La Exégesis Histórica de los Evangelios: Las Reglas a Seguir

En entradas anteriores analicé la autoría de los evangelios canónicos desde el punto de vista del método histórico-crítico moderno. Terminada esa serie, me voy a mover ahora a analizar el contenido de los cuatro evangelios canónicos desde una óptica histórica y literaria. Por motivos de espacio, los análisis presentados serán necesariamente breves y no pretendo que sean exhaustivos. Más bien, mi objetivo en esta serie es la de ofrecer al lector un “mapa” de los evangelios para que sirva de guía en sus propias lecturas.

Siendo que la perspectiva que guiará estos análisis es estrictamente histórico-literaria existen ciertas “reglas” que necesariamente deben de guiar su curso. Estas normas de interpretación no son invención mía, sino que por el contrario son estándar en círculos académicos. No solo eso, sino que las observaciones y conclusiones que presentaré tampoco son de mi propia cosecha, sino que una vez más son comunes y conocidas en el campo del estudio académico del Nuevo Testamento. Concretamente, el análisis que haré de los evangelios canónicos se apegará a lo siguiente:

  1. La lectura tradicional teológica de los evangelios a menudo intenta mitigar las discordancias entre ellos reconciliándolos en una narrativa única, mezclando y fusionando sus historias, teologías y perspectivas. La metodología histórico-crítica prohíbe estas reconciliaciones forzadas, dejando que el evangelista hable por sí mismo. Los cuatro evangelistas escribieron sus evangelios por separado y tienen perspectivas únicas que impregnan sus escritos. Una lectura histórica de los evangelios consecuentemente intenta recuperar esa perspectiva original. Así, el contenido cada evangelio se analizará de modo individual sin apelar a los demás. Por el mismo motivo, el análisis literario de los cuatro evangelios se hará sin emplear construcciones teológicas posteriores. Esto no significa que sea ilegítimo leer a los evangelios desde una perspectiva teológica, sino que simplemente esa perspectiva es inadecuada para el fin histórico que se persigue.
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  2. El análisis presentado asumirá la validez de la Hipótesis de las Cuatro Fuentes como solución al “Problema Sinóptico”. En otras palabras, se asume que Marcos fue el primer evangelio escrito y que luego Mateo y Lucas lo usaron como fuente para sus propios evangelios. Estos dos evangelistas usaron además una segunda fuente común, que hoy los investigadores denominan “Q” a la vez que usaron fuentes propias (“M” y “L”) para completar sus evangelios. Juan, por otro lado, escribió su evangelio aparte sin tener contacto con los otros tres. Esto es de particular interés ya que se puede aprender mucho de la perspectiva de un autor analizando como este a editado y modificado sus fuentes, cosa que será posible hacer en el caso de Mateo y Lucas. Para facilitar que el lector pueda comparar los cuatro evangelios lado a lado y ver esas diferencias, he creado una sección de materiales donde se pueden descargar los cuatro evangelios con anotaciones útiles que facilitan su comparación.
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  3. En conexión con el punto anterior, el análisis-histórico crítico asume la perspectiva moderna respecto a la autoría de los evangelios. Otramente dicho, el análisis contemporáneo de los evangelios da por sentado que estos no fueron escritos por Mateo, Marcos, Lucas o Juan, sino por cuatro autores anónimos décadas después de la muerte de estos personajes. En entradas anteriores expuse en detalle las razones detrás de este escepticismo moderno por lo que me remitiré a ellas. Sin embargo, por conveniencia los investigadores modernos siguen refiriéndose a estos cuatro autores por esos nombres, convención que también seguiré aquí.
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  4. Finalmente, el análisis será hecho al nivel literario del texto, sin entrar a discutir la historicidad de los eventos narrados. En otras palabras, cuando un evangelista narre un hecho la pregunta relevante no será “¿Ocurrió esto de verdad?” sino “¿Qué es lo que el evangelista quiere decirnos?” “¿Cómo encaja este evento en su narrativa?”. Las preguntas relativas a la historicidad de los eventos narrados requieren de otro tipo de herramientas y de un razonamiento mucho más metódico que la simple exégesis del texto, por lo que serán cubiertas en entradas futuras dedicas exclusivamente a eso. No puedo ser más enfático al respecto: el análisis que se hará no presumirá ni negará la historicidad de los eventos narrados. Lo que asumirá es que existe un mundo literario interno al evangelio, donde el autor guía la acción de los personajes de modo coherente con la meta de transmitir un mensaje. Hasta que punto ese mundo literario corresponde con el mundo real es un tema que se dejará para futuro. Sin embargo, si el lector está interesado en un retrato a muy grandes trazos sobre la perspectiva moderna respecto del Jesús Histórico, le invito a leer la entrada que hice al respecto.

Habiendo establecido estas “reglas para el camino”, sin más preámbulo avanzo a desempacar el contenido de los evangelios canónicos, empezando por el Evangelio según San Marcos.

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Esta entrada es parte de una serie sobre la exégesis histórica de los evangelios canónicos. Las entradas que componen esta serie son:

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