Jesús: ¿Un Profeta Apocalíptico?

Uno de los objetivos principales de este blog es familiarizar al lector con el Jesús Histórico, y explorar como evolucionó el cristianismo primitivo a partir de su prédica. Como expliqué con anterioridad, el “Jesús Histórico” es la imagen de Jesús que emerge cuando aplicamos una metodología estrictamente histórico-crítica a las fuentes disponibles sobre la vida de este personaje. Consecuentemente, el Jesús Histórico es muy diferente al Jesús que nace de la teología tradicional, ya que los métodos empleados para buscar al Jesús Histórico son métodos estrictamente aconfesionales, racionalistas y científicos.

A pesar de que los investigadores del Jesús Histórico tengan divergencias respecto a detalles concretos de la biografía de Jesús, lo cierto es que existe un claro consenso respecto a el bosquejo general de quién fue este personaje histórico. La gran mayoría de los investigadores sobre la materia (excluyendo a ciertos pensadores radicales minoritarios como John Dominic Crossan, Robert Price o investigadores extremadamente conservadores) concuerdan en lo siguiente: Jesús fue casi con toda seguridad lo que podemos llamar un profeta apocalíptico que predicó la inminente llegada del Reino de Dios junto con la resurrección de los muertos y la restauración de las 12 Tribus de Israel.

Esta conclusión no es pura especulación, sino que proviene de un exhaustivo análisis de las fuentes disponibles sobre Jesús, su contexto histórico, la cuidadosa exégesis de estos y la aplicación rigurosa de los criterios de historicidad. Esta conclusión es compartida por estudiosos de toda índole religiosa, incluyendo investigadores católicos, protestantes, judíos y agnósticos. Igualmente, este es el retrato de Jesús enseñado en las universidades  y seminarios de mayor prestigio (se puede ver, por ejemplo, en el curso impartido por Dale Martin en la Universidad de Yale, el cual es disponible en YouTube). En este blog, reproduciré los argumentos que llevan a la mayoría a llegar a esta conclusión (invito al lector a revisar la biblioteca a ver que temas han sido tocados).

A continuación presento un breve bosquejo biográfico del Jesús Histórico, basado en este consenso académico:


 

Jesús nació en Nazaret entre el 6 AC y el 4 AC, hijo mayor de una familia judía compuesta por María y José. Jesús tendría posteriormente varios hermanos y hermanas menores, incluyendo a Santiago, quien eventualmente se convertiría en uno de sus seguidores. Su padre era una mezcla de obrero y carpintero (en el griego original “Tecton” “τέκτων”), lo que colocaría a Jesús en la clase media-baja de su sociedad. Jesús probablemente nunca aprendió a leer y escribir, y es dudoso que haya aprendido otro idioma fuera del arameo, idioma común de la región. Su padre probablemente murió antes que Jesús inicie su vida pública.

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Cuando Jesús llegó a aproximadamente los 30 años de edad, fue bautizado dentro del movimiento liderado por Juan Bautista. Este movimiento era parte de una tendencia más generalizada del judaísmo de la época. En efecto, tenemos registro de varios grupos judíos de la época, incluyendo el grupo liderado por el Bautista, que compartían las siguientes ideas:

  1. El mundo, a pesar de haber sido creado por Dios, está temporalmente controlado por fuerzas malévolas y demoniacas, razón por la cual los justos sufren y son oprimidos mientras que los que violan la ley de Dios gozan de poder y riqueza.
  2. Sin embargo, esto está a punto de cambiar ya que Dios está por manifestarse. En muy poco tiempo Dios destruirá con fuego y furia el mundo presente y lo reemplazará por otro justo y ordenado. Este evento es inminente.
  3. No todos podrán participar de ese mundo nuevo. Solamente los que hayan sido fieles a Dios gozarán el privilegio de participar en esta utopía. Aquellos que hayan sido infieles, en cambio, serán castigados.
  4. El haber muerto antes que llegue el mundo nuevo no es obstáculo para recibir la recompensa o castigo merecido, ya que cuando llegue este mundo nuevo se reconstituirán los cuerpos físicos de quienes hayan fallecido, y estos volverán a la vida. Los que participen en el nuevo mundo serán inmortales.
  5. Algunos grupos (aunque no necesariamente todos) también sostenían que estos eventos iban a coincidir con la reaparición de un heredero del Rey David: el Mesías (literalmente “el Ungido”, ya que a los reyes judíos de antaño se les ungía la cabeza con aceite en su coronación. La palabra griega para “ungido” es “Χριστός” o “Cristo”). Igualmente, algunos grupos conectaban este evento apocalíptico con la reconstitución de las Doce Tribus de Israel.

Jesús fue discípulo de Juan Bautista por un tiempo, pero en algún momento hubo una escisión con Jesús independizándose. Una fracción de los discípulos de Juan Bautista acompañaron a Jesús, convirtiéndose en sus discípulos originales. Entre estos probablemente se encontraba quien iba a ser su mano derecha, Simón, a quien Jesús llamaría Pedro.

Jesús empieza así su ministerio propio. Jesús y sus discípulos eran predicadores itinerantes, moviéndose constantemente a través de Galilea dependiendo de la hospitalidad local. Jesús tendría un numero grande pero indeterminado de discípulos, tanto hombres como mujeres, que lo acompañarían en sus travesías. Sin embargo, doce de ellos gozarían de un estatus privilegiado, siendo parte de su círculo más íntimo. La familia de Jesús, incluyendo su madre, parecen haberse opuesto inicialmente al ministerio de Jesús incluso llegando a pensar que esté había perdido la cabeza (Marcos 3:21), si bien esa tensión parece haberse resuelto más adelante (quizá después de su muerte).

El mensaje de Jesús tenía fuerte consonancia con la de su maestro Juan: “Se ha cumplido el tiempo. El Reino de Dios está cerca. ¡Arrepiéntanse y crean las buenas nuevas!” (Marcos 1:15). En efecto, todos los detalles que tenemos sobre el ministerio de Jesús apuntan a que su prédica se centraba en la inminente llegada del Reino de Dios sobre esta tierra, y la necesidad de preparase para ello. Jesús conscientemente adoptó la imagen de Elías, uno de los profetas de antaño, quien se decía iba a reaparecer en los últimos tiempos (Ver, por ejemplo, Malaquías 4:5). En efecto, Elías fue un profeta itinerante del norte de Galilea (la misma región de Jesús) que era famoso por realizar exorcismos y curaciones milagrosas. Todo esto fue copiado por Jesús quién, además de ser predicador, adquirió la fama de ser un curandero y exorcista.

exorcismAhora bien, las curaciones y exorcismos de Jesús no estaban divorciados de su mensaje apocalíptico, sino que al contrario eran representaciones directas y dramáticas del Reino de Dios. En efecto, tanto enfermedad como posesión eran síntomas del poder demoniaco que controla el mundo, poder que estaba a punto de ser derrocado. El acto de exorcismo era entonces un acto con significación escatológica, un acto que demuestra el debilitamiento de las fuerzas malévolas y la cercanía del mundo futuro. En efecto, los exorcismos de Jesús parecen haber sido entendidos como un acto de preparación antes de la venida del Reino de Dios, una forma de debilitar los poderes malévolos ya que “nadie puede entrar en la casa de alguien fuerte y arrebatarle sus bienes a menos que primero lo ate. Solo entonces podrá robar su casa” (Marcos 3:17). Así, Jesús y sus discípulos parecen haberse visto a sí mismos como una especie de “fuerzas de choque” en el enfrentamiento contra los poderes demoniacos que controlan el mundo, y heraldos del inminente Reino de Dios.

Sin embargo, Jesús no solamente era un profeta, curandero y exorcista itinerante en preparación del inminente final de los tiempos. En efecto, Jesús no solamente se veía a sí mismo como el heraldo del Reino de Dios, sino que creía que cuando este Reino finalmente llegue él mismo iba a ser el rey de este nuevo mundo. Jesús no solamente se veía a sí mismo como profeta sino como el Mesías, el heredero del trono de David. No solo eso, sino que cuando llegue el Reino sus discípulos también gozarían de puestos de autoridad ya que serían los líderes de las doce reconstituidas Tribus de Israel (ver, por ejemplo, Mateo 19:28). Sus pretensiones mesiánicas, sin embargo, no parecen haber formado parte de su prédica pública, sino que solo eran conocidas por su círculo más íntimo.

En el tercer año del ministerio de Jesús, él y sus discípulos bajaron del norte de Galilea a Jerusalén en el sur para celebrar el festival anual de la Pascua. Esta festividad era un momento de altísima tensión en Jerusalén. En efecto, el festival de la Pascua judía conmemora la liberación del pueblo Israelita del yugo de Egipto y esta era una época en la que Israel estaba bajo ocupación de otra potencia extranjera pagana: el Imperio Romano. Naturalmente, muchos esperaban que del mismo modo que Dios liberó a Israel de los egipcios este haga lo mismo con ahora con Roma, el nuevo opresor. Así, Jerusalén durante la Pascua era un auténtico polvorín nacionalista esperando a ser encendido, y las autoridades lo sabían. Fue precisamente en esta ciudad en alta tensión donde Jesús, profeta apocalíptico y pretendiente mesiánico, decidió extender su prédica.

jesusTempleJesús, en un gesto dramático, protagonizó un escándalo violento en el Templo de Jerusalén, corazón del judaísmo contemporáneo, denunciando la corrupción de las estructuras de poder que lo manejaban y anunciando que pronto serían destruidas junto al propio Templo cuando llegue el Reino de Dios. Este incidente seguramente alertó a las autoridades judías de la presencia de un posible agitador. Estas autoridades confirmaron sus peores sospechas cuando aprendieron de la boca de Judas Iscariote, uno de los discípulos del circulo interno de Jesús, de que este individuo no solo era un predicador sino un pretendiente mesiánico, es decir, precisamente el tipo de individuo que fácilmente podía encender el barril de pólvora nacionalista de la ciudad, iniciando un conflicto sangriento con las legiones romanas estacionadas en la región como ya había ocurrido en otras ocasiones y como ocurrirá en tantas otras.

Las autoridades judías decidieron adelantarse a una posible tragedia y actuar anticipadamente, arrestando a Jesús en la noche del día de Pascua. Al día siguiente Jesús fue entregado al prefecto romano encargado de la región Poncio Pilato. Poco le importó a Pilatos las sutilezas teológicas de las pretensiones mesiánicas de Jesús: lo único que importaba es que él se consideraba rey, y solo el emperador romano tenía la prerrogativa de nombrar reyes en su imperio. Acordemente, Pilatos condenó a Jesús por sedición, crimen que se castigaba con la crucifixión. Ese mismo día, Jesús fue llevado a las afueras de Jerusalén y clavado en una cruz donde colocó un cartel que describía la razón de su tormento: este hombre dijo ser “el rey de los judíos”. Jesús muere pocas horas después.

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Mientras tanto, sus discípulos entraron en un estado de pánico. Pedro, la mano derecha de Jesús, llega incluso a negar a su maestro en un esfuerzo por desasociarse de él. Temiendo por su vida, los discípulos de Jesús abandonan la ciudad de Jerusalén, y regresan derrotados y confundidos a Galilea.

Ese pudo haber sido el final del movimiento. Sin embargo, algo ocurrió en Galilea que alteró radicalmente el curso de la Historia. Algunos días (¿semanas?) después de la muerte de Jesús, algunos de los discípulos empezaron a tener fuertes y vívidas experiencias religiosas, experiencias que ellos asociaron con la presencia de su maestro.

Recordemos que los discípulos de Jesús estaban inmersos en un entendimiento apocalíptico del universo, ellos creían que: (i) el final de los tiempos estaba cerca y; (ii) que cuando el fin llegase, los muertos iban a resucitar. Consecuentemente, los discípulos interpretaron sus experiencias religiosas dentro de este marco de referencia concluyendo que Jesús había resucitado, convirtiéndose así “en el primer fruto de una gran cosecha, el primero de todos los que murieron” (I Cor. 15:20). Sin embargo, como el propio Nuevo Testamento nos indica (ej.: Lucas 24:13-31), las experiencias del Jesús resucitado tenían un carácter pasajero e intermitente. Lo cierto es que a pesar que a pesar de haber resucitado en cuerpo, la presencia de Jesús no se manifestaba de modo continuo como el de una persona viva normal. Su presencia resucitada, a pesar de entendida como la presencia de un ente físico, parecía solo aparecer de tiempo en tiempo y por una duración limitada. ¿Que podía explicar esto? ¿Dónde estaba Jesús cuando no se manifestaba a sus discípulos?

Los discípulos de Jesús, todos judíos devotos e inmersos en el cosmos descrito por sus tradiciones religiosas, razonaron que si Jesús no se hallaba en la tierra entonces este debió de haber sido llevado al cielo, a las esferas divinas. Este fue el destino de Enoc (Gen 5:25), y del propio Elías (II Reyes 2:11), el profeta a quien Jesús emulaba. Jesús había hecho algo más que solo había regresar de la muerte (algo que le iba a ocurrir a todos los muertos al final de los tiempos), sino que había sido divinamente exaltado. En efecto, un análisis de nuestras fuentes parece indicarnos que los primeros cristianos parecen haber identificado el momento de la resurrección con el momento en el que Dios oficialmente “coronó” a Jesús como el Mesías, el rey del mundo venidero (ej.: Hechos 13:32). Los primeros cristianos llegarán en su momento a identificar a su difunto maestro con el “Hijo del Hombre”, una misteriosa figura divina que aparece en varios textos judíos apocalípticos que descendería del cielo para traer consigo el fin del mundo presente e instaurar el Reino de Dios (ej.: Daniel 7:13-14).

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La crisis que pudo haber destruido el movimiento cristiano, la muerte de su líder, es superada mediante una revisión teológica a la luz de las experiencias místicas de los discípulos de Jesús. Los discípulos preservan íntegramente la creencia en que Jesús es el Mesías y ellos son heraldos del inminente Reino de Dios. Lo único que ha cambiado es que ahora creen que: (i) su maestro ha sido el primero en experimentar la resurrección, (ii) su maestro ahora reside el cielo, habiendo sido exaltado y; (iii) este se manifestará de nuevo pronto, trayendo consigo el fin del mundo presente y el inicio del Reino de Dios en esta tierra.

Llenos de esta renovada convicción, los discípulos y otros seguidores de Jesús (ahora incluyendo a su madre) abandonan Galilea una vez más y regresan a Jerusalén para esperar el inminente retorno de su maestro. Es difícil saber exactamente cuál es el intervalo de tiempo que ha transcurrido entre la crucifixión de Jesús y el regreso de sus discípulos, (pudieron haber sido algunas semanas o pocos meses). Lo que queda claro es que los discípulos esta vez no bajaron a Jerusalén para celebrar un festival o como parte de una misión itinerante, sino que se establecen en Jerusalén de modo permanente para esperar el pronto regreso de Jesús, el Hijo del Hombre.

Sin embargo, el inminente regreso de Jesús y la llegada del prometido Reino de Dios no llegan. El tiempo pasa y no hay señales que el Reino se vaya a manifestar. Esta aparente desconfirmación, sin embargo, encuentra respuesta en el nuevo sistema teológico que se va formando en el movimiento: el fin no llega aún porque es necesario que el mundo primero conozca que Jesús es el Mesías.  Así, el movimiento cristiano se convierte en un movimiento agresivamente proselitista, activamente buscando nuevos miembros que compartan la convicción de que Jesús es el Mesías: aquello que fue un secreto durante la vida de Jesús es ahora gritado desde los tejados.

El cristianismo así empieza poco a poco a expandirse a través del Imperio Romano. Sin embargo, contrario a las expectativas de sus miembros originales, el cristianismo tiene más y mejor acogida en círculos paganos que entre judíos (por razones que exploraré a futuro). Los años pasan y el Fin no llega. Poco a poco, el carácter judío y apocalíptico del movimiento original se van perdiendo. Las profecías son reinterpretadas y las tradiciones y textos recibidos editados para mitigar la intensa inminencia de la primera generación de cristianos. Algunos cristianos de segunda, tercera e incluso cuarta generación llegan al extremo de redactar nuevos textos haciéndolos pasar por textos escritos por la primera generación de discípulos y apóstoles (este es el caso, por ejemplo, de las Cartas a Timoteo y Tito, que a pesar de decir ser escritas por Pablo fueron casi sin lugar a duda redactadas en el Siglo II). El cristianismo se fusiona cada vez más con la filosofía greco-romana (en especial el Platonismo) y pierde gran parte de su conexión con el judaísmo de antaño, transformándose cada vez más en el cristianismo que conocemos hoy en día.

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El esquema que he presentado constituye la reconstrucción más probable de la vida de Jesús de Nazaret y los primeros años del cristianismo. El retrato del Jesús Histórico y sus primeros seguidores es muy distinto al que se presenta originalmente en la teología tradicional: la investigación histórica concluye que el movimiento iniciado por Jesús de Nazaret era originalmente un movimiento apocalíptico o milenario que, al igual que todos los movimientos apocalípticos o milenarios de la historia, tuvo que adaptar su teología ante la aparente desconfirmación de su doctrina.

Ahora bien, el lector que no esté familiarizado con la búsqueda del Jesús Histórico debe  de estar preguntándose como podemos saber esto y que posible evidencia o argumentos existen para respaldar la biografía de Jesús que he presentado. Igualmente sospecho que el lector debe de tener cierto escepticismo sobre si esta opinión realmente es la opinión mayoritaria de los estudiosos de la materia.

En mis siguientes entradas, empezaré a construir las bases para contestar estos interrogantes.

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