Algunos datos a tener en mente para estudiar el Nuevo Testamento

Esta entrada no está dedicada a ningún tema en concreto, sino a ofrecer algunos datos cortos pero extremadamente útiles si uno quiere estudiar el Nuevo Testamento desde un punto de vista histórico y científico. Algunos de estos datos son sencillos y no requieren de un argumento para su validación, mientras otros requieren de ser explicados y defendidos con cuidado. En ese segundo caso, proveeré links a otras entradas mías o a artículos académicos que expandan más sobre el tema. De no haber escrito aún la entrada relacionada con un tema concreto, colocaré el link tan pronto como la escriba. Debido a la temática peculiar de esta entrada, la ubicaré al principio de la biblioteca a pesar de no ser la primera entrada escrita cronológicamente. Los datos que expongo no están en ningún orden en particular.

  1. El cristianismo primitivo no era un movimiento unificado. El cristianismo antiguo estaba compuesto por varios grupos esparcidos por el mediterráneo que sostenían teologías incompatibles.
  2. Al leer los evangelios desde una perspectiva histórica, es necesario respetar su individualidad. Los cuatro evangelios canónicos expresan cuatro visiones teológicas distintas, sostenidas por cuatro grupos cristianos diferentes. Intentar “armonizar” o “combinar” los cuatro evangelios destruye la voz individual de cada evangelista y obscurece su debida exégesis.
  3. La palabra “Cristo” es sinónima con la palabra “Mesías”. La palabra “Mesías” simplemente significa “ungido” en hebreo (מָשִׁיחַ‎). La razón histórica es que en el pasado la cabeza de los reyes hebreos eran literalmente ungidas con aceite consagrado en el momento de su coronación. Eso los convertía en “ungidos”, es decir, en “mesías”. La palabra “Cristo” es simplemente la palabra griega para “ungido” (χριστός).
  4. Los 27 documentos que conforman el Nuevo Testamento están, sin excepción alguna, escritos en griego koiné. No hay evidencia alguna que ninguno de ellos haya sido escrito originalmente en hebreo o arameo.
  5. El griego koiné era la lengua común del Imperio Romano. El latín solo era hablado comúnmente en la península Itálica y en particular en la ciudad de Roma. De hecho la propia palabra “koiné” significa “común” en griego.
  6. Los cuatro evangelios canónicos son formalmente anónimos. En ningún lugar ninguno de los autores se identifica a sí mismo.
  7. No hay evidencia de que los cuatro evangelios canónicos hayan sido atribuidos a Marcos, Mateo, Lucas y Juan sino hasta finales del Siglo II.
  8. Los estudiosos modernos, de forma prácticamente unánime, rechazan que los evangelios canónicos hayan sido escritos por Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Sin embargo por conveniencia se siguen refiriendo a esos documentos y sus autores por su designación tradicional. Este blog sigue esa convención, por lo que me refiero a los evangelistas como “Marcos, Mateo, Lucas y Juan” a pesar de que comparto la opinión mayoritaria de que ellos no son los autores de esos textos.
  9. Los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas no fueron escritos independientemente. Marcos escribió primero y luego Mateo y Lucas por su cuenta emplearon a Marcos como fuente. La evidencia literaria también indica que Lucas y Mateo también usaron un segundo documento como fuente, documento al que los estudiosos denominan “Q”. A este problema de dependencia se le conoce como “el problema sinóptico“.
  10. En la antigüedad no existían imprentas. Si alguien quería colocar un documento en circulación, la única forma de hacerlo era haciendo copias a mano (manuscritos) uno por uno.
  11. El autor original tenía muy poco control sobre la transmición del documento una vez puesto en circulación. Por ejemplo, imaginemos un autor que vive en Alejandría de Egipto y redacta un escrito. Ahora bien, imaginemos que ese autor haga una copia la cual es comprada por un mercader que viaja en Jerusalén. Este mercader luego hace tres copias que van a Roma, a Corintio, y a Antioquía. Posteriormente, cada documento es copiado otras tres veces y enviado a otras ciudades donde el proceso se repite. El autor original no puede tener ya la menor idea de dónde su documento fue a parar, si este ha sido alterado, o si siguen refiriéndose a él como el autor original.
  12. De modo paralelo, por la esta forma en que se transmitían los documentos en la antigüedad, era imposible para los habitantes de esa época saber con certeza quien había escrito originalmente un documento puesto en circulación. Esto era aún mas difícil (prácticamente imposible) si el documento había estado circulando por décadas o siglos.
  13. Por este mismo motivo, era extremadamente fácil falsificar documentos en la antigüedad. Un falsificador podía fácilmente redactar un documento y decir que este realmente era una copia de uno escrito por un autor importante como Platón, Galeno, o San Pablo. El receptor del documento tenía pocas formas de comprobar la veracidad de alguien que falsificase un documento de esa manera. En efecto, la evidencia que tenemos parece indicar que la falsificación de documentos era una práctica común en la antigüedad, pese a que era moralmente reprobada. El término académico para un documento falsificado es “seudoepigrafía”
  14. La creación de seudoepigrafías no era necesariamente un acto de mala fe. Muchos autores redactaban documentos usando el nombre de algún autor importante para que la gente tomase en serio las ideas que querían transmitir. Un cristiano gnóstico, por ejemplo, convencido de la verdad de su teología podía escribir un evangelio y hacerse pasar por un discípulo de Jesús para que su comunidad tome en serio su perspectiva. Desde el punto de vista del falsificador, sus actos eran justificados porque era una mejor forma de transmitir lo que él consideraba ser la Verdad.
  15. La producción de seudoepigrafías se dio con bastante frecuencia en círculos cristianos. Tenemos decenas y decenas de evangelios y epístolas escritas por autores que se hacen pasar por discípulos de Jesús. La mayoría de estos documentos fueron escritos en el Siglo II y en adelante. Entre los coloridos títulos de estos documentos encontramos cosas como “El Evangelio de Judas”, “El Evangelio de Tomás”, “El Evangelio de Pedro”, “La Tercera Epístola de Pablo a los Corintios”, “La Epistola de Pablo a Laodicea”, etc.
  16. Todos los documentos denominados “apócrifos” son seudoepigrafías hechas en el Siglo II o mas tarde. Ningún académico serio cree que estos documentos sean de utilidad alguna para la búsqueda del Jesús Histórico (con la posible excepción del Evangelio de Tomás).
  17. La opinión académica es unánime en afirmar que el Nuevo Testamento también incluye seudoepigrafías. Las dos epístolas de Pedro, las dos cartas a Timoteo y la carta a Tito son solo cuatro ejemplos de documentos que dicen haber sido escritos por cristianos de primera generación (Pedro y Páblo en concreto) a pesar de que la opinión académica es unánime en rechazar esa autoría.
  18. Los padres de la Iglesia debatieron arduamente sobre la autenticidad de varios de los documentos que hoy forman parte del Nuevo Testamento. Ellos estaban perfectamente conscientes de la abundancia de seudoepigrafías que circulaban e hicieron su mejor esfuerzo para intentar evitar que estas entren en el canon del Nuevo Testamento.
  19. De los 27 documentos que componen el Nuevo Testamento, solo 7 probablemente fueron escritos por quien la tradición dice fueron escritos. Concretamente, 7 de las cartas de Páblo fueron casi sin lugar a dudas escritas por Páblo. Los estudiosos dudan del resto de los documentos, los cuales probablemente son documentos anónimos atribuidos erróneamente a discípulos y apóstoles de la primera generación (como es el caso de los evangelios), o seudoepigrafías (como es el caso de las cartas a Timoteo).
  20. Existe una enorme cantidad de textos antiguos perdidos, tanto cristianos como no cristianos. La razón es simple: el material físico sobre el cual se escribían las obras (sea papiro, pergamino, pieles animales u otro) se desgasta con el tiempo. Por lo tanto, para que un documento antiguo sobreviva en el tiempo es necesario que haya existido una comunidad interesada en que el texto sea copiado a través de las generaciones.
  21. En la antigüedad, los eventos “sobrenaturales” no eran vistos como algo fuera de lo ordinario. Curaciones mágicas, exorcismos, milagros, levitaciones y demás prodigios son eventos comúnmente narrados en relatos “históricos” paganos, judíos y cristianos. Existen paralelos relevantes entre los hechos sobrenaturales atribuidos a Jesús de Nazaret y los de otros personajes de la época como Apolonio de Tiana, Hanina ben Dosa y Honi el Dibujante de Círculos.
  22. El mundo antiguo también estaba poblado de historias de personajes que eran humanos y divinos a la vez. Por ejemplo, Rómulo, el mítico fundador de Roma, se decía había nacido de la unión sexual del dios Marte con una virgen y al final de su vida fue elevado al cielo, donde se convirtió en el dios Cirenio.
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Un comentario en “Algunos datos a tener en mente para estudiar el Nuevo Testamento

  1. Charles Guignebert, EL CRISTIANISMO ANTIGUO, Fondo de Cultura Económica,México, 1977, pg 32-33

    « Basta recorrer nuestros tres Evangelios sinópticos para persuadirse de que sus autores han realizado combinaciones sensiblemente diferentes de los mismos hechos…de lo que es preciso concluir que no los ha guiado la verdad objetiva…ninguno, pues, ha hecho otra cosa que coser, más o menos diestramente, girones de tradiciones, que forman un conjunto artificial, pero no constituyen un todo. Bajo la trama del relato evangélico se ven o se adivinan enormes lagunas…Sólo es evidente que ninguno de ellos tiene gran cosa en común con la historia. Asimismo, parece probable que los recuerdos relativos a la Pasión se habían alterado ya antes de la redacción de nuestros Evangelios, que habían experimentado la influencia de diversas leyendas difundidas en Oriente…
    Así, pues, ya no vemos nítidamente la figura del Jesús histórico, no tenemos ya los medios de representarnos exactamente su vida…y también respecto a todo lo que atañe a lo que se pretende que Jesús enseñó, conviene no afirmar nada sino con extrema prudencia.»

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