Introducción a la Crítica Textual

La temática de esta entrada va a ser algo distinta a la mayoría de entradas de este blog. La razón de esto es que mientras que la mayor parte de artículos aquí publicados buscan abordar temas al desarrollo histórico del cristianismo o temas relativos a la Filosofía de la Religión, está entrada va a buscar introducir al lector a un área de estudio complementaria, aunque de suma importancia: la Crítica Textual del Nuevo Testamento.

CT

¿Qué es la Crítica Textual?

En la antigüedad no existían imprentas por lo que todo texto sólo podía ser preservado y transmitidos copiando su contenido a mano (de ahí su nombre “manuscritos”). Así, todas las obras de la antigüedad que han sobrevivido hasta nuestros días lo han hecho gracias a que estas fueron copiadas página por página, línea por línea, letra por letra, durante siglos. Sea que hablemos de Platón, Tácito, o San Pablo, simplemente no tenemos el texto original físicamente escrito por ellos (el cual se desintegró hace siglos), sino que lo único que tenemos son copias de las copias de las copias (etc.), las cuales fueron escritas varios siglos después de la muerte de los autores originales.

Ahora bien, y he aquí el problema, la labor de los copistas de la antigüedad era imperfecta. Sea que fuese intencionalmente o no, los copistas de la antigüedad alteraban con relativa regularidad los textos que copiaban. Cada modificación hecha por un copista naturalmente sería reproducida por el próximo copista, el cual duplicaría las modificaciones de su antecesor a las cuales sumaría a las suyas propias. Así, el resultado final después de siglos de copias imperfectas es que los manuscritos a los que tenemos acceso hoy en día contienen un gran número de diferencias entre sí.

Este bosquejo puede ilustrar la naturaleza del problema:

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El texto que está en la base en azul es el texto original u “autógrafo”. En este ejemplo asumimos que el texto es copiado dos veces y luego cada subsiguiente copia es copiada dos veces más. En cada iteración, cada escriba comete tres errores, los cuales son copiados por el siguiente escriba. A la tercera generación tenemos 8 copias similares pero con diferencias y ninguno idéntico al autógrafo. El trabajo de la Crítica Textual es el tomar esas 8 copias y a partir de ellas reconstruir el texto original.

Este problema está presente en todos los textos de la antigüedad: no tenemos los escritos originales de Platón, de Tácito, Flavio Josefo o ningún otro autor, sino que solo tenemos copias escritas siglos después que tienen errores y discrepancias. Los textos del Nuevo Testamento no son la excepción: no tenemos el texto original de los evangelios, las cartas de Pablo, o ninguna otra obra que lo compone, sino que solo tenemos varios manuscritos tardíos que contienen varias diferencias. El trabajo de la Crítica Textual, por lo tanto, es el de estudiar los manuscritos que sobrevivieron, compararlos metódicamente, y a partir de ellos aproximarnos lo más posible al texto original (al cual se le denomina como el “autógrafo”).

Esta ciencia es ampliamente conocida y aplicada por académicos de todas las denominaciones. En efecto, las Biblias modernas (sin importar traducción o denominación) son el resultado de la aplicación de la Crítica Textual: no existe Biblia alguna hoy en día que sea “simplemente” una traducción de los textos originales (ya que estos se desintegraron hace siglos) sino que todas son el resultado de equipos de académicos trabajando para reconstruir el texto original partiendo de las múltiples copias sobrevivientes.

La reconstrucción del Nuevo Testamento: Buenas y Malas Noticias

Cuando se trata de reconstruir el texto original del Nuevo Testamento hay buenas y malas noticias. Las buenas noticias son que, comparativamente hablando, podemos reconstruir las obras del Nuevo Testamento de una forma más confiable que cualquier otra obra de la antigüedad. La razón es simple: tenemos muchas más copias de las obras que componen el Nuevo Testamento que, digamos, copias de las obras de Platón, lo que nos permite realizar un mayor número de comparaciones y así llegar a una reconstrucción más confiable. En efecto, hoy en día tenemos acceso a aproximadamente 5.400 manuscritos de obras del Nuevo Testamento, un número mucho más alto que el de cualquier otra obra de la antigüedad. Dicho otramente, aplicando las técnicas de la Crítica Textual podemos tener un mayor grado de certeza al respecto de qué fue lo que Pablo o los evangelistas escribieron originalmente que cualquier otro autor de la antigüedad. La segunda buena noticia es que la enorme mayoría de diferencias que encontramos en los manuscritos son claramente el resultado de errores de carácter ortográfico y gramatical (letras omitidas, líneas duplicadas, faltas ortográficas, etc.). En efecto, muchos de estos errores ni siquiera pueden ser traducidos al español.

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Un escriba medieval

Sin embargo, también hay malas noticias. A pesar que la mayoría de discrepancias que existen son accidentales, un número importante de ellas son evidentemente intencionales, cosa que obliga al reconstructor a evaluar cuál de las variantes tiene más probabilidad de ser la original. Esto puede quizá parecer sorprendente, ¿porque algunos copistas cristianos de la antigüedad cambiarían intencionalmente el texto del Nuevo Testamento, el cual era sin duda sagrado para ellos? Varios pueden ser los motivos. Un copista de la antigüedad podía cambiar el texto del Nuevo Testamento para:

  • Parafrasear un pasaje para hacerlo más inteligible,
  • Mejorar la redacción de un pasaje,
  • Cambiar las expresiones usadas en un evangelio para que éstas coincida con las expresiones usadas en otro evangelio,
  • Alterar una cita del Antiguo Testamento para que coincida con el texto de este,
  • Alterar las expresiones empleadas para acomodarlas mejor al dialecto que está familiarizado,
  • Corregir lo que el copista percibe (correcta o incorrectamente) como un error cometido por un copista anterior,
  • Ajustar el texto del Nuevo Testamento a la liturgia de su comunidad,
  • Incluir un pasaje que el copista cree (correcta o incorrectamente) eran parte del texto original o que merece estar incluido en el texto,
  • Alterar un pasaje para apoyar un punto de vista teológico que el copista creía ser correcto o disuadir uno que creía ser herético.

La otra mala noticia que hay que dar es que, si bien tenemos una gran cantidad de manuscritos sobrevivientes, la mayoría son relativamente tardíos. En palabras de Arthur Bellinzoni:

“Con la excepción de muy pocos fragmentos de papiro, los manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento datan del año 200, es decir, más de un siglo después de que los autógrafos de la mayoría de libros del Nuevo Testamento fueron escritos originalmente, y la mayoría de los manuscritos que sobreviven provienen de una fecha mucho más tardía que esa. De hecho, nuestros dos manuscritos más completos del Nuevo Testamento datan aproximadamente del año 350.” Arthur Bellinzoni, The New Testament: An Introduction to Biblical Scholarship (Pg. 28)

Pero no solo eso, sino que tal parece ser que entre más antiguas sean las copias, más propensas son estas a tener alteraciones. En efecto, como indica Bart Ehrman:

“En los primeros siglos la vasta mayoría de copistas de los libros del Nuevo Testamento no eran escribas entrenados. (…) La impactante y desalentadora realidad es que nuestros manuscritos más antiguos del Nuevo Testamento contienen muchos más errores y diferencias que los más recientes. Entre más más nos remontamos en la historia de las copias de estos textos, menos capaces y atentos parecen haber sido los copistas.”  (Bart Ehrman, blog académico, entrada 18/07/2015).

Enfrentados con el problema causado por cambios intencionales hechos al Nuevo Testamento, los académicos modernos han requerido de formular criterios metodológicos que les guíen en el momento de reconstruir el texto original.

Cambios intencionales y cómo corregirlos

Cuando un copista comete un error accidental como una falta ortográfica el identificarlo y repararlo es, relativamente hablando, sencillo ya que la variante creada por el error no tiene sentido. Mucho más complejo es el problema de los cambios hechos intencionalmente porque en esos casos la nueva variante tiene igual de sentido (o incluso más sentido) que el texto original, por lo que no es tan simple identificar cuál de las dos variantes es la auténtica.

Para estos casos, los críticos textuales han desarrollado una serie de reglas metodológicas que les ayudan a identificar las variantes con más probabilidades de ser las originales. A continuación, proveo una corta lista de algunas de estas reglas metodológicas para darle una idea al lector de cómo los académicos modernos buscan reconstruir el texto:

Criterios Externos:

  1. Se prefieren variantes que provengan de manuscritos más antiguos,
  2. Se prefieren variantes de manuscritos de mejor calidad,
  3. Se prefieren variantes que estén presentes en manuscritos con la mayor distribución geográfica (es decir, variantes que no parezcan ser una mutación regional),

Criterios Internos:

  1. Se prefieren las variantes más cortas (un copista estaría más tentado a añadir que quitar algo),
  2. Se prefieren las variantes que son más difíciles de leer (un copista estaría más tentado a clarificar un pasaje en vez de hacerlo más complicado),
  3. Se prefieren variantes que mejor se acomodan con el estilo y vocabulario del autor original,
  4. Se prefieren variantes que mejor se acomodan con la teología y ideología del autor original,
  5. Se prefieren variantes que no se acomoden a paralelos en otros evangelios o citas del Antiguo Testamento (un copista estaría más tentado a “corregir” el texto para que coincida con otros evangelios o el Antiguo Testamento en vez de hacerlos distintos),
  6. Se prefieren variantes que no se acomoden a prácticas litúrgicas (un copista estaría más tentado a “ajustar” el texto a la liturgia que al revés),
  7. Se prefieren variantes que no se acomoden a posturas doctrinales posteriores (un copista estaría más tentado a alterar el texto para que se conforme con su ideología que al revés).

Evidentemente, la aplicación de reglas como estas es un asunto bastante complejo. ¿Qué ocurre, por ejemplo, si una variante es más antigua que otra (criterio externo 1) pero es una variante más fácil de leer (criterio interno 2)? En efecto, este tipo de reglas no se prestan a una aplicación mecánica, sino que requieren de criterio y discusión, por lo que diferentes equipos académicos pueden llegar a conclusiones distintas.

Algunas Variantes Famosas

Habiendo presentado el problema de las variantes del Nuevo Testamento y la metodología usada para restablecer el texto original, a continuación presento una serie de ejemplos de algunas de las variantes textuales más famosas y como los académicos modernos han decidido cuál es la que tiene más probabilidades de ser la original.

La “Coma Joánica” (1 Jn 5: 7-8)

Una de las variantes textuales más famosas es la llamada “coma joánica”, la cual consiste en una variación de un pasaje de la Primera Carta de Juan, el cual reproduzco a continuación:

“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan.” (Juan 5: 7-8).

Las palabras marcadas en rojo no aparecen en ningún manuscrito griego anterior al Siglo XVI, sino que solo figuran en manuscritos latinos tardíos. Adicionalmente, es cuanto menos curioso que ningún autor cristiano de la antigüedad haya citado estas líneas al momento de defender la emergente doctrina de la Trinidad, sobretodo tomando en cuenta que en ningún otro lugar del Nuevo Testamento la doctrina parece estar expresada de una forma tan explícita.

Extracto del Codex Vaticanus. Los versículos en rojo son el pasaje de la Carta de Juan, pero carecen de la “coma joánica”.

Así, una aplicación de los criterios discutidos nos lleva a la conclusión de que las expresiones en rojo no eran parte del texto original:

  1. La “coma” está ausente en la virtual totalidad de manuscritos antiguos (criterio externo 1),
  2. La “coma” hace que el texto sea más largo (criterio interno 1)
  3. La “coma” se acomoda a la Trinidad, una posición doctrinaria favorecida, (criterio interno 7)

En efecto, a pesar de que esa variante haya aparecido en muchas versiones “clásicas” de la Biblia como la Reina-Valera o la Biblia del Rey Jorge, hoy en día la virtual totalidad de expertos está de acuerdo en que la “coma” no se hallaba en el texto original, sino que fue añadida por escribas al inicio del medioevo, razón por la cual las traducciones modernas de la Biblia o bien no la incluyen, la sitúan en brackets o colocan una nota al pie de página indicando que esas palabras probablemente no se encontraban en el manuscrito original (para ver como dos traducciones modernas afrontan el problema haz click aquí).

El Sudor de Sangre (Lc 22: 43-44)

Uno de los episodios más conmovedores del Evangelio según San Lucas ocurre casi a su final, cuando Jesús ora en el Monte de los Olivos:

“Cuando llegaron al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación». Entonces se separó de ellos a una buena distancia, se arrodilló y empezó a orar: «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya». Entonces se le apareció un ángel del cielo para fortalecerlo. Pero, como estaba angustiado, se puso a orar con más fervor, y su sudor era como gotas de sangre que caían a tierra. Cuando terminó de orar y volvió a los discípulos, los encontró dormidos, agotados por la tristeza. «¿Por qué están durmiendo? —les exhortó—. Levántense y oren para que no caigan en tentación».” (Lucas 22: 40-46)

Sin embargo, a pesar de ser un pasaje icónico, la evidencia textual indica que las palabras en rojo con toda probabilidad no eran parte de la composición original del evangelista.

En efecto, es relevante hacer hincapié que durante todo el relato de la pasión de Lucas Jesús es consistentemente retratado como calmo y sereno salvo por esos dos versículos. Igualmente, también es en extremo revelador que esos versículos no figuran en un gran número de nuestros manuscritos más antiguos y fiables. En efecto, estos pasajes se hallan ausentes de los fragmentos de papiro P69, P75, el Codex Sinaiticus, el Codex Alexandrinus y el Codex Vaticanus, entre otros manuscritos antiguos. Igualmente, vale la pena notar que en algunos manuscritos estos versículos no aparecen en el evangelio de Lucas, sino en el de Mateo. Además, estos versículos tampoco figuran en algunos comentarios del evangelio hecho por los Padres de la Iglesia más antiguos como Clemente u Origen.

Pero no solo eso, sino que un análisis detenido del pasaje revela que estos versículos interrumpen un “quiasmo”, una figura literal común en la literatura greco-romana. En efecto, si eliminamos esos versículos de la narración, el pasaje se lee así:

  • (a) Cuando llegaron al lugar, les dijo: «Oren para que no caigan en tentación».
    • (b) Entonces se separó de ellos a una buena distancia,
      • (c) se arrodilló y empezó a orar:
        • (d) «Padre, si quieres, no me hagas beber este trago amargo; pero no se cumpla mi voluntad, sino la tuya».
      • (c’) Cuando Jesús se levantó después de orar
    • (b’) y volvió a los discípulos, los encontró dormidos, agotados por la tristeza.
  • (a’) «¿Por qué están durmiendo? Levántense y oren para que no caigan en tentación».

Este es un ejemplo perfecto de un quiasmo greco-romano. Las frases a, b, y c encuentran un paralelo temático perfecto en sus contrapartes a’, b’ y c’, paralelo que sirve para resaltar la importancia de la proposición central del pasaje: la oración (d). Sin embargo, este quiasmo se ve arruinado en aquellas copias del evangelio donde los versículos problemáticos están presentes.

Toda esta evidencia lleva a la mayoría de expertos modernos concluir que estos dos versículos no figuraban en el manuscrito original de Lucas, sino que fueron añadidos posteriormente por escribas cristianos. En efecto, parece ser que la falta de angustia en las horas finales de Jesús invitaba a la herejía docetista, la cuál negaba que Jesús tuviese un cuerpo real, motivo por el cual algunos escribas decidieron modificar el pasaje. En efecto, Bruce Metzger, reconocido experto de la Crítica Textual del Nuevo Testamento, nos indica que:

“Estos versículos están ausentes de algunos de nuestros mejores más antiguos testimonios, incluyendo la mayoría de los manuscritos Alejandrinos. Es sorprendente notar que los testimonios más antiguos que testifican a estos versículos provienen de tres Padres de la Iglesia – Justinio, Ireneo, y Hipólito – todos los cuales usan estos versículos para atacar perspectivas cristológicas que sostenían que Jesús no era completamente humano y que no experimentaba todas las emociones y sufrimientos humanos. Es bastante posible que estos versículos hayan sido añadidos al texto precisamente por este motivo, para oponerse a quienes sostenían una Cristología docetista.” Bruce Metzger. El Texto del Nuevo Testamento, su Transmisión, Corrupción y Restauración (pg. 286)

Así, podemos una vez más aquí aplicar los criterios metodológicos que hemos visto:

  1. El “Sudor de Sangre” está ausente en los manuscritos más antiguos (criterio externo 1),
  2. El “Sudor de Sangre” hace que el texto sea más largo (criterio interno 1)
  3. El “Sudor de Sangre” no concuerda con la teología general del Evangelio de Lucas (criterio interno 4)
  4. El “Sudor de Sangre” invita a una interpretación anti-docetista, por lo que favorece la ideología ortodoxa del copista (criterio interno 7)

Para ver como dos traducciones distintas del pasaje se ocupan del problema haz click aquí.

El “Final Largo” del Evangelio de Marcos (Mc 16:9-19)

El final del Evangelio Según San Marcos provee otro interesante ejemplo de variantes textuales. La mayoría de manuscritos más antiguos y confiables que sobreviven no incluyen los versículos contenidos en Marcos 16:9-19, sino que concluyen abruptamente en Marcos 16:8. En aquellas copias más cortas, el evangelio termina con las mujeres huyendo asustadas de la tumba vacía de Jesús e indicando que ellas “no dijeron nada a nadie, porque tenían miedo.” (Marcos 16:8). En efecto, el “Final Corto” de Marcos acaba de una manera desconcertante. Ni las mujeres ni los discípulos ven al Jesús resucitado y el hecho que las mujeres hayan mantenido silencio nos hace preguntarnos cómo fue que los apóstoles (y el evangelista) finalmente llegaron a enterarse de la resurrección de Jesús.

Extracto del Codex Vaticanus. El evangelio de Marcos termina en Marcos 16:8.

Sin duda desconcertados por un final tan extraño, copistas posteriores añadieron los versículos del 9-19, lo que hoy conocemos como el “Final Largo”. Estos versículos añadidos están claramente inspirados en el final de los otros evangelios, relatando diversas apariciones del Jesús resucitado, así como su encomienda de evangelizar el mundo entero. Estos versículos por lo general aparecen en brackets en traducciones modernas de la Biblia, o se coloca una nota al pie de página clarificando que estos versículos probablemente no formaban parte del evangelio original (para ver dos ejemplos de esto en traducciones modernas de la Biblia hacer click aquí).

Una vez más, vemos como los criterios metodológicos avalan esta conclusión:

  1. El “Final Largo” está ausente en los manuscritos más antiguos (criterio externo 1),
  2. El “Final Largo” hace que el texto sea más largo (criterio interno 1),
  3. El “Final Largo” hace que el texto sea más fácil de leer (criterio interno 2),
  4. El “Final Largo” se acomoda mejor a los otros evangelios (criterio interno 5)
  5. El “Final Largo” se acomoda mejor a las ideas cristianas sobre la Resurrección de Jesús (criterio interno 7)

La “Pericopa Adulterae” (Jn 7:53–8:11)

Uno de los episodios más conocidos del Evangelio Según San Juan es la famosa historia de la mujer sorprendida en adulterio. En esta historia o perícopa, una mujer adúltera es traída en frente de Jesús, a quien se le pide la juzgue. Jesús, en vez de condenarla a ser apedreada, escribe algo en el piso y anuncia que “aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” (Juan 8:7). La multitud avergonzada se dispersa y la mujer es perdonada.

Ahora bien, pese a la tremenda popularidad del icónico pasaje, aquí también la evidencia textual apunta a que esta historia no formaba parte del evangelio originalmente. En efecto, la perícopa está ausente de los fragmentos de papiro P66 y P75, del Codex Siniaticus y el Codex Vaticanus. El manuscrito más antiguo donde esta historia aparece es en el Codex Bezae, el cual fue producido entre los años 400 y 500 d.C. Pero no solamente eso, sino que la historia en ocasiones aparece no en el evangelio de Juan, sino en el de Lucas, colocado en su capítulo 20.

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De hecho, tenemos una buena idea de cómo esta historia acabo siendo incluida dentro del evangelio por copistas posteriores. Uno de los primeros Padres de la Iglesia, Papías de Hierápolis (aprox. 110 d.C), relató la existencia de una historia transmitida oralmente en la cual una mujer “acusada de muchos pecados” fue perdonada por Jesús. Esta historia, además de ser transmitida oralmente en las primeras comunidades cristianas, parece también haberse hallado dentro de evangelios apócrifos como el Evangelio de los Hebreos. Así, tal parece ser que en algún momento algunos escribas decidieron incorporar la conmovedora y popular historia a este evangelio en el momento de copiarlo.

Hoy en día las traducciones modernas de la Biblia reconocen abiertamente el origen foráneo de esta perícopa, la cuál es a veces colocada en brackets, o se coloca una nota al pie de página clarificando que esta probablemente no formaba parte del evangelio original (para ver ambas técnicas en dos traducciones modernas distintas hacer click aquí).

BIBLIOGRAFÍA

  • Bellinzoni, Arthur J. The New Testament: an Introduction to Biblical Scholarship. Wipf And Stock Pub, 2016.
  • Brown, Raymond E., and Marion L. Soards. Introduction to the New Testament. Yale University Press, 2016.
  • Ehrman, Bart D. Jesus before the Gospels: How the Earliest Christians Remembered, Changed, and Invented Their Stories of the Savior. HarperOne, an Imprint of HarperCollinsPublishers, 2017.
  • Ehrman, Bart D. Misquoting Jesus: the Story behind Who Changed the Bible and Why. HarperOne, 2007.
  • Ehrman, Bart D. The New Testament: a Historical Introduction to the Early Christian Writings. Oxford University Press, 2016.
  • Ehrman, Bart D. The Orthodox Corruption of Scripture: the Effect of Early Christological Controversies on the Text of the New Testament. Oxford University Press, 2011.
  • Metzger, Bruce A. A Textual Commentary on the Greek New Testament. American Bible Society, 1994.
  • Metzger, Bruce Manning, and Bart D. Ehrman. The Text of the New Testament: Its Transmission, Corruption, and Restoration. Oxford University Press, 2005.

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4 comentarios en “Introducción a la Crítica Textual

  1. Hay un par de errores:
    1. En los subtítulos aparece dos ve
    ces “Criterios externos”, cuando la segunda vez debería decir “Criterios internos”.
    2. Cuando se habla de la complejidad en la aplicación de las reglas, el ejemplo está mal puesto, dado que si el pasaje es más antiguo (criterio externo) y más difícil(criterio interno), es muy fácil: ése es el pasaje que hay que elegir como más cercano al original, pues esos dos criterios no se contradicen sino que se apoyan entre sí. Son dos criterios que van a favor de la antigüedad del texto.

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  2. Se dice que Mateo 28.19 fue adulterado en el siglo 3 D.C. ya que no concuerda concuerda con Lucas 24.47 que son pasajes concordantes,y con todos los bautismos realizados por los apóstoles en el libro de Hechos. La iglesia católica y la mayoría de las iglesias cristianas se apoya en ese solo texto para la practica de su bautismo, cuando en la práctica bíblica de los apóstoles se uso la formula de Lucas 24.47 y de Hechos 2.38.

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