Mi Perspectiva Sobre el Argumento de la Contingencia

En una entrada anterior expliqué en que consiste el Argumento Cosmológico de la Contingencia, tratando en lo posible de presentarlo sin dar mi opinión respecto a la validez y cogencia de este. Hice eso no solo por motivos de presentación didáctica, sino también por para evitar una entrada excesivamente larga (a la fecha, esa entrada es mi entrada más larga). En esta entrada daré mi perspectiva personal respecto a ese argumento. En esta entrada voy a asumir que el lector ya está familiarizado con lo expuesto en mi entrada original sobre el argumento, por lo que recomiendo fuertemente que esa entrada sea leída antes de esta.

En la entrada original, vimos que el argumento de la contingencia parece requerir de un concepto coherente de “existencia lógicamente necesaria”, es decir, una existencia cuya negación nos lleve a una contradicción lógica. De este modo, si un ente X tiene existencia lógicamente necesaria entonces decir “X no existe” sería una contradicción similar a decir “este triángulo no tiene tres lados” o “este soltero está casado”. Ahora bien, como se vio en al analizar al Argumento Ontológico Clásico, la idea que la existencia de un ente pueda entenderse como una propiedad de este es sumamente problemática. En efecto, los únicos entes que parecerían de gozar de algo que se aproxima a existencia necesaria son entes abstractos como los números y aún en ese caso no queda claro si decir “el número 7 existe” emplea el concepto de existencia del mismo modo que decir “mi escritorio existe” o, de modo más relevante, “Dios existe”.

Ahora bien, ¿porqué el argumento nos lleva a este aparente callejón sin salida? Mi perspectiva al respecto es que el problema no se halla al final del argumento sino en su primera premisa: el Principio de la Razón Suficiente (en adelante el PRS). En efecto el argumento emplea el PRS de una forma que contamina a todo el argumento desde el inicio y lleva a su defensor a este dilema.

Razones Suficientes y Hechos Brutos

Imaginemos al típico niño curioso que asedia a sus padres con la pregunta “¿por qué?”. El niño curioso le pregunta a su padre porque algo es como es (“¿por qué los pájaros tienen plumas?”) a lo que el padre contesta dando una explicación (“porqué las necesitan para volar”). Sin embargo, el niño curioso no está satisfecho, sino que pregunta porque esa explicación es la correcta (“¿por qué se necesitan plumas para volar?”) a lo que el padre contesta dando una segunda explicación (“porque para volar se necesita desplazar el aire”). El niño, sin embargo, es incesante y ahora pregunta por qué esa tercera explicación es la correcta (“¿por qué se necesita desplazar el aire para volar?”). El padre agotado estará tentado entonces a decir simplemente “porque el mundo es así y ya”. El niño quizá acepte esta explicación, pero quizá todavía alberge la duda de que todavía debe existir una explicación ulterior.

Related imageLa intuición que exhibe el niño curioso no es otra que el PRS. El niño ve el mundo alrededor suyo y se da cuenta de que este pudo haber sido diferente, por lo intuye debe existir una razón por la cual es de este modo y no de otro. Podemos formalizar esta intuición del niño del siguiente modo: por cada proposición verdadera P debe existir una proposición P’ que haga que esa proposición sea verdadera. Ahora bien, el problema que emerge entonces es que parece que esto nos lleva a una cadena infinita de proposiciones. La proposición P se explicaría por la proposición P’, la proposición P’ por la proposición P’’, la proposición P’’ por la proposición P’’’ y así ad infinitum.

El defensor del PRS busca evitar que esta cadena de explicaciones se convierta en una cadena infinita. Sin embargo, su propio principio prohíbe que este “ancle” la cadena de explicaciones en una proposición que sea simplemente verdad sin ulterior explicación. La salida del padre de decir “porque el mundo simplemente es así” no es aplicable. Por este motivo, los defensores del argumento creen que debe existir al menos una proposición lógicamente necesaria que sea capaz de dar explicación al resto de la cadena de proposiciones. Esto es así porque en el caso de proposiciones lógicamente necesarias, la proposición P y su explicación P’ son la misma proposición ya que el predicado de una proposición lógicamente necesaria está contenido en su sujeto, o, en otras palabras, la proposición se explica a sí misma.

En efecto, consideremos la proposición lógicamente necesaria “todos los triángulos tienen tres lados”. No existe una proposición adicional que haga que esta proposición sea correcta. No tiene sentido preguntar “¿por qué los triángulos tienen tres lados?” Lo que hace que esta proposición sea correcta simplemente es que los triángulos son definidos como figuras de tres lados. Igualmente, la proposición “todo objeto rojo tiene un color” es lógicamente necesaria, ya que el rojo es un color. Las proposiciones lógicamente necesarias son en el fondo tautologías (su predicado simplemente repite la información contenida en el sujeto): los triángulos tienen tres lados porque tienen tres lados y las cosas rojas tienen color porque tienen color (etc.).

Sin embargo, si es verdad (como yo y muchos filósofos creen) que la existencia de ningún ente puede ser lógicamente necesaria (salvo quizá la “existencia” de entes abstractos como números), entonces esto es una mera ilusión. La cadena de explicaciones no puede descansar, al menos exclusivamente, en proposiciones lógicamente necesarias porque la existencia de entes no-abstractos no puede ser lógicamente necesaria. Consecuentemente, algo debe estar mal con el PRS.

Creo que la falla de este principio se hace evidente cuando nos damos cuenta de que existe otra forma de formalizar el PRS. Hay otra forma de formalizar la intuición del niño. Lo que lleva al niño a preguntar “¿por qué?” es que este puede concebir un mundo distinto del que lo rodea, por lo que el intuye que debe existir una razón por la cual el mundo es como es y no de otro modo. De este modo, el PRS puede formalizarse de este otro modo: por cada proposición verdadera P, si algo distinto a P es concebible (∼P), entonces debe existir una proposición P’ que haga que P sea verdad en vez de no-P.

La imaginación humana es capaz de concebir mundos completamente imposibles.

Noten que esta segunda formalización del PRS tiene el mismo contenido que la primera y nos lleva exactamente al mismo callejón sin salida, ya que la única forma de cortar la cadena de explicaciones sería que esta se apoye en al menos una proposición cuya negación sea inconcebible (es decir, en proposiciones lógicamente necesarias). Sin embargo, mientras que la primera formalización del PRS nos puede resultar intuitiva, esta segunda formalización pone en evidencia cual es el problema: ¿por qué el mero hecho que se pueda concebir un hecho de un modo diferente hace que se requiera una explicación de porqué el hecho es cómo es? ¿Realmente el mero hecho que pueda imaginar un mundo donde P sea falso garantiza que existe una explicación de porqué P es verdadero? En efecto, expresado de este modo, nos damos cuenta que el PRS le coloca un peso enorme (e indebido) a la concebibilidad de contra-factuales, ya según este principio la mera posibilidad de concebir un contra-factual ipso facto asegura la existencia de una explicación de porqué un hecho es como es y no de otro modo. Pero esto parece llevar las cosas demasiado lejos. No veo razón por la cual la mera posibilidad de imaginar que algo sea distinto garantiza que exista una razón de porque algo sea del modo que es.

Principio de la Razón Suficiente Revisado

Si el PRS es falso, entonces significa que existen ciertas proposiciones que simplemente son verdaderas sin que exista una razón ulterior porqué. En otras palabras, si el PRS es falso entonces existen proposiciones verdaderas cuya negación es concebible sin que exista una razón ulterior de porque son así. Estas proposiciones serían entonces lo que se denominan hechos brutos, hechos que simplemente son así.

Related imageEsto, sin embargo, parece chocar con nuestra razón. Si entramos a nuestra casa y encontramos una pelota en nuestra sala que no estaba ahí cuando nos fuimos nunca se nos ocurriría pensar “la pelota simplemente apareció ahí y ya” sino que buscaríamos algún tipo de explicación de cómo llegó a ese lugar. Nunca pensaríamos que la misteriosa pelota es un “hecho bruto”. Este es precisamente el motivo por el cual el PRS es tan intuitivo en primer lugar: resulta repugnante a nuestra razón la posibilidad de que existan cosas sin explicación.

Ahora bien, existe una excelente razón por la cual esto es así. Nuestro universo es un universo (al menos aparentemente) ordenado por leyes que rigen lo que es y lo que no es posible. Una pelota no puede simplemente materializarse en nuestra sala porque eso violaría una serie de leyes físicas. Es por ese motivo que una pelota en la sala requiere de una explicación. Pero noten que aquí el motivo por el cual la pelota requiere de una explicación no es el mero hecho que sea concebible que la pelota no esté ahí, sino que según las leyes físicas que gobiernan nuestro universo, las pelotas no pueden simplemente aparecer de la nada. Consecuentemente la pelota misteriosa requiere ser explicada no porque admita un contra factual imaginable, sino porque es un hecho que no parece cuadrar con las leyes que gobiernan el universo.

Podemos entonces modificar el PRS y expresarlo de este modo: En un universo gobernado por leyes L y poblado por entes E, por cada proposición verdadera P debe existir una proposición P’ que explique, apelando a las leyes L su interacción con los entes E, porque la proposición P es verdadera. Llamemos este principio el “Principio de la Razón Suficiente Revisado” o “PRS2”. Este principio, a diferencia del PRS original, no nos arroja a una cadena infinita de explicaciones, ya que tarde o temprano “anclamos” la cadena de explicaciones en la descripción de las leyes y entes fundamentales que gobiernan y pueblan el universo. Esta “Descripción Fundamental” de las leyes y entes fundamentales del universo sería entonces la proposición primordial que daría explicación al resto de proposiciones.

Ahora bien, ¿es posible que la Descripción Fundamental consista en una proposición lógicamente necesaria? Si el concepto de “existencia lógicamente necesaria” es incoherente (salvo quizá para entes puramente abstractos) entonces la respuesta será necesariamente “no”. La Descripción Fundamental sería entonces un hecho bruto. El defensor del PRS, al igual que el niño curioso, estará tentado entonces a preguntar “¿por qué esas leyes físicas y no otras? ¿por qué esos entes y no otros?”. Sin embargo, estas preguntas, como ya vimos, se fundamentan únicamente en el hecho que el curioso puede imaginarse un contra factual. Sin embargo, el mero hecho que pueda imaginarse un universo donde la Descripción Fundamental sea distinta no significa que deba sorprenderle que la Descripción Fundamental sea como es, ya que, a diferencia de la misteriosa pelota en la sala, la Descripción Fundamental no viola (de hecho, por definición, no puede violar) ninguna expectativa basada en las leyes que gobiernan el universo. La “Descripción Fundamental como hecho bruto” es fundamentalmente distinta a “la pelota misteriosa como hecho bruto” ya que la segunda causa una legítima contradicción a nuestras expectativas mientras que la primera no.

La Descripción Fundamental y Dios

Ahora bien, imaginemos que tenemos en nuestras manos a una Descripción Fundamental correcta del universo que incluye todas las leyes y entes fundamentales que lo gobiernan, ¿probaría eso que Dios no existe? Esto solo ocurriría si esa Descripción Fundamental incluyese únicamente a entes y leyes puramente naturales o mecánicas. En otras palabras, si la totalidad de proposiciones verdaderas del universo descansan finalmente un una Descripción Fundamental que no incluya a Dios, entonces se concluye que Dios no existe ya que todo lo que existe y ocurre en el universo se explicaría sin la necesidad de un ser divino. Esto, sin embargo, no es necesariamente el caso, ya que es igualmente posible que esa Descripción Fundamental incluya la existencia de Dios (o dioses). En efecto, la Descripción Fundamental podría simplemente ser algo como “existe un ser divino (ente fundamental) y su voluntad creadora es eficaz (ley fundamental)”. Pero noten que, bajo este esquema, la existencia de Dios sería simplemente un hecho bruto. Dios no existiría por necesidad lógica (como lo intenta demostrar el Argumento Ontológico o el de la Contingencia), sino que simplemente existiría sin explicación ulterior: sería simplemente parte del entramado fundamental de nuestro universo.

En efecto, el esquema que presento es en principio agnóstico respecto a la existencia de Dios. El hecho que la cadena de explicaciones descanse en una Descripción Fundamental que a su vez es un hecho bruto no nos dice que cosas están incluidas en esa descripción. Puede que la Descripción Fundamental incluya únicamente leyes y entes naturales como son descritos por la física moderna. Pero también es posible que incluya entes y procesos sobrenaturales como los descritos por las tradiciones místicas o religiosas. Esta ambigüedad no puede ser resuelta mediante un argumento a priori o puramente conceptual, sino que dependerá de consideraciones empíricas como: ¿existen los milagros? ¿pueden los procesos naturales-mecánicos explicar el origen de la vida y su diversidad? ¿puede la existencia del sufrimiento reconciliarse con la existencia de una deidad benévola? Dependiendo de la respuesta que se dé a preguntas como estas se aumenta o disminuye la probabilidad de que en la Descripción Fundamental se incluya un ser como Dios o no.

La “Teoría de Todo” como una Descripción Fundamental

Voy a tratar de ser un poco más concreto respecto a que me refiero con una Descripción Fundamental mediante un ejemplo de a donde quiero llegar. La ecuación que incluyo aquí abajo es lo que en la física moderna se conoce como “la Teoría del Todo”. Esta ecuación en principio sintetizaría todas las leyes físicas que gobiernan el universo:

Ahora bien, sabemos que esta ecuación es inexacta. Esto es así por varios motivos, como por ejemplo el hecho de que no tengamos todavía una teoría satisfactoria de la gravedad en términos cuánticos (por lo que usamos relatividad general, aun sabiendo que esta no aplica en escala cuántica). La ecuación, sin embargo, constituye una excelente aproximación a como se vería una autentica “Teoría de Todo”, es decir, una descripción completa de las leyes físicas que gobiernan el universo.

Esto es lo que tengo en mente cuando me refiero a una Descripción Fundamental, ya que, si de verdad llegásemos a construir una ecuación que explique el funcionamiento de todo el universo, entonces todas las proposiciones verdaderas tarde o temprano serían explicadas por esta ecuación. Esta sería la proposición que “ancle” todas las demás proposiciones. Noten que esta no es una proposición lógicamente necesaria, ya que ecuaciones muy distintas son concebibles. Esta ecuación, de ser la verdadera ecuación fundamental, sería un hecho bruto. El defensor del PRS original se quejaría entonces diciendo “debe existir una razón por la cual estas leyes son de este modo y no de otro” pero esto es precisamente lo que niego por las razones que ya expuse. Si estas leyes son auténticamente fundamentales y completas, entonces no hay una explicación ulterior.

Ahora bien, si esta hipotética “Teoría del Todo” de verdad explicase el comportamiento de todos los entes y procesos del universo, entonces Dios no existiría, ya que la totalidad del universo se explicaría apelando únicamente a principios mecánicos. Sin embargo, de existir fenómenos que no puedan ser explicados mediante estos principios, entonces sería indicio de que la ecuación no es una Descripción Fundamental completa, ya que no explicaría la totalidad de los fenómenos que ocurren en el universo. La resurrección de un muerto causada por la actividad de un ser divino, por ejemplo, no podría explicarse mediante esta ecuación. En efecto, en ese momento y en ese lugar la ecuación dejaría de describir la realidad, ya que los átomos que constituyen en cuerpo del resucitado empezarían a comportarse de un modo distinto al descrito en la ecuación. Si eventos como ese de verdad ocurren o han ocurrido en nuestro universo, entonces la “Teoría del Todo” no sería una Descripción Fundamental completa, ya que deberíamos incluir los entes y mecanismos que expliquen estos fenómenos sobrenaturales. El problema, evidentemente, es que no resulta para nada claro si ese tipo de fenómenos de verdad ocurren o no.

 

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Esta entrada forma parte de una serie no concluida que analiza argumentos filosóficos sobre la existencia de Dios. Las entradas de esta serie (a la fecha) son:

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2 comentarios en “Mi Perspectiva Sobre el Argumento de la Contingencia

  1. No obstante, partes de un axioma básico, que no es necesaria una explicación contra factual de un hecho o fenómeno, tan solo por imaginarlo; el axioma opuesto sería que, si es posible una alternativa aunque infinitesimalmente pequeña al orden conocido, es necesaria una explicación de como llegamos a este tipo de orden. Como ambos axiomas están en el mismo nivel (ambos se aceptan como verdad sin discutir) el teismo y el ateismo se reducen finalmente a lo mismo, que es la “fe” en la verdad del axioma postulado, el reconocimiento de la posible validez de cualquiera de esas dos alternativas, sin saber cual, da origen al agnosticismo. Pero el ateísmo finalmente conduce a un teismo, pues justamente, e irónicamente, la unica razón válida para conciderar que, en caso de encontrarse una solución última para la teoria del todo, no haya otros universos regidos por su propia teoría del todo, es si esta teoría constituye el ser necesario, mismo que, al ser necesario, no puede ser de otro modo, es decir, es la única forma de que no exista o se elimine la solución alternativa, pues mientras haya la mínima posibilidad de que exista alternativa, será necesaria una explicación al respecto de por qué las cosas son asi y no de otro modo, lo cual nos llevaría al ejemplo de la tortuga. Este no es un saber intuitivo, pues el sentido común nos lleva a aceptar el orden y fruto de ello, el niño no le pregunta a su padre por imaginar otras formas de orden, sino porque simplemente intenta entender el orden existente para asimilarlo.

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    • El esquema que propongo no es teista ni ateista. Lo único que digo es que el concepto de “ente lógicamente necesario” no es coherente, ya que la inexistencia de un ser siempre puede ser concebible. Consecuentemente, Dios, si es que existe, sería un hecho bruto. La “Teoría del Todo” no sería tampoco un “ser necesario” (en el sentido lógico) ya que es perfectamente concebible imaginar una teoría alternativa. Simplemente sería un hecho bruto que el universo se rija por esas leyes naturales en vez de otras. Al final del día, simplemente no creo que la existencia o inexistencia de Dios pueda deducirse mediante argumentos “a priori”, sino que dependerá de un razonamiento de carácter evidencial.

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