Fuentes sobre el Jesús Histórico: El Nuevo Testamento

Nuestro análisis sobre la posibilidad de encontrar fuentes apócrifas o no-cristianas para reconstruir la vida y obra de Jesús de Nazaret nos ha dejado con las manos prácticamente vacías. Por un lado, a pesar de la abundancia de textos apócrifos, lo cierto es que ninguno de ellos (con la posible, pero improbable, excepción del “Evangelio de Tomás“) es lo bastante antiguo o independiente para servirnos de fuente en la búsqueda del Jesús Histórico. Por otro lado, un análisis de los documentos redactados por judíos o paganos dentro de los primeros 100 años desde la muerte de Jesús revela que solo contienen referencias muy escasas y genéricas sobre Jesús como para que nos sean de mucha utilidad. En consecuencia, nos movemos ahora hacia el canon del Nuevo Testamento.

Creo conveniente empezar este análisis recordando las cuatro conclusiones que sacamos al analizar los textos apócrifos:

  1. El cristianismo primitivo no era un movimiento monolítico, sino que estaba compuesto por varios grupos con creencias discordantes entre sí y en constante tensión ideológica.
  2. Estos grupos redactaron textos sobre la vida de Jesús reflejando sus perspectivas únicas. Estos textos simultáneamente tenían la función de reafirmar las creencias de su grupo, así como las de atacar a las de sus rivales, además de ayudar a resolver problemas presentes dentro de la comunidad.
  3. Estos textos a menudo eran redactados empleando documentos y fuentes anteriores, las cuales eran editadas y modificadas para ajustarlas a las necesidades y teología del grupo en cuestión.
  4. Estos grupos atribuyeron muchos de estos textos a la autoría de cristianos de primera generación (Jesús y sus discípulos) a pesar de que no hay duda de que han sido redactados posteriormente.

Ahora bien, lo cierto es que estos cuatro puntos aplican no solo a la vasta colección de textos apócrifos, sino que también describen al propio Nuevo Testamento. En efecto, pese a que la tradición cristiana los ha atribuido a la obra de los primeros discípulos de Jesús o sus acompañantes, lo cierto es que el análisis moderno de estos textos nos revela que de los 27 documentos que lo constituyen, solo entre 7 y 10 de ellos fueron probablemente redactados alguien de la primera generación cristiana (concretamente, por el apóstol Pablo). En efecto, los restantes 17 documentos que lo conforman son sea:,

  • Documentos anónimos que la tradición cristiana retroactivamente atribuyó a algún cristiano de la primera generación o,
  • Seudoepigrafías, documentos cuyo autor dice ser un cristiano de primera generación a pesar que no lo sea (es decir, una falsificación).

Presento a continuación una tabla comparando la atribución autorial tradicional con la atribución moderna:

Orden Libro Atribución Tradicional Atribución Moderna ¿Fue atribuido correctamente?
1 Evangelio de Mateo Mateo, discípulo de Jesús. Autor anónimo (~85 d.C) No
2 Evangelio de Marcos Marcos, secretario de Pedro. Autor anónimo (~70 d.C) No
3 Evangelio de Lucas Lucas, acompañante de Pablo Autor anónimo (~85 d.C) No
4 Evangelio de Juan Juan, discípulo de Jesús Autor anónimo (~105 d.C) No
5 Hechos de los Apóstoles Lucas, acompañante de Pablo Autor anónimo pero el mismo que el del evangelio de Lucas (~85 d.C) No
6 Epístola a los Romanos El Apóstol Pablo El Apóstol Pablo (~55 d.C) Si
7 Primera Epístola a los Corintios El Apóstol Pablo El Apóstol Pablo (~55 d.C) Si
8 Segunda Epístola a los Corintios El Apóstol Pablo El Apóstol Pablo (~55 d.C) Si
9 Epístola a los Gálatas El Apóstol Pablo El Apóstol Pablo (~55 d.C) Si
10 Epístola a los Efesios El Apóstol Pablo Importante sector opina que se trata de una seudoepigrafía por un autor desconocido (~85 d.C) Quizá
11 Epístola a los Filipenses El Apóstol Pablo El Apóstol Pablo Si
12 Epístola a los Colosenses El Apóstol Pablo Importante sector opina que se trata de una seudoepigrafía por un autor desconocido (~70 d.C) Quizá
13 Primera Epístola a los Tesalonicenses El Apóstol Pablo El Apóstol Pablo (~55 d.C) Si
14 Segunda Epístola a los Tesalonicenses El Apóstol Pablo Importante sector opina que se trata de una seudoepigrafía por un autor desconocido (~80 – 110 d.C) Quizá
15 Primera Epístola a Timoteo El Apóstol Pablo Cuasi-consenso en que es una seudoepigrafía por un autor desconocido (~90 – 110 d.C) No
16 Segunda Epístola a Timoteo El Apóstol Pablo Cuasi-consenso en que es una seudoepigrafía por un autor desconocido (~90 – 110 d.C) No
17 Epístola a Tito El Apóstol Pablo Cuasi-consenso en que es una seudoepigrafía por un autor desconocido (~90 – 110 d.C) No
18 Epístola a Filemón El Apóstol Pablo El Apóstol Pablo (~55 d.C) Si
19 Epístola a los Hebreos El Apóstol Pablo Autor anónimo (~85 d.C) No
20 Epístola de Santiago Santiago el Mayor Seudoepigrafía. Autor desconocido (~70 d.C). No
21 Primera Epístola de San Pedro Pedro, discípulo de Jesús Seudoepigrafía. Autor desconocido (~85 d.C). No
22 Segunda Epístola de San Pedro Pedro, discípulo de Jesús Seudoepigrafía. Autor desconocido (~110 d.C). No
23 Primera Epístola de San Juan Juan, discípulo de Jesús Autor anónimo, pero probablemente de la misma comunidad que el autor del Evangelio de Juan (~110 d.C) No
24 Segunda Epístola de San Juan Juan, discípulo de Jesús Autor anónimo, pero probablemente de la misma comunidad que el autor del Evangelio de Juan (~110 d.C) No
25 Tercera Epístola de San Juan Juan, discípulo de Jesús Autor anónimo, pero probablemente de la misma comunidad que el autor del Evangelio de Juan (~110 d.C) No
26 Epístola de San Judas Judas (no Iscariote), discípulo de Jesús Seudoepigrafía. Autor desconocido. La fecha de composición es difícil de determinar. No
27 Apocalipsis de San Juan Juan, discípulo de Jesús Estrictamente hablando, el documento dice ser escrito por “Juan” pero no el apóstol Juan. Es posible que efectivamente el autor se haya llamado así (~95 d.C). No

Es importante tener en cuenta que la autoría de muchos de los documentos que hoy en día creemos han sido atribuidos de forma errónea fueron objeto de debate en la antigüedad, por lo que sería incorrecto pensar que solo los investigadores modernos han puesto en duda su procedencia. En efecto, los Padres de la Iglesia y demás pensadores cristianos de los primeros siglos estaban perfectamente conscientes de que la enorme mayoría de documentos que circulaban en el Imperio Romano sobre Jesús eran falsos (como vimos en nuestra discusión sobre textos apócrifos), por lo que hicieron su mejor esfuerzo en identificar los textos más antiguos y con más probabilidades de haber sido escritos por la primera generación de cristianos. Hoy en día podemos decir dos cosas respecto al trabajo hecho por estos pensadores antiguos:

  1. Hicieron un excelente trabajo desde el punto de vista de la antigüedad de los textos. En efecto, como el lector puede apreciar en la tabla provista, todos los documentos que forman parte del Nuevo Testamento fueron escritos dentro de los primeros 100 años de la muerte de Jesús.
  2. Fueron demasiado optimistas respecto a su autoría. A pesar de ser antiguos, de los 27 documentos que forman parte del Nuevo Testamento solo entre 7 y 10 probablemente hayan sido la obra de un cristiano de primera generación, concretamente, del apóstol Pablo.

Consecuentemente, podemos afirmar que, a pesar de que la atribución autorial de la gran mayoría de estos textos sea errónea, estos son igualmente fuentes extremadamente prometedoras en la búsqueda del Jesús Histórico.

 

¿Cuáles son los documentos relevantes del Nuevo Testamento para la búsqueda del Jesús Histórico?

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Fragmento del Evangelio de Juan (P52)

Lamentablemente, a pesar de que los 27 documentos que conforman el Nuevo Testamento son prometedores en la búsqueda del Jesús Histórico, existe un problema con muchos de ellos: no incluyen casi ningún dato biográfico de Jesús. En efecto, el material epistolario, el cual constituye la gran mayoría de los textos que conforman el Nuevo Testamento, no hacen referencia a episodios en la vida de Jesús, sino que están dedicados a resolver problemas y disputas doctrinales. Aunque parezca mentira, rara vez las múltiples epístolas hacen referencia a los hechos y enseñanzas de Jesús. Las famosas parábolas de Jesús, por ejemplo, no son citadas en ningún documento del Nuevo Testamento salvo en tres de los evangelios (el Evangelio de Juan no contiene parábolas).  Ahora bien, ¿significa esto que las epístolas son inútiles en la búsqueda del Jesús Histórico? No, pero su función es distinta. En efecto, pese a la magra cantidad de material biográfico en las epístolas del Nuevo Testamento, lo cierto es que estas son extremadamente útiles para darnos contexto respecto a la evolución del cristianismo durante el periodo de redacción de los evangelios

En efecto, el material epistolario es extremadamente útil para orientarnos sobre cuales eran las principales preocupaciones, disputas y diferencias teológicas que emergieron durante el primer siglo del cristianismo. Podemos luego tomar esa información en cuenta cuando leamos los evangelios para estar en guardia de cualquier material que parezca ser una respuesta a esas inquietudes posteriores en vez de provenir de la vida del Jesús Histórico.

En segundo lugar, a pesar de que el material biográfico sobre Jesús en las epístolas sea escaso, lo cierto es que no es inexistente. Entre este material vale la pena destacar la importancia de los detalles biográficos aportados en las epístolas de Pablo. Esto es así porque, a pesar de su ubicación en las Biblias modernas, las epístolas auténticas de Pablo son anteriores a los evangelios por varias décadas. En efecto, las cartas auténticas de Pablo son los documentos cristianos de mayor antigüedad que tenemos, habiendo sido redactadas alrededor de 20 años después de la muerte de Jesús (∼55 d.C). El material biográfico aportado por Pablo incluye:

  • Jesús nació dentro de una familia judía (Galatenses 4:4)
  • Era descendiente del Rey David (Romanos 1:3-4)
  • Tuvo hermanos (Corintios 1 9:5)
  • Uno de ellos se llamaba Santiago, a quien conoció personalmente (Galatenses 1:19)
  • Su ministerio fue entre los judíos (Romanos 15:8)
  • Tuvo 12 discípulos (Corintios 1 15:5)
  • Uno de ellos se llamaba Cefas o Pedro
  • Era un predicador, y Pablo está familiarizado con algunas de sus enseñanzas (Corintios 1 7:10-11; 9:14; 11:22-24)
  • Tuvo una última cena donde predijo su inminente muerte (Corintios 1 11:22-24)
  • Fue crucificado (Corintios 1 2:2, entre otros)
  • Por la orden de las autoridades (Corintios 1 2:8)
  • Por la instigación de los líderes de Jerusalén (Tesalonicenses 1 2:14-15)
  • Fue sepultado (Corintios 1 15:3-4)
  • Y Pablo, por supuesto, cree que resucitó (aunque no dice después de cuantos días).

Sin embargo, a pesar de todo, el material epistolario claramente tiene un valor secundario al de los evangelios para la reconstrucción del Jesús Histórico, los cuales están prácticamente compuestos en su totalidad de material biográfico. Consecuentemente, podemos afirmar que los documentos relevantes del Nuevo Testamento son principalmente los cuatro evangelios canónicos mientras que el material epistolario (en especial las cartas de Pablo) tiene una función importante pero secundaria.

¿Son los documentos relevantes independientes?

Como establecimos en una entrada anterior, en el momento de evaluar las fuentes históricas para la reconstrucción de cualquier personaje los historiadores buscan que las fuentes que emplean sean independientes entre sí. El raciocinio detrás de esto es evidente: imaginemos tenemos 10 documentos que dicen que un evento ocurrió de X modo. Ahora bien, si resulta que 9 de esos documentos fueron escritos usando al décimo como fuente, en realidad no tenemos 10 fuentes, sino solamente una. Consecuentemente, es necesario saber si existe algún tipo de relación de dependencia entre las fuentes que vamos a usar antes de emplearlas indiscriminadamente.

En este respecto tenemos buenas y malas noticias. La mala noticia es que existe una gigantesca relación de dependencia entre 3 de los 4 evangelios que tenemos a nuestra disposición. En efecto, un análisis incluso superficial no nos puede dejar ninguna duda de que Marcos, Mateo y Lucas no constituyen fuentes independientes. Solo a modo de ejemplo, comparemos los siguientes pasajes:

Marcos 1:40

Mateo 8:1

Lucas 5:12

Un hombre que tenía lepra se le acercó, y de rodillas le suplicó:

Si quieres, puedes limpiarme.

Movido a compasión, Jesús extendió la mano y tocó al hombre, diciéndole:

Sí, quiero. ¡Queda limpio!

Al instante se le quitó la lepra y quedó sano. Jesús lo despidió en seguida con una fuerte advertencia:

Mira, no se lo digas a nadie; solo ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.

Cuando Jesús bajó de la montaña, lo siguieron grandes multitudes. Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló delante de él.

―Señor, si quieres, puedes limpiarme —le dijo.

Jesús extendió la mano y tocó al hombre.

Sí quiero —le dijo—. ¡Queda limpio!

Y al instante quedó sano de la lepra.

Mira, no se lo digas a nadie —le dijo Jesús—; solo ve, preséntate al sacerdote, y lleva la ofrenda que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.

En otra ocasión, cuando Jesús estaba en un pueblo, se presentó un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, cayó rostro en tierra y le suplicó:

―Señor, si quieres, puedes limpiarme.

Jesús extendió la mano y tocó al hombre.

Sí, quiero —le dijo—. ¡Queda limpio!

Y al instante se le quitó la lepra.

No se lo digas a nadie —le ordenó Jesús—; solo ve, preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación lo que ordenó Moisés, para que les sirva de testimonio.

Resulta evidente, incluso a primera vista, que aquí alguien está copiando a alguien. En efecto, tenemos aquí un pasaje donde exactamente las mismas palabras se repiten y en el mismo orden (las palabras están coloreadas en rojo). Aún asumiendo que los tres textos provengan de tres testigos directos del mismo evento o que los tres evangelistas hayan entrevistado al mismo testigo, el uso de idéntico vocabulario en el mismo orden constituye algo fantásticamente improbable. No solo eso, sino que este fenómeno se repite no solo en uno, sino en la mayoría de pasajes que constituyen los evangelios de Mateo, Lucas y Marcos. La conclusión es inevitable: Marcos, Mateo y Lucas no son fuentes independientes.

Ahora bien, la buena noticia es que, mediante un análisis cuidadoso de los tres evangelios, podemos “desenredar” la relación de dependencia que existe entre los tres, para así reconstruir las fuentes primitivas (y ahora sí, independientes) que los autores emplearon. A esa tarea dedicaré mi siguiente entrada (que no es parte de esta serie) donde discutiré en famoso Problema Sinóptico.

 

BIBLIOGRAFÍA

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  • Bellinzoni, Arthur J. The New Testament: an Introduction to Biblical Scholarship. Wipf And Stock Pub, 2016.
  • Brown, Raymond Edward. An Introduction to the New Testament. Yale University Press, 2016.
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  • Fredriksen, Paula. From Jesus to Christ: the Origins of the New Testament Images of Jesus. Yale University Press, 2014.
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  • Sanders, E. P. The Historical Figure of Jesus. Penguin Books, 1996.
  • Sáenz Antonio Piñero. Cristianismos Derrotados: ¿cuál Fue El Pensamiento De Los Primeros Cristianos heréticos y Heterodoxos? Edaf, 2014.
  • Vermes Géza. Christian Beginnings: from Nazareth to Nicea. Yale University Press, 2013.

 

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Esta entrada forma parte de una serie sobre las fuentes disponibles para reconstruir el Jesús Histórico. Las entradas en esta serie son:

 

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