¿Existió Jesús?

En una entrada anterior discutí la metodología empleada comúnmente por los investigadores modernos para reconstruir al Jesús Histórico. En esta entrada voy a aplicar dicha metodología para contestar la pregunta más fundamental, ¿cómo podemos saber que existió un Jesús Histórico en primer lugar al que podamos reconstruir? Esta pregunta hoy en día se ha vuelto más relevante ya que es cada vez más común encontrarse con la opinión de que Jesús nunca existió.

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Mitra, deidad cuyo culto tuvo ciertos paralelos con el cristianismo primitivo

Antes de empezar creo necesario aclarar que este no es un blog cristiano, ni mucho menos un blog apologético, sino un blog dedicado a divulgar material e ideas de carácter académico desde una perspectiva estrictamente aconfesional. De hecho, la mayoría de críticas que he recibido hasta la fecha han provenido de cristianos conservadores que han encontrado ofensa en cosas tales como mi explicación del problema sinóptico, o de la autoría de los evangelios canónicos. Hago esta acotación inicial porque, como voy a explicar, la opinión académica en la materia es prácticamente unánime en afirmar que Jesús de Nazaret efectivamente si existió, y no quiero que esa conclusión sea confundida con una apología del cristianismo. Eso no significa, por supuesto, que el Jesús Histórico necesariamente sea idéntico al Jesús de la teología tradicional, pero lo que si significa es que la mayoría prácticamente unánime de investigadores modernos (sean cristianos, musulmanes, judíos, agnósticos, o de cualquier otra confesión), opinan que la evidencia histórica apunta inexorablemente a que en la Galilea del Siglo I predicó un hombre llamado Jesús.

El Miticismo: Verdades, Falsedades y Exageraciones

Si bien la creciente popularidad del “miticismo” (la teoría de que Jesús no existió, que es un “mito”) se debe en gran parte al puro sensacionalismo, es conveniente ser generosos y tomarnos en serio sus argumentos. En efecto, como explicaré, si bien casi ningún investigador serio duda de la existencia de Jesús, los argumentos miticistas a menudo contienen un granito de verdad que los rinde verosímiles para quienes tienen un conocimiento superficial de la materia. Lo que pasa es que ese grano de verdad luego es frecuentemente mezclado con grandes dosis de exageración e información falsa.

No pretendo aquí ofrecer un análisis exhaustivo de todas las teorías miticistas que circulan por ahí (¡hay simplemente demasiadas!). Más bien, lo que pretendo aquí es exponer un resumen de las líneas argumentales más comunes usadas por los miticistas, señalar cual es el grano de verdad en ellas y las exageraciones y falsedades que frecuentemente se mezclan con él.

1. Jesús presenta demasiados paralelos con otras deidades para ser real

Cuenta la leyenda que Rómulo nació de la unión entre el dios Marte y la mortal Rhea Silvia, una mujer que debía mantener su virginidad bajo pena de muerte. Temiendo por su vida, la madre abandonó al niño y su hermano gemelo Remo en un bosque. Sin embargo, los dioses intervinieron y protegieron a los niños enviando una loba que los cuidó hasta que fueron hallados por pastores. Rómulo creció y se convirtió en el legendario fundador de Roma y su primer rey. Al final de su vida un poderoso viento se lo llevó en cuerpo y alma al Cielo, donde se convirtió en el dios Quirino. Tenemos ante nosotros la historia de un hombre nacido de la unión entre un dios y una virgen, que fue sobrenaturalmente protegido de niño, que tuvo una humilde infancia, que fue aclamado rey de adulto, y que luego ascendió al Cielo para convertirse en una deidad. ¿Suena familiar? Dionisio, por otro lado, nació de la unión entre Zeus y la mortal Sémele, pero fue asesinado por la celosa Hera. Zeus, sin embargo, salvó corazón de la criatura y lo empleó para resucitarlo, convirtiendo así a Dionisio en un dios que murió y regresó a la vida. Similar fue el destino de Osiris, deidad egipcia que fue descuartizada por su hermano Set, pero su hermana Isis reunió sus pedazos y le insufló nueva vida. Los devotos de estas deidades decían poder participar ritualmente en su muerte y resurrección, la cual les traía consigo algún tipo de salvación espiritual. Una vez más, ¿suena familiar?

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La ascensión de Rómulo

Los ejemplos podrían multiplicarse, pero el punto debe ya haber quedado claro. La historia de un hombre nacido de una virgen impregnada por un dios, que realizó prodigios durante su vida, murió, resucitó y luego ascendió a los Cielos no hubiese sonado extraña a los oídos greco-romanos ya que dicha narrativa encuentra varios paralelos con las historias de otras divinidades. Ahora bien, los miticistas van un paso más allá e insisten que estos paralelos son evidencia de que Jesús, al igual que Rómulo, Dionisio, y Osiris, tampoco existió, sino que simplemente es una amalgama de este tipo de mitos mediterráneos.

Esta conclusión, sin embargo, es demasiado extrema. Los paralelos entre Jesús y otros dioses existen, pero no son tan radicales como a menudo los miticistas dicen. En efecto, frecuentemente los miticistas exageran estos paralelos invocando información falsa. No es infrecuente encontrar declaraciones fantásticas como que dioses como Horus, Dionisio, o Osiris nacieron el 25 de diciembre, fueron adorados por tres Sabios, tuvieron doce discípulos, o fueron crucificados, todas afirmaciones que son demostrablemente falsas. Mi consejo es que si uno se encuentra con tales afirmaciones siempre uno compruebe su fuente, ya que invariablemente carece de ella.

Pero más allá de que tanto se exageren o inventen estos paralelos, el verdadero problema con el argumento miticista es que su conclusión es simplemente demasiado apresurada. En efecto, la existencia de paralelos entre Jesús y otras deidades es, de por sí, insuficiente para afirmar que Jesús no existió. Mas bien, estos paralelos simplemente nos deben poner en guardia de la posibilidad que la historia de Jesús pudo haber sido influenciada en su transmisión por el medio greco-romano, motivo por el cual el Nuevo Testamento debe ser usado de modo crítico y analítico si se pretende usarlo como fuente histórica.

2. El Nuevo Testamento es inútil como fuente histórica

El  Nuevo Testamento es prácticamente el único registro que tenemos de la existencia de Jesús. Ahora bien, los miticistas insisten que este compendio de escritos es inútil como fuente histórica por los siguientes motivos.

Sobre su Autoría

El grano de verdad que existe en el argumento miticista es el siguiente. Los autores del Nuevo Testamento no son (ni pretenden ser) imparciales, ya que sus escritos son claramente expresiones de fe. Además, a pesar de que la tradición eclesiástica sostuvo que el Nuevo Testamento fue escrito por los primeros apóstoles, los investigadores modernos sostienen de forma virtualmente unánime que, con la excepción de las cartas auténticas de Pablo, este fue obra de cristianos posteriores. En particular, los analistas modernos afirman que los cuatro evangelios canónicos no son la obra de Marcos, Mateo, Lucas y Juan, sino que fueron escritos por cristianos anónimos entre los años 70 d.C. y 105 d.C. basándose en tradiciones orales y escritas que circularon durante décadas (si al lector le interesa saber el porqué de esta conclusión, le he dedicado una serie completa). En otras palabras, los autores del Nuevo Testamento carecen de objetividad e inmediatez respecto de los eventos que narran.

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El Emperador Constantino

Ahora bien, a pesar de que todo lo dicho en el párrafo anterior sea aceptado más o menos por todos los académicos modernos, los miticistas a una vez más exageran o distorsionan la realidad. En concreto, respecto a la autoría del Nuevo Testamento, los miticistas a menudo repiten cosas demostrablemente falsas como, por ejemplo, que el Nuevo Testamento fue escrito por órdenes de Constantino, que la iglesia primitiva deliberadamente suprimió decenas de otros, o que los evangelios canónicos fueron escritos en el Concilio de Nicea (recomiendo al lector que lea la entrada respecto al Concilio de Nicea donde hablo de los mitos más comunes sobre ese evento), todas afirmaciones que una vez más son demostrablemente falsas.

En efecto, la opinión académica en realidad sostiene que si bien es verdad que los escritos del Nuevo Testamento no son fuentes históricas perfectas, son comparativamente hablando bastante buenas. En efecto, los problemas de objetividad e inmediatez son problemas recurrentes con prácticamente todas las fuentes de la antigüedad y muchas de las cosas que sabemos de personajes como Julio César o Alejandro Magno también provienen autores parcializados que escribieron décadas o siglos después de sus muertes. Para ser una fuente de la antigüedad, el Nuevo Testamento goza de dos grandes virtudes:

  • Fue escrito dentro de los primeros 100 años desde la muerte de Jesús, por lo cual es razonable creer que su contenido histórico no ha sido tan severamente distorsionado, y;
  • Fue escrito por varios autores independientemente, por lo que podemos contrastar sus relatos.

¿Significa eso que los investigadores creen que uno puede aceptar todo lo que está en el Nuevo Testamento como histórico de modo irreflexivo? Ciertamente no. Pero si significa que a pesar de los mencionados problemas de objetividad e inmediatez el Nuevo Testamento es una buena fuente para aprender del Jesús Histórico del mismo modo que Plutarco, Tácito y Josefo son útiles para aprender personajes como Julio César y Alejandro Magno siempre y cuando todas estas fuentes sean usadas de modo crítico y analítico.

Sobre su Contenido

A menudo los miticistas enfatizan un hecho muy curioso. Las auténticas cartas de Pablo, los textos más antiguos del Nuevo Testamento (escritos alrededor del año 50 d.C.) describen a Jesús como un ser celestial y raramente hablan del Jesús de carne y hueso. En efecto, el corpus Paulino casi siempre habla de Jesús como un ser que habita en los Cielos, que se comunica a través de visiones, y que vendrá pronto a traer Juicio a este mundo. Es solo en escritos posteriores, como los evangelios, que Jesús es firmemente retratado como un ser histórico. Los miticistas creen que esto evidencia que Jesús no se originó como un predicador judío, sino como el mito de un ser divino que murió y resucitó en un plano alternativo de existencia (como Osiris o Dionisio) y que fue solo posteriormente que la tradición cristiana lo “historizó”.

Sin embargo, una vez más estamos ante una exageración que bordea con la falsedad. Es verdad que Pablo casi siempre predica al Jesús resucitado y ascendido, pero es incorrecto creer que no hace referencia a su existencia terrenal. En efecto, como explicaré más adelante, Pablo da una serie de datos biográficos de Jesús que indudablemente indican que él cree que fue un hombre de carne y hueso.

Sobre su Verosimilitud

Los miticistas apuntan que los evangelios, los únicos escritos realmente biográficos sobre Jesús, están atiborrados de elementos fantásticos. Los evangelios describen un mundo donde las virgenes dan a luz, los hombres caminan sobre el agua, los demonios son exorcizados, las enfermedades curadas con escupitajo y donde los muertos resucitan. Además, muchos de los relatos evangelísticos están claramente diseñados para evocar pasajes de la literatura judía. La escena de la crucifixión en Marcos, por ejemplo, claramente está diseñada para evocar el Salmo 22 mientras que la multiplicación de los panes evoca el mismo milagro realizado por Eliseo (Reyes II 4: 42-44). ¿No es esto evidencia de que los evangelios son relatos mitológicos?

Image result for OLYMPIAS AND ZEUSDejando al margen la discusión metafísica sobre si los milagros son posibles o no, lo cierto es que la presencia de elementos sobrenaturales en una narrativa no la convierte ipso facto en ahistórica. El nacimiento de Alejandro Magno, nos cuenta el historiador Plutarco, estuvo saturado de eventos sobrenaturales incluyendo el hecho de que su madre frecuentemente era visitada en su lecho por el dios Amón (Zeus) en forma de dragón o serpiente gigante (!), insinuando que él, y no Filipo de Macedonia, fue su verdadero padre. ¿Significa esto que Alejandro Magno nunca existió o que Plutarco sea una fuente histórica inútil? Lo cierto es que es bastante frecuente que las narraciones de la antigüedad, incluso aquellas que pretenden ser objetivas, invocan elementos fantásticos. Para la mente antigua la separación entre lo natural y lo sobrenatural simplemente no existía. Ellos vivían en un mundo donde lo que para nosotros es imposible puede ocurrir y sus relatos simplemente reflejan esto.

Consecuentemente, es injusto (y metodológicamente absurdo) desacreditar a los evangelios solo por tener elementos sobrenaturales. Una vez más, la conclusión a la que debemos llegar es una muchísimo más moderada. Debemos tener en cuenta que los evangelios fueron producidos en otro tiempo y bajo otra forma de ver el mundo, motivo por el cual a pesar de ser históricamente útiles (como el relato de Plutarco) deben de ser tratados de forma crítica y analítica si se pretende usarlos como fuentes históricas.

3. No hay referencias de Jesús por no-cristianos o hay demasiadas pocas

Durante los cien años después de la crucifixión, Jesús solo es mencionado cuatro veces por autores no-cristianos, concretamente por Flavio Josefo, Tácito, Suetonio y Plinio el Joven, y dichas menciones son muy escuetas de contenido. Además, por si fuera poco, la autenticidad e interpretación de estas menciones a menudo se cuestiona (no voy a explicar aquí cuales es su contenido y dificultades, ya que le dediqué una entrada exclusiva al tema). Si realmente hubo un Jesús Histórico que atrajo las multitudes, ¿no deberíamos esperar que este sea mencionado más a menudo? ¿No es esta sospechosa falta de fuentes evidencia de que no hubo un Jesús Histórico?

Una vez más, los miticistas toman algo que es verdad, pero abusan de ello. En efecto, los miticistas parecen asumir que tenemos una abundancia de materiales con los cuales reconstruir el mundo antiguo y que la ausencia de fuentes respecto a Jesús es una sospechosa anomalía. Esto no es así.

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La “Piedra de Pilatos”

En efecto, lo cierto es que por regla general el mundo antiguo nos ha dejado muy pocos materiales con que reconstruirlo. Pensemos en Poncio Pilato, el prefecto de Judea y consecuentemente el hombre más poderoso de la región en tiempos de Jesús. ¿Dónde nació? ¿Quiénes fueron sus padres? ¿Cómo murió? ¿Dónde está su tumba? ¿Tuvo hijos? ¿Cuántos? Simplemente no lo sabemos. El único rastro físico que la arqueología ha podido encontrar de su prefectura es una piedra con una inscripción latina con su nombre. Toda la información que tenemos de Pilatos, el hombre más poderoso de la región, cabe en una sola hoja de papel. Por otro lado tenemos a Jesús, un hombre de clase humilde que predicó en pueblos y aldeas de una zona remota y empobrecida. ¿Realmente es tan extraño que haya tan poca evidencia de su existencia?

Quizá la razón por la cual nos es difícil creer que haya tan poca evidencia de Jesús sea porque nos cuesta imaginar la poca presencia que tuvo durante su vida. Nos gusta imaginarnos un Jesús rodeado de miles y miles de seguidores que hizo temblar a las autoridades de su tiempo. Pero eso simplemente no pudo haber sido así. Jesús fue, en las palabras de John P. Meier, “un judío marginal”, una nota al pie de página de su era. Fue la ferviente fe de sus seguidores y su incansable esfuerzo lo que hizo que la fama de Jesús al final se haya ganado el Imperio Romano y perdurado hasta nuestros días.

Porque Jesús Si Existió: El Caso a Favor de un Jesús Histórico

Hasta el momento solo he analizado los argumentos más comunes ofrecidos por miticistas, señalando que, a pesar de tener un granito de verdad, son a menudo tremendamente exagerados y distorsionados. Sin embargo, lo cierto es que a pesar de que los argumentos miticistas no sean tan sólidos como parecen, al discutir la existencia de algo la carga de la prueba yace en quien la afirma y no quien la niega. Consecuentemente, es necesario ahora presentar un resumen de las razones positivas por las cuales creer que Jesús si existió realmente.

1. La Historia de Jesús es, en su base, históricamente verosímil

Si bien es verdad que los evangelios están saturados de eventos sobrenaturales que para algunos les resta credibilidad, lo cierto es que en su base nos cuenta una narrativa que a priori es extremadamente plausible históricamente. En efecto, en su forma más elemental los evangelios nos cuentan la historia de un hombre Galileo que fue proclamado como mesías y crucificado por las autoridades romanas en tiempos de Tiberio. Esta narración se ajusta perfectamente a otros datos que tenemos sobre la época. En efecto, lo que a menudo el público desconoce es que el cristianismo primitivo no fue el único movimiento mesiánico de su época, sino que los primeros cristianos aparecieron en un escenario histórico cargado de expectativas mesiánicas y apocalípticas.

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Simón Bar Kojba

En efecto, tenemos constancia histórica de la existencia de varios personajes más o menos contemporáneos a Jesús como Teudas, Judas de Galilea, “El Egipcio” y Juan el Bautista que instigaron movimientos mesiánicos y cuyos líderes fueron liquidados por las autoridades. Fue ese fervor mesiánico el responsable de la catastrófica revuelta judía en el año 66 d.C. y más adelante la rebelión promovida por Bar Kojba, otro pretendiente mesiánico, en el año 132 d.C. Igualmente tenemos constancia de varios escritos judíos de la época, como los Rollos del Mar Muerto, que testifican a las intensas expectativas mesiánicas de ese tiempo. Consecuentemente, dentro de ese contexto la historia de un predicador judío proclamado como mesías y crucificado como “Rey de los Judíos” por Roma es extremadamente verosímil.

Pero no solamente eso, sino que el contenido de los evangelios claramente sitúa su narrativa dentro de un mundo que es históricamente reconocible. El mundo de los evangelios, a diferencia de los mundos puramente mitológicos, está habitado por personajes cuya historicidad también es comprobable como Poncio Pilato, Herodes, Arquelao, Caifás y Anás y hace referencia a lugares claramente reconocibles como el Gran Templo en Jerusalén.

2. La historia de Jesús está repleta de elementos que los cristianos no inventarían

Jesús fue Crucificado

Si bien es verdad que en el antiguo mediterráneo existieron deidades que murieron y regresaron a la vida, lo cierto es que Jesús fue proclamado ante todo y primeramente como el mesías o cristo judío. Si bien los antiguos judíos (como los contemporáneos) nunca estuvieron completamente de acuerdo sobre quién exactamente sería el mesías, lo cierto es que absolutamente todos estaban de acuerdo en algo: el mesías sería una figura de gran poder, esplendor y majestad que aplastaría a sus enemigos y restauraría el dominio de Dios sobre Israel. Absolutamente ningún grupo judío anterior a los cristianos pensó que el mesías tenía que sufrir y morir. Jesús, el campesino desnudado, escupido, azotado y clavado en una cruz a las afueras de Jerusalén fue todo lo opuesto a lo que los judíos esperaban del mesías.

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A los cristianos quizá les pueda sorprender esto debido al énfasis que el Nuevo Testamento pone en que el mesías debía sufrir, morir y resucitar “según las Escrituras”. Sin embargo, hay una razón por la cual ese énfasis está ahí. Todas las escrituras que los cristianos citan como evidencia que el mesías tenía que sufrir y morir (por ejemplo, Isaías 53 o el Salmo 22) no son en su contexto profecías mesiánicas, sino que fueron reinterpretadas como tales por los primeros cristianos. Los propios evangelios nos indican que ni siquiera los discípulos esperaban que Jesús fuese a morir, y que fue solo después de su resurrección que “se les abrió el entendimiento” para ver que las escrituras indicaban que mesías debía de sufrir (ej.: Lucas 24: 36-49).

No solamente eso, sino que también en el contexto greco-romano la idea de adorar a un hombre crucificado resultaría repulsiva. La crucifixión era la forma más humillante de ejecutar a alguien en el contexto romano, un castigo reservado para la escoria más baja y los traidores más detestados. Tanto para judíos como gentiles, la idea de adorar a un crucificado roza con la blasfemia. El propio apóstol Pablo lo admite cuando indica que “los judíos piden señales milagrosas y los gentiles buscan sabiduría, mientras que nosotros predicamos a Cristo crucificado. Este mensaje es motivo de tropiezo para los judíos, y es locura para los gentiles” (1 Corintios 1:22-23).

En definitiva, es absolutamente descabellado pensar que los primeros cristianos se hubiesen inventado un mesías crucificado. La explicación histórica más probable es que los seguidores de Jesús creyeron que él era el mesías antes de su muerte y que después de su ejecución en vez de abandonar su fe en él tuvieron que revisar sus expectativas a la luz de lo ocurrido. Pero esa explicación solo es posible si es que de verdad hubo un Jesús de carne y hueso que fue colgado de una cruz.

Jesús fue traicionado por uno de sus discípulos más cercanos

En línea similar al punto anterior, los cuatro evangelios coinciden que uno de los miembros del círculo más íntimo de Jesús, Judas Iscariote, lo traicionó. Creer que Jesús es un mito significa creer que los primeros cristianos inventaron una historia donde existió un traidor entre los fundadores del movimiento. ¿Por qué harían eso?

Jesús fue un Galileo

Los cuatro evangelios coinciden que Jesús provenía de Galilea. Este hecho nos puede parecer trivial, pero es una evidencia más a favor de la historicidad de Jesús. El motivo es que la mayoría de los judíos esperaban que el mesías sea un descendiente de David proveniente de Judea, y en particular de Belén (lugar donde nació David). Los propios evangelios se esfuerzan de remediar esta dificultad insistiendo que Jesús realmente nació en Belén a pesar de provenir de Galilea, a pesar que los relatos de como ocurrió eso son discrepantes y problemáticos.

En efecto, si los primeros cristianos hubiesen inventado un mesías, no lo habrían hecho Galileo para luego insistir que el era realmente de Judea. Simplemente hubiesen inventado desde el principio que Jesús provino de esa región.

Jesús fue Bautizado por Juan Bautista

El cristianismo antiguo entendía al bautizo como un gesto ritual de arrepentimiento por los pecados en el cual el bautista era visto como espiritualmente superior al bautizado. Para los cristianos Jesús fue libre de pecado y no existía un ser espiritualmente superior a él, consecuentemente es inverosímil que los primeros cristianos hayan fabricado la historia del bautizo de Jesús. En efecto, si uno lee los evangelios cronológicamente (Marcos > Mateo > Lucas > Juan) se percibe un claro patrón progresivo donde se intenta cada vez con mayor intensidad dejar en claro que Jesús era superior al Bautista, hasta llegar al Evangelio de Juan donde ni siquiera se menciona que Jesús haya sido bautizado. Si la historia de Jesús fuese fabricada, ¿por qué incluir un episodio donde es bautizado por un predicador ajeno al movimiento?

3. Pablo conoció a Santiago, el hermano de Jesús y a Pedro su Discípulo

Si bien es verdad que Pablo por lo general habla de Jesús como un ser celestial, es simplemente erróneo creer que este no menciona detalles biográficos sobre Jesús. Concretamente, Pablo nos indica que Jesús:

  • Nació dentro de una familia judía (Galatenses 4:4)
  • Se decía era descendiente del Rey David (Romanos 1:3-4)
  • Tuvo hermanos (Corintios 1 9:5)
  • Uno de ellos se llamaba Santiago, a quien conoció personalmente (Galatenses 1:19)
  • Su ministerio fue entre los judíos (Romanos 15:8)
  • Tuvo doce discípulos (Corintios 1 15:5)
  • Uno de ellos se llamaba Cefas o Pedro, al cual él también conoció,
  • Era un predicador, y Pablo está familiarizado con algunas de sus enseñanzas (Corintios 1 7:10-11; 9:14; 11:22-24)
  • Tuvo una última cena donde predijo su inminente muerte (Corintios 1 11:22-24)
  • Fue crucificado (Corintios 1 2:2, entre muchos otros)
  • Por la orden de las autoridades (Corintios 1 2:8)
  • Por la instigación de los líderes de Jerusalén (1 Tesalonicenses 2:14-15)
  • Fue sepultado (Corintios 1 15:3-4)
  • Y Pablo, por supuesto, cree que resucitó (aunque no menciona una tumba vacía).

La presencia de estos detalles biográficos nos indica de forma clara no solo que Pablo, un cristiano de la primera generación, creía que Jesús fue un hombre de carne y hueso, sino que conoció personalmente a su hermano Santiago y a Pedro, su discípulo principal. A menos que Pablo esté mintiéndole de forma descarada a las comunidades a quien le dirigió estas cartas, tenemos un testimonio histórico casi inmediato de que existió un hombre real llamado Jesús, que tuvo un hermano y que tuvo como discípulo a alguien llamado Pedro.

4. Hay más fuentes sobre Jesús de lo que la gente cree

Todo mundo sabe que en el Nuevo Testamento constan cuatro evangelios atribuidos tradicionalmente a Marcos, Mateo, Lucas y Juan. Lo que la gente a menudo no sabe es que el análisis de esos evangelios revela que han sido redactados usando fuentes anteriores.

Por un lado, el análisis de los tres evangelios sinópticos (Marcos, Mateo y Lucas) revela que detrás de ellos en realidad hay cuatro fuentes, ya que Mateo y Lucas usaron a Marcos y junto a un segundo documento (usualmente referido como “Q”) y fuentes propias (denominadas “M” y “L” respectivamente). Por motivos de espacio no voy a explicar aquí las razones que llevan a esa conclusión (le he dedicado esta entrada completa al tema), pero basta aquí simplemente indicar que a pesar de haber tres evangelios hay cuatro fuentes: Marcos, “Q”, “L” y “M”.

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Un análisis del evangelio de Juan también nos arroja conclusiones similares. En efecto, el análisis de este evangelio revela la presencia de “costuras literarias”, lugares donde se evidencia que múltiples fuentes han sido “cosidas” para crear un texto nuevo. Esto a su vez indica que detrás del evangelio de Juan hay por lo menos cuatro fuentes anteriores: Un “Libro de Signos” que narraba siete milagros (“signos”) hechos por Jesús, dos o más fuentes de sus discursos, y una narrativa de su crucifixión (recomiendo al lector leer esta entrada para saber más del tema). Si le añadimos a eso las cuatro fuentes que subyacen detrás de los sinópticos tenemos entonces un total de ocho fuentes sobre Jesús “escondidas” detrás de los cuatro evangelios, todo esto sin contar el material escrito por Pablo, el demás material epistolario y las menciones de Jesús hechas por no-cristianos.

En definitiva, a pesar de que las fuentes del Jesús Histórico estén lejos de ser perfectas están ahí, y son más numerosas de lo que el público a menudo cree.

5. La historia de Jesús emergió demasiado rápidamente para ser mítica

Finalmente, otro dato revelador que evidencia que debió existir Jesús es lo abrupta que fue su entrada en la historia. En efecto, cuando un mito se forma normalmente este no aparece repentinamente, sino que evoluciona lentamente a través del tiempo. No así en el caso de Jesús. En efecto, antes de los años 50 d.C., momento en que Pablo escribió sus primeras cartas, simplemente no existía ninguna mención de un mesías crucificado. Sin embargo, para finales del primer siglo tenemos constancia de varios escritos que evidencian la existencia de varias pequeñas comunidades cristianas alrededor del mediterráneo profesando su fe en precisamente eso.

En otras palabras, Jesús aparece abruptamente en el registro histórico. Pasando de ninguna mención anterior al año 50 d.C. a numerosas menciones en el espacio de cinco décadas. Este patrón no es congruente con la teoría que Jesús fue un mito como Osiris o Dionisio, pero es exactamente el patrón que uno esperaría si su historia estuviese basada en un hombre que existió en la realidad.

 

BIBLIOGRAFÍA

  • Bellinzoni, Arthur J. The New Testament: An Introduction to Biblical Scholarship. Wipf And Stock Pub, 2016.
  • Carrier, Richard. On the Historicity of Jesus: Why We Might Have Reason for Doubt. Sheffield Phoenix Press, 2015.
  • Doherty, Earl. Jesus Puzzle: Did Christianity Begin with a Mythical Christ? Age of Reason Publications, 2015.
  • Ehrman, Bart D. Did Jesus Exist?: The Historical Argument for Jesus of Nazareth. HarperOne Publishers, 2013.
  • Ehrman, Bart D. The New Testament: A Historical Introduction to the Early Christian Writings. Oxford University Press, 2016.
  • Meier, John P. A Marginal Jew: Rethinking the Historical Jesus: The Roots of the Problem and the Person. Vol. I. Doubleday, 1991.
  • Piñero, Antonio. Aproximación Al Jesús Histórico. Trotta, 2018.
  • Sanders, E. P. The Historical Figure of Jesus. Penguin Books, 1996.
  • Wells, George Albert. Did Jesus Exist? Prometheus Books, 1992.

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Esta entrada es parte de una serie dedicada a reconstruir el Jesús Histórico. Las entradas que forman parte de esta serie a la fecha son:

 

¿Te interesó esta entrada? ¡Visita la biblioteca para ver otras de la misma u otra serie!

4 comentarios en “¿Existió Jesús?

  1. Interesante análisis…. Finalmente no debería entonces haber ninguna duda de Cristo histórico….. Y como dice la palabra Dios usa también a los no creyentes para su propósito….
    Saludos espero recibir sus noticias

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  2. Hay un detalle que no se consideró. Las discusiones entre cristianos y judíos en siglo II EC, no cuestionan la existencia del Jesús histórico. Se centran en demostrar que Jesús no fue mesías, que no cumplió X,Y,Z y en refutar la opinión cristiana. Pero nunca se utiliza como argumento la inexistencia de Jesús.

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  3. Excelente información. Mil gracias por ilustrar con argumentos coherentes el punto que expones. Yo soy creyente en Cristo y este blog me ha parecido simplemente extraordinario.

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