una vez más la opinión de los estudiosos es prácticamente unánime en decir que este es el caso. No me crea a mí, consiga un buen libro universitario de primer año sobre la materia y encontrará la misma información. Personalmente recomiendo el escrito por Bart Ehrman “El Nuevo Testamento, una Introducción Histórica” o el escrito por Raymond Brown “Una Introducción al Nuevo Testamento” (los leí en ingles, pero estoy seguro que habrán traducciones al español). Sea dicho de paso, el fallecido Raymond Brown era un sacerdote católico y aun así llegó a estas conclusiones.

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      • No pierdas tu tiempo respondiendo a gente como “Maximo”, pues hay alto grado de fanatismo y cierran las puertas a la ciencia y a la investigación.

        Por mi parte me parece buena tu aportación “BuhodeMinerva”.

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  2. Una cuestión que olvidaste mencionar ha sido los testimonios de Policarpo de Esmirna y de Ireneo de Lyon que confirman la antiquísima tradición de la autoría del Evangelio de Juan

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