El relato del nacimiento de Jesús según el Evangelio de Lucas es uno de los episodios más memorables del Nuevo Testamento, pero también constituye uno de los pasajes que más tensiones genera cuando se lo somete a un análisis histórico. En el corazón de este relato se encuentra un censo atribuido a César Augusto y vinculado a la figura de Publio Sulpicio Quirinio, el cual habría obligado a José y María desplazarse de Nazaret a Belén. No obstante, un acontecimiento como este parece entrar en conflicto con todo lo que sabemos sobre la administración romana, la cronología herodiana, y las fuentes más antiguas disponibles. En este artículo explicaré de manera sistemática los problemas históricos del llamado “censo de Lucas” y evaluaré críticamente una de las defensas contemporáneas más influyentes de su plausibilidad histórica: la propuesta por Sabine Huebner, la cual es hoy en día probablemente la “solución” apologética más citada entre quienes quieren defender la historicidad íntegra del relato lucano.

El Problema
Los relatos del nacimiento de Jesús contenidos en los evangelios de Mateo y Lucas son dos de los pasajes del Nuevo Testamento cuya historicidad ha sido más intensamente cuestionada por los investigadores. Las razones que han llevado a los expertos a dudar son numerosas, pero dos destacan de manera particular:
- Ambos relatos se contradicen punto por punto, de tal forma que reconciliarlos es esencialmente imposible sin recurrir a interpretaciones cuestionables y forzadas del texto; y
- Considerados por separado, tanto el relato de Mateo como el de Lucas sufren de varios problemas históricos internos, los cuales los hacen poco verosímiles considerados incluso de forma individual.
Ahora bien, como punto de partida es necesario enfatizar que la tesis de Sabine Huebner no toca el primer problema, sino que es relevante exclusivamente para el segundo y solo con relación al relato de Lucas. Dicho de otra forma, la tesis avanzada por esta autora se limita únicamente a analizar el relato de Lucas en sus propios términos y proponer formas de resolver algunas de las aparentes imposibilidades históricas que este presenta. Ahora bien, ¿cuáles son exactamente los problemas históricos de la narración de Lucas?
Para plantear la cuestión, vale la pena empezar citando el texto bíblico en su integridad:
En aquellos días salió un decreto de Augusto César ordenando que se empadronara a todo el mundo habitado. Este fue el primer censo y se llevó a cabo cuando Quirinio era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse, cada uno a su propia ciudad. También José subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a Judea, a la ciudad de David llamada Belén, por ser él de la casa y familia de David, para inscribirse con María, que estaba desposada con él y encinta. Y sucedió que, estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada. (Lc. 2:1-7)
Como podemos constatar, el relato del nacimiento de Jesús presentado por Lucas se construye alrededor de un censo que, según el evangelista, habría obligado a José y María a abandonar su residencia en Nazaret y desplazarse a Belén para empadronarse. El censo descrito por Lucas, por lo tanto, presenta las siguientes características fundamentales:
- Habría tenido un alcance imperial, afectando a “todo el mundo habitado” (πᾶσαν τὴν οἰκουμένην);
- Habría exigido que los participantes se registraran en su lugar de origen ancestral, lo que explicaría el desplazamiento de José a la ciudad de David;
- Habría abarcado a los territorios de Judea y Galilea; y,
- Habría tenido lugar cuando Quirinio era gobernador de Siria.
Ahora bien, el problema es que un censo con estas características difícilmente pudo haber ocurrido, por varias razones.
¿Un censo universal?
En primer lugar, no existe ninguna fuente histórica (aparte del propio Lucas) que indique que César Augusto haya decretado un censo universal que haya abarcado a “todo el mundo habitado”, es decir, uno donde todos los habitantes del Imperio Romano hayan requerido empadronarse. Si bien es cierto que Augusto llevó a cabo varios censos (hecho atestiguado por múltiples fuentes antiguas, incluida la célebre inscripción autobiográfica conocida como la Res Gestae) no tenemos constancia de ninguno con alcance universal.
Los censos romanos se realizaban, por regla general, a nivel regional, especialmente en el caso de los llamados censos provinciales, que se llevaban a cabo en territorios directamente sometidos a la administración romana. Un censo verdaderamente universal, en el que todos los habitantes del Imperio hubieran debido empadronarse de manera simultánea, habría constituido un acontecimiento administrativo de enorme magnitud y, sin duda alguna, habría sido registrado por cronistas de la antigüedad como Josefo o Tácito.
¿Regreso al “hogar ancestral”?
Otra característica del censo descrito por Lucas es que, según el evangelista, este fue uno donde sus participantes tenían que empadronarse en la localidad de donde provino su familia originalmente. Fue por eso que José, al ser descendiente del Rey David, tuvo que ir al pueblo de Belén, el lugar donde el Antiguo Testamento indica este monarca habría provenido (1 Sam. 17:12). Unas simples reflexiones, sin embargo, revelan porque algo así simplemente no pudo haber ocurrido.
Para empezar, es importante recordar que, según la propia cronología bíblica, el Rey David habría vivido aproximadamente entre los años 1040 y 970 a. C., es decir, mil años antes de este censo. ¿Significa entonces que todos sus participantes tuvieron que regresar al pueblo de donde sus ancestros provinieron un milenio atrás? ¿Cómo sabrían cuál era ese lugar? Si tu tuvieras que regresar al lugar de donde provino tu antepasado de hace mil años, ¿a dónde irías? Más aún, cada persona literalmente tiene miles de ancestros y, por lo tanto, miles de lugares que podrían contar como su “hogar ancestral”. ¿A cuál de todos ir? Además, si David vivió mil años antes del censo, resulta inevitable concluir que, para entonces, debía contar con decenas o incluso cientos de miles de descendientes vivos además de José. ¿Acaso todos ellos tuvieron que ir a la pequeña aldea de Belén? Y, de ser así, ¿cómo pudo un acontecimiento de tal magnitud pasar completamente desapercibido para todos los autores antiguos, salvo Lucas?

Con todo, existe un problema aún más fundamental. Y es que el propósito de los censos romanos no era satisfacer curiosidades demográficas o genealógicas, sino que tenían un rol eminentemente práctico: estimar cuantos impuestos podían extraerse de una determinada región. En consecuencia, la regla era que uno debía empadronarse en el lugar donde uno tenía sus posesiones, particularmente sus tierras. Esto es atestiguado, por ejemplo, en la recopilación de derecho romano del siglo III conocida como el Digesto de Ulpiano, donde se indica que:
Pero aquel que tiene un campo en otra ciudad debe registrarse en la ciudad en la que está el campo; pues el impuesto sobre la tierra debe pagarse a la ciudad en cuyo territorio se posee el terreno (Dig. 50.15.4.2)
En consecuencia, simplemente no tendría ningún sentido pedirles a los residentes empadronarse en el lugar de sus “hogares ancestrales”. En el caso de José, el propio Lucas especifica que su lugar de residencia (y por lo tanto el lugar donde tenía sus posesiones) era Nazaret.
¿Un censo en el reino de Herodes?
Ahora bien, existe otro grave problema con el relato de Lucas. Para entenderlo, es necesario primero saber que Roma contaba esencialmente con dos modalidades distintas para ejercer control sobre los territorios sometidos a su dominio y, en consecuencia, dos mecanismos diferentes de recaudación tributaria:
- Por un lado, Roma podía administrar directamente un territorio mediante un aparato burocrático encabezado por un gobernador. En estos casos, la recaudación de impuestos quedaba a cargo de la propia administración romana, que para tal fin llevaba a cabo censos provinciales periódicos destinados a calcular la capacidad fiscal de la población sometida.
- La segunda modalidad era más sutil. En lugar de ejercer un control administrativo directo, Roma patrocinaba a un rey local, quien gobernaba el territorio con un margen considerable de autonomía. A cambio, dicho monarca se comprometía a entregar a Roma un tributo regular, pero conservaba plena libertad para decidir cómo recaudar los recursos necesarios para cumplir con esa obligación. Mientras César recibiera lo prometido, el método empleado por el soberano local para obtener los recursos era de poco interés para la administración romana. En este segundo escenario, resulta claro que Roma no tenía necesidad de llevar a cabo ningún censo, puesto que la recaudación tributaria no era responsabilidad suya, sino del rey súbdito.
Ahora bien, tanto Mateo como Lucas coinciden Jesús nació cuando aún reinaba Herodes el Grande, quien era precisamente uno de estos reyes clientes o vasallos de Roma. En efecto, Herodes ejercía su autoridad tanto sobre Galilea (donde se encontraba Nazaret) así como sobre Judea (donde se ubicaba Belén). El problema se vuelve entonces evidente: si estos territorios estaban bajo la jurisdicción de un rey cliente, no tiene ningún sentido que en ellos se hubiera llevado a cabo un censo romano. Tal medida sería contraria a la forma habitual con la que Roma administraba sus dominios y a la lógica misma de su relación con sus reyes vasallos.
Parecería ser, entonces que Lucas ha cometido algún tipo de error cronológico, puesto que resulta sumamente improbable que un censo como el que él describe haya ocurrido mientras que Herodes estuviera en el trono. En efecto, según el famoso historiador judío Flavio Josefo, el primer censo romano en tierra judía ocurrió años después de la muerte de Herodes, cuando Roma finalmente tomó control directo. Esto nos lleva directamente al siguiente problema histórico con la narración de Lucas.
¿Un censo en tiempos de Quirino?
Herodes el Grande falleció el año 4 a.C. y sus territorios fueron repartidos entre sus hijos, con Herodes Arquelao quedándose con las regiones de Judea, Samaria, e Idumea. Arquelao, sin embargo, resultó ser un soberano muchísimo menos competente que su padre y, después de una década de administración desastrosa, fue finalmente depuesto por órdenes de César Augusto.
Ahora bien, en vez de confiarle estos dominios a otro rey cliente, el emperador decidió que era hora de que Roma tomase control directo. Fue así como en el año 6 d.C. los territorios de Arquelao fueron anexados a la provincia de Siria y en ellos se realizó aquello que la administración romana necesitaba para empezar a extraer tributos directamente: un censo. Para tal cometido, el emperador Augusto designó a Publio Sulpicio Quirino como gobernador de Siria con la instrucción de organizar y ejecutar un censo provincial en dichos territorios y así empezar a extraer tributos directamente de la población judía. A este censo comúnmente se le conoce como el “Censo de Quirino”.
Y es aquí donde surge otro problema grave para el relato de Lucas. Al describir el censo en el que habría participado José, el evangelista afirma que fue “el primer censo” que ocurrió “cuando era Quirino gobernador de Siria”, lo que hace obvio que Lucas está justamente pensando en el Censo de Quirino. Sin embargo, es imposible que Jesús haya nacido durante este evento. En efecto, tanto Lucas como Mateo coinciden en situar el nacimiento de Jesús bajo el reinado de Herodes el Grande. No obstante, Quirinio asumió el gobierno de Siria y no condujo su censo sino hasta el año 6 d.C., es decir, diez años después de la muerte de este monarca. Igualmente, situar el nacimiento de Jesús en el año 6 d.C. sería una fecha excesivamente tardía, incompatible con el resto de la cronología de su vida pública.
Más aún, asumir que Jesús nació durante el Censo de Quirino crea un problema secundario. Esto es así porque si bien es verdad que este censo fue conducido en Judea (donde se encontraba Belén), este no abarcó a Galilea (donde se encontraba Nazaret), la cual todavía estaba siendo administrada por un rey cliente: Herodes Antipas, otro hijo de Herodes el Grande y hermano del destituido Arquelao. En consecuencia, incluso si damos por cierta la afirmación de Lucas de que en este censo sus participantes tuvieron que acudir a sus “hogares ancestrales” (cosa que, como vimos, es sumamente problemática) no quedaría para nada claro por qué José habría tenido que participar en dicho censo para empezar, dado que residía fuera de la jurisdicción en la que el Censo de Quirino tuvo lugar.
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En definitiva, podemos resumir los principales problemas históricos con el censo descrito por Lucas del siguiente modo:
- Lucas indica que Jesús nació durante un censo decretado por César Augusto que abarcó a “todo el mundo habitado”, sin embargo no existe registro alguno de un censo universal con estas características.
- Lucas sostiene que, en dicho censo, José tuvo que desplazarse a Belén por ser el lugar de origen ancestral de su familia. Sin embargo, un censo que obligase a sus participantes a regresar a sus “hogares ancestrales” no solo hubiese sido un imposible administrativo, sino que sería contrario a la finalidad y práctica de los censos romanos.
- Lucas y Mateo coinciden en que Jesús nació cuando los territorios judíos todavía estaban siendo gobernados por Herodes el Grande, un rey cliente de Roma. En consecuencia, no tiene sentido que ahí se haya realizado un censo romano.
- Lucas indica que este censo ocurrió “cuando Quirino gobernaba Siria”. Sin embargo Quirino no se convirtió en el gobernador de Siria sino hasta el año 6 d.C., una fecha incompatible tanto con el reinado de Herodes como con la cronología general de la vida de Jesús.
Estos problemas históricos llevan a la gran mayoría de investigadores a concluir que el relato de Lucas, por icónico que sea, simplemente no pudo haber sucedido en la realidad. La explicación más plausible es que las primeras comunidades cristianas conservaron el vago recuerdo de que alrededor de los años cuando nació Jesús ocurrió un gran censo en tierras judías (el Censo de Quirino) y esto eventualmente engendró una leyenda que utilizaba a este censo como el mecanismo para situar al nacimiento de Jesús en Belén, el lugar de donde provino el mítico rey David y de donde muchos esperaban también provenga el Mesías. Esta leyenda fue finalmente recogida por el evangelista al que llamamos Lucas, un cristiano anónimo escribiendo alrededor del año 90 d.C. –más de 80 años después de los eventos—, quién hizo su mejor esfuerzo por situarlo en la cronología de la época.
En efecto, que este relato sea ficticio explicaría muchas otras cosas, como el hecho de que se contradiga punto por punto con la versión del nacimiento de Jesús ofrecida por Mateo, así como su afirmación –poco plausible e inverosímil de por sí— de que José llevó a su esposa en un avanzado estado de gestación a un largo y difícil viaje hasta Belén para empadronarse, algo que carecería de sentido incluso si un censo hubiese ocurrido realmente. Lejos de ser historia, por lo tanto, el relato lucano parece ser una construcción teológica diseñada para satisfacer las expectativas mesiánicas de los primeros cristianos, y no un testimonio fiable de algo que ocurrió en la realidad.
Sabine Huebner al rescate
Ahora bien, estos graves problemas no han disuadido a quienes desean defender la historicidad íntegra del evangelio de Lucas y, a través de los siglos, muchas “soluciones” con diferentes grados de plausibilidad han sido propuestas. No obstante, hoy en día quizá la más invocada es aquella que recientemente fue sugerida por la investigadora Sabine Huebner en el capítulo tres de su libro Papyri and the Social World of the New Testament (“Papiros y el Mundo Social del Nuevo Testamento”), escrito en el 2019.
Conviene ser claros desde el inicio. Sabine Huebner es una respetada profesora de historia antigua de la Universidad de Basilea y su obra dista mucho de ser un ejercicio “apologético” en el sentido vulgar del término. Se trata, por el contrario, de un libro cuidadosamente argumentado y anclado en la literatura académica contemporánea. No obstante, debe también subrayarse que muchos de los argumentos y evidencias que Huebner pone sobre la mesa no son enteramente novedosos, sino que ya han sido esbozados o por lo menos aproximados por autores anteriores como William Ramsay, los cuales escribieron con un claro fin apologético.
En concreto, la tesis de Huebner es la siguiente: el censo descrito por Lucas no sería el Censo de Quirino, sino que correspondería a un hipotético censo anterior conducido en territorios judíos en el año 8 a.C. bajo la gobernación de Cayo Sentio Saturnino pero con Publio Sulpicio Quirino actuando como procurador. Este censo habría forzado a José a trasladarse a Belén, no por tratarse de su “hogar ancestral”, sino por el hecho de que ahí tenía propiedades que declarar. De este modo, Huebner sostiene que el relato de Lucas sería históricamente plausible, o al menos defendible.
No obstante, pese a que el trabajo de Huebner constituye sin duda una excelente obra académica, su tesis no han logrado convencer a la gran mayoría de los investigadores especializados. Y es que pese a que los argumentos de Huebner denotan gran erudición, no solo que la solución propuesta no consigue resolver —y en algunos casos ni siquiera mitigar— los problemas históricos que presenta el relato lucano, sino que trae consigo nuevas dificultades. A continuación expondré los argumentos propuestos por Huebner e indicaré los problemas relacionados con ellos.

Sobre el regreso al “hogar ancestral”
El primer problema que Huebner ataca es la aparente imposibilidad de que un censo romano haya forzado a sus participantes a regresar a sus “hogares ancestrales”. Para ello, la autora propone una lectura alternativa del texto lucano. Según esta autora, el evangelista no nos estaría diciendo que José tuvo que registrarse en Belén por ser este su “hogar ancestral”, sino que –de manera implícita— nos estaría indicando que tuvo que hacerlo porque la familia de José originalmente era de Belén y él todavía tenía ahí propiedades que declarar.
En efecto, si bien lo usual es que el lugar donde uno reside y el lugar donde uno tiene sus posesiones sean idénticos, puede ocurrir que alguien tenga propiedades en más de un lugar. En tales casos, teoriza Huebner, la lógica del procedimiento censal romano habría exigido que el contribuyente se desplazara personalmente a todos los lugares donde tuviere bienes. Para sustentar este punto, la autora cita el llamado “Papiro Londres 904”, un papiro que conserva una copia de un edicto dictado por un gobernador romano en Egipto en 104 d.C., ordenando a todos a regresar a sus hogares para la realización de un censo. El texto del edicto es el siguiente (las “…” significan áreas donde el papiro ha sido dañado):
Gayo Vibio Máximo, prefecto de Egipto, declara: Puesto que el censo casa por casa se encuentra actualmente en curso, es necesario que todos aquellos que, por cualquier motivo, se hallen fuera de sus nomos, se inscriban y regresen a sus propios hogares, a fin de que puedan cumplir también con la administración habitual del censo y dedicarse al cultivo que les corresponde. Consciente, sin embargo, de que nuestra ciudad necesita a algunas personas del campo, deseo que todos aquellos que parezcan tener una razón justificada para permanecer aquí sean registrados con Vol… Festo, prefecto de una cohorte, a quien para este propósito he designado, y de quien asimismo recibirán los permisos quienes demuestren la necesidad de su presencia, de conformidad con esta disposición, para que regresen dentro de los treinta días del presente mes de Epeif … con la correspondiente … autorización escrita … del funcionario … no será tratado con indulgencia, pues sé bien las órdenes que han sido emitidas …… quienes actúen injustamente …
Ahora bien, el problema aquí es que el papiro no respalda la aserción de la autora. En efecto, lo que el edicto nos indica es que los trabajadores rurales que se encontraban temporalmente en la ciudad de Alejandría tenían que regresar a sus respectivos “nomos” (una unidad administrativa de Egipto) para empadronarse en el censo provincial. Este texto antiguo, por lo tanto, simplemente es un testimonio más de la regla general que ya mencioné: en un censo romano uno se registraba en el lugar de su residencia habitual, donde uno generalmente tiene sus posesiones. Así las cosas, el papiro no aporta ninguna evidencia acerca de qué ocurría en los casos hipotéticos en los que una persona poseía propiedades en más de una localidad. La afirmación de Huebner según la cual en tales situaciones el contribuyente habría tenido que desplazarse y registrarse en cada lugar donde tuviera bienes no se desprende de este edicto. Esta es una tesis plausible, pues se acomoda a la lógica general de los censos romanos, pero simplemente no encuentra sustento en el texto citado.

Pero el problema más grave con la teoría de Huebner es que choca directamente contra el propio evangelio de Lucas. En efecto, la tesis central de esta autora es que el evangelista quiso dar a entender, de manera implícita, que José era originario de Belén y que el motivo real de su desplazamiento fue que aún poseía allí bienes que debían ser declarados. Sin embargo, esta es una interpretación sumamente problemática del texto. Lejos de insinuar que José era originario de Belén, Lucas transmite de forma reiterada la idea de que su residencia era Nazaret, y solo Nazaret. Por ejemplo, el hecho de que José y María hayan tenido que acostar a Jesús en un pesebre “porque no había lugar para ellos en la posada” (2:7) está en tensión con la idea de que José tuviese una casa en Belén. Igualmente, cuando Lucas relata el retorno de José y María después del censo, este dice que ellos “regresaron a Galilea, a su propio pueblo de Nazaret” (2:39). Más aún, el evangelio de Lucas –así como todo el Nuevo Testamento más en general— retratan a Jesús y a su padre como personas de clase humilde que trabajaban con sus manos para sobrevivir, una imagen que no encaja bien con la idea de que ellos tenían propiedades en más de una localidad.
Del mismo modo, resulta poco verosímil que Lucas esperase que sus lectores infirieran la existencia de propiedades en Belén a partir del mero hecho de que José fuera presentado como un descendiente de David. Como ya mencioné, el rey David habría vivido aproximadamente mil años antes del censo. La idea de que un campesino galileo del siglo I conservase bienes heredados de un ancestro tan remoto es difícil de creer. ¿Cuántos de ustedes todavía tienen propiedades provenientes de un ancestro que vivió un milenio atrás? Más aún, como también mencioné, el hecho de que David haya vivido en un pasado tan remoto significa que él debía tener decenas o incluso cientos de miles de descendientes vivos en el siglo I. ¿Qué tan probable sería entonces que José, el humilde carpintero de Galilea, haya conseguido heredar algo de su distante antepasado?
Lo cierto es que si Lucas hubiese querido transmitir que José tenía propiedades en Belén y que esa era la verdadera razón de su viaje, lo más natural habría sido decirlo explícitamente. En lugar de ello, la única razón que el evangelista ofrece para justificar el desplazamiento de José a Belén es que este era “de la casa y familia de David”. Pretender que estas palabras comunican algo más allá de lo que afirman parece rebasar lo que una lectura histórica responsable permite.
En definitiva, la “solución” que Huebner propone para enfrentar este primer problema descansa sobre dos conjeturas cuestionables: la aserción de que en un censo romano quienes tenían propiedades en más de un lugar tenían que desplazarse a cada uno de esos lugares (tesis que, si bien es plausible, no está respaldada por la evidencia que ella presenta) y por otro, la idea de que Lucas estaría comunicando implícitamente que José tenía propiedades en Belén, una afirmación que está en tensión con el propio texto evangélico.
Sobre el censo en el reino de Herodes
El segundo problema que Huebner intenta neutralizar es la aparente imposibilidad de que Roma haya conducido un censo en las regiones de Judea y Galilea cuando estas todavía estaban siendo gobernadas por Herodes el Grande. Para lograr su cometido, la autora cita un pasaje de los Anales de Tácito, donde, según ella, el cronista romano demuestra que ocasionalmente la administración romana conducía censos en el territorio de sus reyes cliente:
Por aquel mismo tiempo, el pueblo de los clitaros sometidos a Arquelao de Capadocia, al verse obligados, a la manera nuestra, a llevar a cabo un censo de propiedades y a someterse al pago de tributos, se retiraron a las alturas de los montes Tauro y, dadas las características del terreno, se defendieron con éxito frente a las débiles fuerzas del rey, hasta que el legado Marco Trebelio, enviado por Vitelio desde su provincia de Siria con cuatro mil legionarios y un contingente selecto de tropas auxiliares, rodeó con obras de asedio las dos colinas ocupadas por los bárbaros (la menor llamada Cadra, la otra Davara) y los obligó a rendirse: a los más audaces, por la espada; al resto, por la sed. (Anales 6.41)
En este pasaje, Tácito relata un incidente ocurrido en Capadocia (Turquía) donde una tribu se sublevó en contra de un rey cliente llamado Arquelao (que no debe ser confundido con “nuestro” Arquelao, el hijo de Herodes) por haber realizado un censo “a la manera nuestra”, es decir, con características romanas. El rey fue incapaz de vencer a los rebeldes, por lo que Roma tuvo que finalmente intervenir para reestablecer el orden. Según Huebner, el pasaje demuestra que no era imposible que Roma presionara a sus reyes clientes para conducir censos romanos en sus territorios con apoyo administrativo romano, cosa que, a su vez, demostraría que lo mismo pudo haber ocurrido en los territorios gobernados por Herodes el Grande.

Ahora bien, si el primer argumento de Huebner era una barca con un boquete, este de aquí es un barco hundido. Y es que si uno lee con cuidado la cita ofrecida por la autora, resulta evidente que no respalda su tesis. En efecto, en ningún momento Tácito sugiere que este censo haya sido una imposición de Roma o, mucho menos, que haya sido conducido directamente por la administración imperial. Lo que Tácito relata es un incidente donde un rey cliente, por iniciativa propia, tomo la decisión de copiar las prácticas administrativas romanas y conducir un censo “a la manera” romana. Este es el sentido natural del texto y la interpretación generalizada que se le ha dado a este pasaje. Por ejemplo, esto es lo que el comentario de los Anales hecho por Carl Winters (1965) dice al respecto:
Aparentemente, se realizó un intento de organizar la recaudación tributaria según el modelo romano, quizá cada cinco años. Esto causó disturbios y el pueblo ocupó la cima de las montañas de Tauro y desde ahí se defendieron con facilidad de las ineficientes tropas del rey local. De este modo, los romanos, aunque no directamente involucrados, se vieron forzados a intervenir (p. 338)
O, de forma más reciente, el comentario hecho por A.J. Woodman (2016):
[El pasaje] parece indicar que esto no era una imposición romana de un censo y tributo en el reino de un “rex socius”, pero un intento por parte del rey de organizar su sistema de recaudación tributaria en el modelo romano. (p. 257).
Varias consideraciones adicionales refuerzan esta interpretación. Para empezar, resulta evidente que este censo no contaba con apoyo romano directo precisamente por lo que ocurrió: al principio el rey cliente tuvo que lidiar por su cuenta contra la sublevación y fue solo después que Roma finalmente intervino. La narrativa, por lo tanto, sugiere que Roma solo actuó cuando se hizo evidente que el rey era incapaz de reestablecer el orden sin ayuda. Esto está en clara tensión con la idea de que este censo fue ordenado directamente por Roma y que contó con su apoyo desde el principio.
Luego, si Tácito de verdad estuviese relatando una intervención directa en la administración de un rey cliente, uno esperaría que lo dijera de manera clara y le dedicara más atención a ello. Esto es así porque incluso concediendo que una interferencia de este tipo pudiera ocurrir de forma ocasional, se trataría, en cualquier caso, de un acontecimiento excepcional dentro del marco habitual de las relaciones entre Roma y sus reyes vasallos. Esta ocurrencia habría sido tan rara, de hecho, que este es el único pasaje que Huebner ha podido encontrar en Tácito o en cualquier otra fuente antigua que parezca sustentar su tesis. Así las cosas, siendo este un evento tan excepcional, uno esperaría que Tácito no fuese tan ambiguo y parco al relatarlo.
Así las cosas, la única evidencia citada por Huebner para argumentar que era posible que hayan ocurrido censos romanos en territorios de reyes clientes simplemente no apoya su tesis.
Pero el problema en realidad es aún más grave. Y es que incluso si concediéramos in arguendo que el pasaje citado por Huebner efectivamente demuestra que Roma impuso un censo romano en Capadocia, esto estaría muy lejos de probar que lo mismo ocurrió o pudo haber ocurrido en Judea. Esto es así no solo porque estamos hablando de dos regiones con condiciones políticas y sociales distintas, sino porque rebasa los límites de lo creíble creer que un evento como este haya podido transcurrir en tierras de Israel sin que haya sido reportado por Flavio Josefo, el famoso historiador judío. Esto es así por varias razones.
En primer lugar, porque, como ya mencioné, incluso si asumimos que una intervención romana directa en el territorio de un rey vasallo fuese posible, ello no dejaría de ser un evento inusual y de gran trascendencia. Este hecho, de por sí, hubiera sido suficiente para atraer la atención del cronista judío. Pero la simple novedad y excepcionalidad del evento no serían las únicas razones por las que Josefo hubiese sin duda reportado el suceso.
Aquí es necesario entender la importancia que tuvo el Censo de Quirino no solo en la historia judía, sino en la mente del propio Josefo. En efecto, cuando Quirino realizó su censo en el año 6 d.C., este causó una gran conmoción, puesto que los judíos más piadosos entendieron esto como una afrenta directa a su soberanía religiosa. La consternación finalmente dio paso a la violencia: un hombre llamado Judas de Galilea encabezó una revuelta en contra de Roma, arguyendo que pagarle impuestos al César sería una blasfemia, pues significaría reconocer a otro soberano además de Dios. Según Josefo, esta revuelta y las ideas que nacieron en ella serían las semillas de las demás desventuras que acaecieron a los judíos en las subsecuentes décadas:
Toda clase de desgracias surgieron de estos hombres y la nación quedó infectada por esta doctrina en un grado increíble. Una guerra violenta tras otra cayó sobre nosotros, y perdimos a nuestros amigos, que solían aliviar nuestros padecimientos; hubo además saqueos muy graves y el asesinato de nuestros hombres principales. […] La sedición llegó finalmente a tal extremo que el mismo templo de Dios fue incendiado por el fuego de sus enemigos. (Ant. Jud. XVIII, 1, 1).
En efecto, para Josefo, la revuelta que causó el Censo de Quirino fue el origen de lo que él llamó “la cuarta filosofía”: la idea de que los judíos tenían un deber religioso de sublevarse en contra del yugo romano. Esta ideología, piensa Josefo, fue lo que finalmente desencadenó la Gran Revuelta contra Roma del año 66 d.C., la cual acabó con la destrucción del Templo de Jerusalén. Para Josefo, entonces, el Censo de Quirino tiene una importancia singular puesto que, al menos en su mente, este evento fue el primer dominó en una serie de sucesos que culminó en una de las catástrofes más grandes de la historia judía. Teniendo esto en mente, podemos ver porqué es sumamente improbable que Josefo haya “olvidado” mencionar que hubo un censo romano anterior, el cual habría sido visto al menos como un preludio de este evento tan monumental en la historia israelita.

Más aún, teniendo en cuenta lo ocurrido durante el Censo de Quirino, resulta difícil aceptar que un censo romano anterior pudiera haberse llevado a cabo en territorio judío sin provocar algún tipo de agitación social, la cual sin duda también habría atraído la atención de Josefo u otro historiador antiguo. Luego, por otro lado, el hecho de que el Censo de Quirino desencadenara disturbios de tal magnitud sugiere que Josefo tiene razón al afirmar que este fue el primer censo romano realizado en tierras judías. En efecto, la reacción tan intensa que suscitó este acontecimiento sería difícil de explicar si los judíos ya hubiesen tenido experiencias previas de sometimiento directo a la administración tributaria romana.
Quirino…¿procurador de Siria?
Ahora bien, habiendo supuestamente establecido la posibilidad de que un censo romano haya podido ocurrir en el reino de Herodes el Grande en abstracto, Huebner tiene ahora en sus manos la difícil tarea de establecer cuando este hipotético censo pudo haber ocurrido. Aquí el texto del Evangelio de Lucas nuevamente complica las cosas, puesto que el evangelista es bastante explícito en que el censo que describe ocurrió “cuando Quirino era gobernador Siria”, cosa que no ocurrió sino hasta el año 6 d.C., diez años después de la muerte de Herodes.
Para resolver esta imposibilidad cronológica, Huebner nuevamente propone una interpretación alternativa del evangelio. Según esta autora, el término griego ἡγεμον (hegemon), que Lucas emplea para describir el cargo de Quirino, no tendría que traducirse necesariamente como “gobernador”, como suele hacerse, sino que podría referirse al cargo inferior de “procurador”, cuya autoridad podía limitarse a ámbitos específicos, en particular a asuntos financieros como la organización de censos provinciales. Sobre esta base, Huebner propone que es posible que Quirino haya dirigido no uno, sino dos censos: el bien conocido censo del año 6 d.C., que lleva su nombre y en el que habría sido efectivamente el gobernador de Siria, y un censo anterior, puramente hipotético, en el cual Quirino habría actuado únicamente como procurador. Sería a este segundo censo, anterior y no documentado, al que Lucas estaría haciendo referencia en su evangelio.
Ahora bien, ¿qué tan plausible es esta hipótesis? El primer problema que enfrenta es de índole puramente lingüística. Y es que si bien es verdad que la palabra hegemon podía ser usada para referirse a otras posiciones de autoridad más allá de la de “gobernador” como tal, lo cierto es que en otros lugares Lucas solo usa esta expresión para referirse a gobernadores romanos. En efecto, Lucas utiliza esta expresión para referirse a Poncio Pilato (Lc. 3:1), a su sucesor Antonio Félix (Hch. 23:24,26,33; 24:1,10) y al procónsul Porcio Festo (Hch. 26:30).
Pero más allá de este punto, hay otra razón que habla en contra de la interpretación de Huebner. Y es que resulta difícil creer que Lucas no fuera consciente de que la forma como decidió expresarse invitaría precisamente a la “malinterpretación” que, de hecho, se ha impuesto a lo largo de los siglos. Aquí es necesario volver a enfatizar la gran importancia y fama que tenía el Censo de Quirino en el tiempo en el que escribió el evangelista. En ese contexto, Lucas difícilmente pudo no darse cuenta que, al mencionar un censo ocurrido en tierras judías “cuando Quirino era el hegemon Siria”, sus lectores naturalmente lo identificarían con el célebre censo del año 6 d.C., dónde Quirino ejerció como gobernador. Resulta improbable que el público original del evangelio hubiera pensado, en cambio, en un censo anterior –no atestiguado en ninguna otra fuente— en el que Quirino habría desempeñado el papel secundario de procurador. Dado este trasfondo, si Lucas hubiera querido referirse a un censo distinto al Censo de Quirino, es razonable suponer que habría empleado una formulación menos ambigua, por ejemplo mencionando explícitamente al gobernador (y no al procurador) en funciones en ese momento (ej.: “Este censo tuvo lugar cuando Saturnino era gobernador de Siria”). El hecho de que no lo haga refuerza la impresión de que Lucas estaba aludiendo precisamente al censo más conocido y recordado por sus lectores, aun cuando ello genera graves dificultades cronológicas para su relato.
En cualquier caso, resulta bastante improbable que Quirino haya conducido un censo en tierras judías en calidad de procurador antes del célebre censo del año 6 d.C. Una vez más, la teoría de Huebner se tropieza con el testimonio de Flavio Josefo. En efecto, cuando el historiador judío introduce a Quirino en su relato al tratar el censo del año 6 d.C., lo presenta como un personaje completamente nuevo, sin ofrecer indicio alguno de que hubiera tenido algún tipo de relación previa con los asuntos judíos. Cuesta creer que al presentar este personaje Josefo se haya “olvidado” mencionar que Quirino ya había conducido un censo con anterioridad. Si las probabilidades de que Josefo haya obviado mencionar que ocurrió un censo romano durante el reinado de Herodes el Grande son bajas, la probabilidad de que además se haya olvidado mencionar que fue conducido por la misma persona que condujo el catastrófico censo del año 6 d.C. son esencialmente nulas.
¿El censo de Saturnino?
Partiendo de la hipótesis de que Lucas se refiere a Quirino como “procurador” y no como “gobernador” de Siria, Huebner completa su propuesta sugiriendo que el censo mencionado en el evangelio pudo haber tenido lugar en el año 8 a.C., cuando Herodes el Grande aún reinaba y el gobernador de Siria era Cayo Sencio Saturnino. Las razones que la llevan a proponer esta fecha concreta son las siguientes:
En el año 9 a. C., el rey Herodes llevó a cabo una campaña militar contra los nabateos, un pueblo árabe asentado principalmente en la región de la actual Jordania. Esta operación se realizó sin la autorización del emperador Augusto, quien, molesto por el comportamiento del rey, amenazó con rebajar su estatus de rex socius y tratarlo como un súbdito. La tensión diplomática duró hasta que una embajada enviada por Herodes fue recibida por Augusto, ante quien se expusieron las razones de la intervención militar. El emperador aceptó las explicaciones y restableció su relación de amistad con el monarca judío. Esta crisis política duró aproximadamente un año y culminó en torno al 8 a.C.
Paralelamente, en ese mismo año 8 a.C., el emperador Augusto ordenó la realización de un censo de alcance imperial, hecho atestiguado por la célebre inscripción conocida como la Res Gestae Divi Augusti. A diferencia de los censos provinciales, sin embargo, los censos imperiales estaban limitados a los ciudadanos romanos y no incluían a las poblaciones no ciudadanas de las provincias.

Pese a ello, Huebner considera que esta coincidencia cronológica ofrece una oportunidad para situar históricamente el censo descrito por Lucas y, al mismo tiempo, explicar la afirmación del evangelista de que este censo abarcó “a todo el mundo habitado”. Según su propuesta, durante el período en que Herodes habría perdido el favor de Augusto, el emperador pudo haber enviado a un procurador —a Quirino— con la misión de llevar a cabo un censo provincial en el territorio herodiano, como un paso preliminar hacia su transformación en provincia romana. El hecho de que este hipotético censo provincial coincidiera cronológicamente con el censo imperial explicaría, según Huebner, el uso de la expresión “todo el mundo habitado” empleada por Lucas. Este sería el censo en el que, en teoría, habría participado José.
Ahora bien, ¿qué tan plausible es este escenario? De todas las hipótesis propuestas por Huebner, esta es sin duda la más especulativa. En efecto, no existe absolutamente nada en el registro histórico que sugiera que durante el breve período en el que Herodes perdió el favor de Augusto se haya llevado a cabo un censo en su territorio. Más bien ocurre lo contrario: aunque la crisis entre Herodes y el César, así como sus consecuencias, fueron documentadas por Josefo —quien es, de hecho, la fuente a través de la cual tanto nosotros como Huebner conocemos este episodio—, en ningún momento se menciona que dicha crisis haya derivado en un intento de anexar a los territorios judíos como provincia romana ni, mucho menos, en la realización de un censo romano con ese fin. Dado el peso y la excepcionalidad de un acontecimiento de esa naturaleza –como ya he expuesto a lo largo de este artículo— resulta sumamente improbable que Josefo hubiese pasado por alto algo así. Más aún, la crisis política en cuestión fue relativamente breve, con una duración aproximada de un año. Esto hace dudoso que dentro de ese lapso se haya contado con el tiempo necesario para concebir, acordar, planificar y ejecutar un censo romano en el territorio de Herodes.
Por otra parte, como evidencia a favor de su propuesta, Huebner apela a un pasaje de Tertuliano de Cartago, un Padre de la Iglesia del siglo III, quien menciona de manera incidental en su obra Adversus Marcionem (IV, 19) que durante la gobernación de Saturnino tuvo lugar un censo en Judea, el cual sería, según esta lectura, el censo al que alude Lucas. Sin embargo, esta evidencia es débil. Tertuliano escribe más de dos siglos después del supuesto acontecimiento y no da ninguna indicación de estar recurriendo a una fuente histórica independiente. Es mucho más probable que Tertuliano, al igual que Huebner, esté intentando ofrecer una solución a las dificultades cronológicas del relato lucano. En efecto, Tertuliano probablemente era consciente de que era imposible que Jesús haya nacido durante el Censo de Quirino en el año 6 d.C., y por ello especuló con la posibilidad de un censo anterior ocurrido bajo la gobernación de Saturnino. Leídas de este modo, las palabras de Tertuliano no constituyen evidencia de la existencia de un censo previo, sino que más bien dan testimonio de algunos de los primeros esfuerzos por parte de la Iglesia primitiva para resolver las tensiones históricas y cronológicas presentes en los evangelios.
Más aún, sugerir que Jesús nació en el año 8 a.C. trae consigo sus propias tensiones cronológicas. Para empezar, generalmente se cree que el ministerio público de Jesús empezó alrededor del año 28 d.C., fecha aproximada en la que fue arrestado Juan Bautista. En ese momento, nos dice Lucas, Jesús habría tenido aproximadamente 30 años de edad (3:23). No obstante, si él hubiese nacido en la fecha que propone Huebner, el habría tenido 36 años, cosa que no encajaría bien con esa afirmación. Por otro lado, el Evangelio de Mateo sugiere que el nacimiento de Jesús ocurrió poco antes de la muerte de Herodes, la cual sucedió en el año 4 a.C. En consecuencia, la solución propuesta por esta autora exacerbaría aún más las discrepancias entre los relatos del nacimiento ofrecidos por Mateo y Lucas.
El balance de probabilidades
Habiendo analizado una a una todas las hipótesis de Huebner, nos percatamos que todas enfrentan serias objeciones. No obstante, el problema se agrava cuando se consideran en conjunto. En efecto, es necesario aquí enfatizar que los argumentos de esta autora no son “cumulativos”, es decir, argumentos independientes que se apoyan el uno al otro para darle más peso a la conclusión. Más bien, los argumentos aquí presentados constituyen una cadena de argumentos en la cual si tan solo uno de ellos falla, la conclusión falla también.
En efecto, para defender la historicidad del censo descrito por Lucas a partir de la tesis de Huebner, es necesario que ninguna de sus hipótesis resulte errónea. Por ejemplo, ¿qué ocurriría si Huebner estuviese en lo correcto al afirmar que los censos romanos podían exigir el desplazamiento de las personas a los lugares donde poseían propiedades, pero resultara que José no tenía ninguna posesión en Belén? ¿Qué pasaría si la autora acertase al sostener que Roma, en ocasiones, llevaba a cabo censos en territorios gobernados por reyes vasallos, pero ese no hubiese sido el caso específico del reino de Herodes? ¿O si un proceso censal efectivamente tuvo lugar, pero no fue organizado por Publio Sulpicio Quirinio, como exige el relato lucano? Como se desprende de estos ejemplos, no basta con que Huebner tenga razón en una o incluso en varias de sus hipótesis aisladas. Para que su propuesta resulte viable como defensa de la historicidad del relato de Lucas, es necesario que todas ellas sean correctas simultáneamente, sin excepción.
El problema es que, como vimos, todas las tesis propuestas por la profesora Huebner son cuestionables. Para repasar, reproduzco aquí todas las hipótesis propuestas por esta autora junto con su grado de probabilidad:
| Hipótesis | Probabilidad |
| Los censos romanos obligaban a sus participantes a desplazarse a todos los lugares donde tuvieran propiedades. | Plausible |
| José tenía propiedades en Belén. | Posible |
| Los censos romanos ocasionalmente ocurrían en el territorio de reyes clientes. | Improbable |
| Un censo romano ocurrió específicamente en el reino de Herodes el Grande. | Muy improbable |
| Publio Sulpicio Quirino fue específicamente quién condujo este censo. | Muy improbable |
| Este censo ocurrió específicamente en el año 8 a.C., en el lapso de un año cuando Herodes perdió el favor de Augusto. | Muy improbable |
El problema al que se enfrenta Huebner puede ilustrarse matemáticamente. Si a cada uno de estos eventos se le asigna una probabilidad, la probabilidad de que todos ellos sean correctos al mismo tiempo se consigue multiplicando todas entre sí. De este modo si asumimos —solo con fines ilustrativos— que cada una de estas tesis tiene un 50% de probabilidades de ser correcta, la probabilidad de que todas sean correctas es de tan solo 1,56%. Incluso si se deja de lado la última tesis de Huebner, aquella que sitúa el censo específicamente en el año 8 a. C. —la cual, para ser justos, no es indispensable para defender la historicidad del relato de Lucas dentro de su marco teórico—, la probabilidad de que sus cinco primeras hipótesis sean simultáneamente correctas asciende solo a 3,1 %.
No quiero que esta reflexión se tome de manera literal, puesto que no creo que sea posible reducir las ciencias históricas a fórmulas matemáticas. No obstante, este ejercicio numérico ayuda a ilustrar los problemas del argumento de Huebner y, más en general, una debilidad frecuente en muchas soluciones de corte apologético empleadas para defender la historicidad absoluta del texto bíblico: La labor propia de las ciencias históricas consiste en evaluar el conjunto de la evidencia disponible con el fin de determinar qué es lo más probable que haya ocurrido en el pasado. El apologeta, en cambio, parte de una conclusión previamente adoptada y, a partir de ella, busca argumentos que la hagan plausible o, al menos, no imposible en un sentido estricto.
Por esta razón, el argumento de la profesora Huebner —por más erudito y cuidadosamente elaborado que sea— constituye, en última instancia, un ejercicio apologético que no ha logrado modificar el consenso académico respecto de la historicidad del censo descrito por Lucas. ¿Es absolutamente imposible que haya ocurrido un censo en el reino de Herodes? No. ¿Es absolutamente imposible que haya sido dirigido por Quirinio? Tampoco. ¿Es absolutamente imposible que José se haya visto obligado a desplazarse por tener propiedades en Belén? No lo es. Pero la mera posibilidad lógica de cada uno de estos supuestos no basta para establecer la probabilidad histórica del relato. Y en ese sentido, a menos que nueva evidencia aparezca –algo que nunca puede descartarse en las ciencias históricas— el veredicto continúa siendo el mismo: el relato del nacimiento de Jesús presentado por Lucas, por icónico que sea, probablemente no sucedió en realidad.
Bibliografía
- Brown, Raymond E. The Birth of the Messiah: A Commentary on the Infancy Narratives in Matthew and Luke. New York: Doubleday, 1993.
- Fitzmyer, Joseph A. The Gospel According to Luke I–IX. New York: Doubleday, 1981.
- Huebner, Sabine R. Papyri and the Social World of the New Testament. Cambridge: Cambridge University Press, 2019.
- Millar, Fergus. The Roman Near East, 31 BC–AD 337. Cambridge, MA: Harvard University Press, 1993.
- Ramsay, William M. Was Christ Born at Bethlehem? A Study on the Credibility of St. Luke. London: Hodder & Stoughton, 1898.
- Sanders, E. P. The Historical Figure of Jesus. London: Penguin, 1993.
- Schürer, Emil. The History of the Jewish People in the Age of Jesus Christ (175 B.C.–A.D. 135). Revised and edited by Geza Vermes, Fergus Millar, and Matthew Black. Edinburgh: T&T Clark, 1973–1987.
- Smallwood, E. Mary. The Jews under Roman Rule: From Pompey to Diocletian. Leiden: Brill, 1976.
- Winters, Carl. Tacitus: Annals VI. Commentary edition, 1965.
- Woodman, A. J. The Annals of Tacitus: Book 6. Cambridge: Cambridge University Press, 2016.

Súper interesante!!
H
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Excelente análisis. Qué bueno ver que aún sigue por acá. Pensé que había abandonado la escritura de este blog.
Si me pemite hacerle una sugerencia, podría a lo mejor hacer una entrada sobre el evangelio Egerton. Lo que he visto al respecto es que podría ser una fuente independiente de la tradición sinóptica, pero más apegada a la joánica. Creo que estaría interesante. Nuevamente, un gusto verlo.
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