¿Quién es el Jesús “Histórico”?

¿Que función tiene el adjetivo “histórico” cuando nos referimos al Jesús Histórico? ¿Porque no simplemente decimos “Jesús” a secas o “el Jesús real”, o algo por el estilo? Lo cierto es que el adjetivo “histórico” tiene una significación técnica. Hablar del “Jesús Histórico” (o de cualquier figura como podría ser el “Julio César Histórico, o el “Alejandro Magno Histórico”) significa hablar de la aproximación mas probable que podemos tener de este personaje empleando la evidencia disponible y aplicando estrictamente los métodos histórico-críticos.

Me explico. El pasado, por su naturaleza, no puede ser percibido de modo directo. El pasado solo puede ser modelado, o reconstruido basándonos en la evidencia que tenemos en el presente. Esto es un hecho ineludible que es cierto al margen de si hablamos de un pasado reciente (digamos, lo que pasó hace una semana) o de un pasado remoto (digamos, lo que ocurrió hace 2000 años). En efecto, lo que ocurrió hace tan solo una semana es accesible para nosotros solo a través de la evidencia que uno tiene en el presente (recuerdos propios, testimonios, facturas, fotos, videos etc…) a través de la cual uno crea para sí mismo un modelo más probable de lo que ocurrió hace una semana. Así, por ejemplo, si recuerdas haber cenado con tus amigos el viernes pasado, tienes fotos con ellos, todos ellos dicen haber cenado contigo y tienes una factura de ese día lo más probable es que efectivamente hayas cenado con ellos el viernes: ese es el modelo más probable de tu viernes. Pero, como todo estudiante de filosofía se apresuraría a decir, que este sea el modelo más probable no significa que no puedan existir dudas respecto a si ese es “realmente” tu pasado. Podemos imaginarnos fantasías Cartesianas paranoicas, donde tus recuerdos de haber cenado con tus amigos hayan sido inducidos mediante una droga, a la vez que las fotos y la factura sean falsas. Ese es un pasado posible, pero muy muy improbable.

Ahora bien, este mismo principio aplica a los eventos que ocurrieron en el pasado remoto, si bien lo que cambia es el tipo, cantidad y calidad de evidencia que tenemos a nuestra disposición. Cuando hablamos de reconstruir o crear un modelo de lo que ocurrió en la Galilea del siglo I evidentemente no contamos con recuerdos, testimonios, facturas, fotos o videos. La evidencia que tenemos para reconstruir la vida de alguien de ese tiempo viene a nosotros a través de manuscritos, ruinas, artefactos antiguos y, si tenemos mucha mucha suerte, quizá de los restos humanos de esa persona. Usando esta evidencia, el historiador entonces busca crear un modelo más probable, una narrativa que explique toda esta evidencia del modo más razonable.

Evidentemente, debido a que la calidad y cantidad de evidencia disminuyen a medida que pasa el tiempo, puede que más de un modelo sea igualmente compatible con la evidencia disponible. De este modo distintos historiadores pueden presentar modelos distintos basándose en la misma evidencia, abriendo la puerta al debate académico.

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El adjetivo “histórico” en el “Jesús Histórico” entonces significa precisamente eso: el Jesús Histórico es la reconstrucción más probable de Jesús de Nazaret a la luz de la evidencia que tenemos a nuestra disposición.

Ahora bien, ¿como puede el historiador reconstruir el pasado empleando este tipo de evidencias? Esta pregunta nos lleva a hablar de la metodología histórico-crítica. Hablar de la metodología histórico-crítica en profundidad es algo que requerirá de muchas entradas (cosa que definitivamente haré a futuro), así que aquí simplemente trazaré un bosquejo. Cuando el acceso que tenemos a la vida de un personaje proviene exclusivamente de fuentes escritas (como es el caso de Jesús de Nazareth), entonces el historiador necesita emplear ciertos criterios para ir “detrás del texto” hacia la realidad histórica misma y así distinguir entre relatos probablemente verídicos y aquellos que probablemente sean elaboraciones posteriores.

Para este fin, se emplean ciertas reglas bastante lógicas (las cuales discutiré a profundidad en futuras entradas). Por ejemplo, si una misma historia aparece en más de un texto independiente es más probable que sea verídica. Igualmente, si una historia parece contradecir lo que sabemos de la época, entonces quizá haya motivos para dudar que sea correcta (etc). De este modo, el historiador que desee aproximarse a la realidad histórica de Jesús de Nazareth debe hacerlo analizando cuidadosamente la evidencia documental que tenemos sobre su vida y obra, poniéndola en contexto histórico y haciendo su mejor esfuerzo para filtrar el contenido de sus fuentes usando estas reglas lógicas.

Ahora bien, a pesar de ser un trabajo monumental y altamente complejo, lo cierto es que hoy en día existe bastante consenso respecto a quien es el Jesús Histórico. En otras palabras, a pesar de todos los obstáculos que existen, hoy en día la mayoría de historiadores bíblicos están de acuerdo en cual es el “modelo más probable” de la vida de Jesús de Nazaret. Una presentación de ese modelo será objeto de mi siguiente entrada.

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